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Showbiz / 29 de junio de 2019

Cirque du Soleil y un nuevo show de alto vuelo

Cien artistas de veinticinco países integran la troupe de “OVO”, el espectáculo circense con aires de samba que subió a Tecnópolis.

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La comitiva llevaba días en Argentina. Llegaron antes de la fecha de estreno porque el montaje de la arena -que en sus inicios supo ser una carpa- exigía tiempo y entrenamientos previos al show. Sus carteles empepelaron la vía pública varias semanas antes: el circo había llegado a la ciudad.

Cirque Du Soleil se originó en 1984 de la mano de un grupo de 20 artistas callejeros en Montreal, Canadá. Hoy en día es una de las compañías del espectáculo más aclamadas a nivel mundial y emplean a más de 4.000 personas -que incluyen a 1.300 artistas- de más de 50 países distintos. En la actualidad, la empresa canadiense tiene 19 espectáculos en total -incluyendo los fijos, en carpas y en arenas- que viajan por más de 40 países alrededor del mundo. Esta es la octava vez que vienen a Argentina: traen una ves más, un espectáculo colorido y lleno de alegría.

“Ovo” nació por la celebración de los 25 años de Cirque Du Soleil -allá por el 2009- y hace ya diez años que está girando por el mundo. Creado y dirigido por la brasileña Deborah Colker, es el más brasileño de los espectáculos: a través del samba, el forró y la bossa nova, se cuenta la historia de una comunidad de insectos que -actos y acrobacias mediante- juegan, se divierten y buscan el amor. Es una historia completamente diferente a las otras de la empresa, pero que sin embargo mantiene la esencia del circo.

“Cirque creó una nueva manera de hacer este tipo de espectáculos sin animales. Es una mezcla de baile, actos de circo, actuación y tiene vestuarios increíbles. Hay una razón por la que la gente viene a ver Cirque Du Soleil. Sabemos cómo combinar el trabajo del equipo técnico y artístico, y somos muy fuertes en los dos. Junto con el nivel acrobático que ofrecemos es la razón por la que la gente viene a ver nuestros shows”, explica Nicolas Chabot, el publicista de este espectáculo.

Detrás de escena. La magia que ocurre sobre el escenario requiere tiempo de preparación. Los artistas suelen llegar temprano para sus clases de fisioterapia y sus entrenamientos. “Siempre llegamos temprano. Pero el primer día solemos venir como siete horas antes de la función para empezar los entrenamientos y adaptarnos a la arena nueva para no quedarnos perdidos. Yo entreno como una o dos horas y hago clases de pilates. Una hora antes del show descansamos, nos maquillamos y nos preparamos para salir a actuar”, cuenta Aruna Bataa (31), la contorsionista que desde hace cinco años encarna a la araña blanca en el escenario.

Aruna es tercera generación circense -su abuelo y su padre también eran parte de un circo- y desde que era chica sabía que quería que este fuera su destino. A los 7 años, luego de mudarse de Mongolia a Brasil, comenzó a entrenar junto a su padre y dos años después empezó a trabajar en un circo. Si bien creía que no era buena -estudió abogacía-, sus amigos la incitaron a mandar un video de audición a Cirque Du Soleil.

“Yo había visto ‘Saltimbanco’ en 2006 cuando fueron a Brasil y me encantó. Nunca creí poder trabajar acá porque no creía que era buena, pero mandé mi audición y a los ocho meses me llamaron. Hice ‘Quidam’ y también ‘Saltimbanco’ antes de formar parte del equipo de ‘Ovo’”, rememora.

Las historias parecen repetirse entre los artistas. Tras ver un espectáculo de Cirque se quedaron fascinados y decidieron hacer lo posible para entrar. Kilian Mongey (24) fue a ver “Alegría” cuando tenía 12 años y desde ese entonces soñaba con ingresar al circo. Hace tres años que integra el staff de artistas y, además de “Ovo”, fue parte de “Séptimo día” en donde encarnó al propio Gustavo Cerati en “De música Ligera”. Fue algo que -según explica- le hizo entender más a Argentina al punto de ser este un país que ama.

“Viví mucho tiempo acá. Estuve en la creación del espectáculo de Soda Stereo. La cultura argentina me encanta, ahora siempre tomo mate antes del show”, confiesa. En “Ovo” interpreta un papel totalmente diferente: es un grillo en uno de los mejores actos que ofrece el espectáculo, una combinación de cama elástica y tumbling que tiene a trece grillos saltando por el escenario.

