Opinión, Sociedad / 8 de marzo de 2018

“No hay que equiparar la violencia con la conquista erótica”

En el Día Internacional de la Mujer, la psicoanalista analiza el clima de la lucha femenina y habla de los riesgos de no diferenciar el acoso de la seducción. Las diferencias entre patriarcado y machismo.

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La violencia contra las mujeres está, lamentablemente, a la hora del día. Y si bien ella no es nueva, cabe ubicarla bajo ciertos ángulos de nuestra contemporaneidad. La dominación sobre ellas ha sido una constante en el marco del sistema patriarcal, pero la particularidad de la violencia actual estaría dada por el ocaso de ese régimen y es ese ocaso el que da forma a la brutalidad con la que emerge.

Conviene también diferenciar patriarcado de machismo, términos que se confunden en los estudios dedicados a esta problemática. El machismo, presente en la violencia contra el sexo femenino, es signo de la decadencia del valor de la palabra. Se apela a la fuerza cuando no hay autoridad. El hombre violento es el hombre impotente, la verdadera autoridad excluye cualquier tipo de agresividad.

El régimen patriarcal ha estado signado por la no participación de las mujeres en el espacio público, y hoy lo más notable de la violencia del varón contra el sexo femenino es que corre paralela con el cambio de posición de las mujeres en el escenario social.

Considerarlas como seres en pie de igualdad con el hombre, tanto en lo civil, como en lo intelectual, y en diversas esferas, es algo verdaderamente inédito y reciente. Hasta el siglo XX las diferencias anatómicas, psicológicas, etc., entre hombres y mujeres, servían para justificar la no paridad en sus derechos cívicos, políticos, laborales, etc. Las ideas aristotélicas acerca de las féminas con voluntad subordinada a la del hombre perduraron a lo largo de la civilización occidental.

Si las diferencias atribuidas a hombres y a mujeres eran la justificación para excluir a las mujeres de la vida pública, hoy, donde existe igualdad de derechos en pos de esa equivalencia, se niegan las diferencias sexuales. Actualmente un número cada vez más numeroso de mujeres confiesan que fueron abusadas. El problema es que se agrupan bajo ese mismo sesgo: violaciones reales, chistes machistas, insinuaciones, gestos sarcásticos, acoso en la calle, seducción incisiva, condenándose hasta el acercamiento conquistador del hombre para abordar a una mujer. Se evoca que la sexualidad necesita de un consenso previamente asegurado entre la pareja, que hace que se pierda el juego de búsqueda y de riesgo presente en lo erótico. Y se corre así el riesgo de no contemplar las diferencias entre la seducción y el acoso. Cuando un grupo de mujeres francesas, distinguieron lo que es una violación y un abuso sexual de alguna insinuación masculina, defendiendo el “derecho a importunar” que tiene el hombre sobre la mujer, los ataques contra estas ideas no se hicieron esperar. Pero si no se traza esa diferencia se tenderá a no dar peso a quienes son víctimas de verdad: mujeres violadas, mujeres asesinadas sin escapatoria, perseguidas sin ninguna posibilidad de sustraerse, objeto de tratas y de maltratos, niños sometidos a la pedofilia o al trabajo infantil, sujetos excluidos del sistema…. Dimensionemos lo que en verdad es violencia y no la equiparemos con la conquista erótica.

*Psicoanalista y escritora. Autora del libro “Amor, locura y violencia en el siglo XXI”.

 

Comentarios de ““No hay que equiparar la violencia con la conquista erótica””

  1. SEAMOS CAUTOS MUJERES Y HOMBRE..ESTO ES UN TEMA MUY DE TRATARLO… NO ES TODO COMO LO PINTA LA MUJER.TAMBIEN EXISTE UN CANAL, DE SE DEBE ESCUCHAR LA OTRA PARTE ( HOMBRE)QUE HACER CON EL LESBIANISMO, TRANS, Y OTROS!!!!!

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