Mundo / 1 de octubre de 2017

El duelo en Cataluña: policías vs. imágenes de la represión

La represión aparece a los ojos de la mayoría de los catalanes y de buena parte del mundo, como una fuerza de ocupación enviada por un régimen autoritario para frustrar un pronunciamiento en las urnas.

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Decenas de heridos durante las cargas policiales.
Decenas de heridos durante las cargas policiales.

Cataluña está en un limbo. Como si flotara en un agujero negro. Su futuro y el de España constituyen un enigma. La pulseada entre el liderazgo independentista catalán y las fuerzas que defienden la unidad de España, forzosamente conducidas por Mariano Rajoy, no tendrá una definición clara en las próximas horas y días. El sismo político con epicentro en Barcelona, tendrá réplicas que ahondarán grietas y producirán derrumbes. El futuro es, sencillamente, impredecible, porque falta ver qué sobrevive y qué se desmorona por las sacudidas de esas réplicas.

En condiciones normales, una votación como la del domingo, efectuada sin el marco institucional más elemental para que su resultado pueda ser considerado una expresión legítima de voluntad popular, sería considerada un fracaso total de las autoridades que la impulsaron y concretaron.

La ofensiva de Madrid en la antesala de las urnas desmanteló el marco institucional imprescindible. En este punto, la cuestión ya no era la inconstitucionalidad de la consulta, sino la falta total de los instrumentos imprescindibles para que la votación y el escrutinio arrojen un resultado creíble.

Teniendo en cuenta las imposibilidades creadas por Madrid para que se dé una votación y un escrutinio mínimamente verificable en su resultado, se podría hablar de un triunfo de Rajoy. El problema para el jefe del gobierno español y también para la unidad de España, es que a esa altura los independentistas que gobiernan la Generalitat ya no apostaban tanto a tener la cantidad de votos y la confiabilidad del escrutinio que les permitiera proclamar la independencia y la república, como a las imágenes de la Guardia Civil forcejeando y reprimiendo a gente que intentaba votar.

Esa fuerza reprimiendo con el objetivo de que no se vote, aparecería a los ojos de la mayoría de los catalanes y de buena parte del mundo, como una fuerza de ocupación enviada por un régimen autoritario para frustrar un pronunciamiento en las urnas.

La pulseada ya no estaba planteada en el interior de las urnas sino en las puertas de los centros de votación. España quedaba representada por uniformados que reprimen, mientras que el independentismo catalán quedaba representado por civiles inermes que intentaban sufragar.

A partir de estas horas, el arma de los independentistas encabezados por el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su vicepresidente Oriol Junqueras, ya no está tanto en las urnas y el escrutinio como en esas imágenes perturbadoras que recorren el mundo. Esperan que las imágenes vuelquen a favor de la causa independentista esa porción posiblemente mayoritaria de catalanes que prefieren seguir siendo España.

La estrategia del liderazgo independentista apuntó a encerrar a Rajoy en una disyuntiva. Si permitía una votación que viola la Constitución de 1978, no sólo permite el rompimiento de la legalidad, sino que los independentistas muestren un resultado favorable a la separación, dado que la Ley de Referéndum no establece un piso de votantes y que quienes fueran a votar serían solo los partidarios de la independencia, ya que quienes están en contra no participarían de una consulta que consideran ilegítima. Y si no permitía la votación, tenía que hacer lo que hizo: enviar la Guardia Civil para que realizara detenciones de funcionarios, secuestros de papeletas y de urnas, y sacar a empujones a los ciudadanos que intentaran entrar a los centros de votación.

En síntesis, la jugada de Puigdemont y Junqueras era convertir la decisión que tomara Rajoy en un boomerang.

El “triunfo” de Rajoy ayer fue la realización de un referéndum sin censo, sin controles, sin actas ni nada que pueda certificar el resultado. El “triunfo” de Puigdemont y su gobierno independentista fueron las imágenes de la Policía Nacional y la Guardia Civil forcejeando y reprimiendo para que la gente no pudiera votar.

Ahora empieza la pulseada entre los dos “triunfos”. De momento, la única derrotada es la idea de democracia.