Explica que antes y después de cada show deben hacer los estiramientos correspondientes, y que tiene que llegar temprano para ensayar, dice que la parte que más le divierte es hacer su maquillaje. “Tenemos un entrenamiento para aprender a hacerlo y cada uno hace el suyo propio. No tenemos artistas especiales para eso. Ahora ya conozco todas las técnicas y me encanta hacerlo”, dice Kilian.

Vestuario. El circo no es solo entrenamiento. Uno de los elementos más destacables de Cirque Du Soleil es la calidad de cada una de las prendas de ropa que usan los artistas. Para “Ovo” se crearon más de mil piezas en total -entre trajes, zapatos y sombreros- con los que viajan de ciudad a ciudad. “Todos el vestuario es hecho en las oficinas centrales de Montreal, pero tenemos que mantenerlo a diario”, explica Mar González Fernández, jefa de vestuario.

Cada artista tiene entre dos y cuatro trajes depende de hace cuánto está en el show y lo desgastante que su acto pueda ser para la ropa -el de los grillos, por ejemplo, por los movimientos requeridos suele romperse mucho-. Cada noche el equipo de vestuario se encarga de lavar y secar toda la ropa -el Cirque viaja con un conjunto de lavadoras que durante el día son usadas por el personal para sus prendas cotidianas-, para luego inspeccionar qué necesita ser arreglado.

De las cuatro integrantes del equipo, una se encarga de los zapatos -que se pintan mínimo una vez por semana, pero en la mayoría de los casos una vez cada dos días-, otra de los sombreros y una tercera de los trajes en sí. Mar es la que supervisa todos los detalles finales. “Una de las mejores cosas que tiene Cirque es que para ellos la calidad es muy importante. Siempre se espera que cada persona vea el show en su mejor versión, y desde la indumentaria nosotras nos encargamos de hacerlo”, explica Mar.

Vida de circo. Cada espectáculo de los 19 que ofrece Cirque tiene detrás suyo una comitiva que funciona como una gran familia. Los artistas, técnicos y personal vario suelen pasar juntos no solo su tiempo laboral, sino también personal. En total, la comitiva de “Ovo” está compuesta por 100 personas -entre artistas, técnicos y otros- de 25 países. Cada dos o tres semanas transportan los 25 containers -con los vestuarios, la escenografía y todo lo necesario para montar el show- y aproximadamente 180 valijas. “Somos una pequeña comunidad que integra diferentes países. Tenemos distintas historias y experiencias, un poco como la comunidad de insectos que retratamos”, comenta Nicolas Chabot, publicista de “Ovo”. Al ser el circo el lugar en donde la mayoría pasa gran parte de su tiempo, se torna el lugar para hacer amistades, conocer amores, crear su vida. Martín Alvez (40) empezó su carrera siendo gimnasta pero en 2001 decidió dedicarse completamente al circo. “Mi profesor de gimnasia también daba clases en circo y gracias a él tuve mis primeros contactos con este arte. En 2006 tuve la oportunidad de ver ‘Saltimbanco’ en vivo y cuando vi lo espectacular que era la compañía quiser ser parte. Era un sueño poder estar acá”, cuenta.

A su ahora esposa la conoció en un circo inglés en 2013. Realizaban la misma disciplina -straps- y fue la excusa perfecta para pasar tiempo juntos. Su amistad se transformó en amor y empezaron a audicionar en conjunto: hace un año el dúo interpreta en “Ovo” a una pareja de mariposas que vuelan por los aires en un acto romántico que logran transmitir perfectamente a la audiencia. Viajar en pareja hace que la vida de circo no se torne tan complicada, pero no todos tienen la misma suerte.

Cada dos o tres semanas el elenco de los circos de arena se preparan para viajar y partir hacia una nueva ciudad. “Es una lástima tener que irme todo el tiempo. Lo máximo que paré fueron seis meses y me gustó porque conocí cosas locales, personas. Hago amistades pero no son tan profundas, pero es así desde que soy chica. Me presentaba diciendo mi nombre y que me quedaría por un mes. Estoy acostumbrada a irme y dejarlos”, dice Aruna Bataa. Sin embargo, la contorsionista admite que le gusta ese estilo de vida ya que los viajes constantes la abrieron la mente respecto a otras culturas.

El propio Cirque es un lugar en donde conviven las diferentes nacionalidades que comparten cotidianamente fragmentos de sus países desde sus costumbres y experiencias. Pero a pesar de las diferencias idiomáticas y culturales, todos comparten que en cada espectáculo tienen que hacer un buen show. Así que cuando llega el momento, con el maquillaje listo y la ropa puesta, cada uno se posiciona para salir al escenario. Se apagan las luces. Los bullicios se detienen. Jóvenes y adultos miran atentamente al escenario. Una suave y alegre melodía empieza a sonar. El circo está por empezar.