Laura Cukierman, autora de La forma del derrumbe. (Gentileza FCE)

Libros: ¿Cómo te sentirías si descubrieras que tu hijo es un delincuente?

La novela “La forma del derrumbe” de Laura Cukierman se cuestiona la responsabilidad de los padres cuando los hijos toman las peores decisiones para sus vidas.

¿Qué clase de pensamientos pueden cruzar por la cabeza de un padre que acaba de enterarse de que su hijo es un ladrón? ¿Cuál puede ser el sentimiento que prevalezca después de un primer momento de incredulidad y negación?

Este es el arranque de la novela de Laura Cukierman, “La forma del derrumbe” (FCE) que acaba de llegar a las librerías. A Sofía, la madre y protagonista, le comunican que su único hijo, Federico, está detenido en una comisaría. Lo acusan de formar parte de una banda de delincuentes que llevan ya algún tiempo robando las casas de los vecinos y amigos de la familia.

Narrada en la primera persona de la madre, la novela recorre las primeras horas de la noticia (allanamientos, notas en los medios, charlas con agentes y abogados) con el ritmo de un soliloquio desesperado, que alterna la negación con la furia hasta el absurdo, al punto de convocar también el humor de los lectores.

Uno de los temas centrales detrás de la confusión materna es la confrontación de su proyecto personal con los errores concretos de su hijo. Y también la adjudicación de las culpas, cuando es imposible eludir la certeza de ser responsable de las malas decisiones de un chico.

Periodista y productora, Laura Cukierman ha escrito también la colección de cuentos “Las chicas malas no transpiran”. “La forma del derrumbe” es su primera novela.

En diálogo con NOTICIAS, así contestó nuestras preguntas.

 

 

Noticias: ¿De dónde provino la idea que es el disparador de la novela? ¿Hubo algún suceso o noticia que la haya inspirado?

Laura Cukierman: Cuando me entero de algún hecho delictivo me pasa siempre algo muy puntual: no solo pienso en la familia de la víctima sino también en la del victimario. Me pasó mucho con el caso de Fernando Baez Sosa, el chico molido a palos por el grupo de rugbiers en Villa Gesell. Ahí obviamente la primera empatía fue con los padres de Fernando pero por días me quedó dando vueltas en la cabeza qué le pasaría a los padres de los asesinos en ese momento. Qué habrán sentido al enterarse de que sus hijos mataron a otro chico. Esas familias a las que les cambia todo un día cualquiera, como dice la novela. Me pregunto cómo se llega a una situación así, si hubo indicios, cuál es la responsabilidad de esos padres, cuando se deja de ver quiénes son realmente tus hijos. Todas esas preguntas son las que me llevaron a contar la historia de Sofia, o mejor, la historia del derrumbe del sueño de Sofia en esas primeras 24 horas en las que se da cuenta de que nada en su vida volverá a ser como hasta entonces. El disparador de alguna manera fue imaginar qué pasa del otro lado. El mal tiende a colocarse del otro lado. Bueno, yo quería entender un poco qué pasaba en esa línea divisoria que solemos trazarnos para sentirnos más tranquilos.

Noticias: Sofía, la madre, es la protagonista principal. Su relato está más centrado en ella misma que en lo que la rodean. ¿Cómo describiría su sentimiento ante lo que sucede con su hijo?

Cukierman: Sofia va fluctuando a lo largo de esas 24 horas. Primero niega, cree que le pasó algo más ligado a un accidente, porque no le entra en la cabeza otra posibilidad. Si pasó algo, Federico tiene que ser víctima, jamás victimario. Después empieza a buscar culpables externos a ese ecosistema ideal que se construyó: el marido, su madre, los amigos, las redes sociales y en el medio piensa qué hizo ella misma a lo largo de todos los años para terminar así. Entre estos estados que van y vienen es que encontramos a Sofia. Lo que busca con desesperación finalmente es una respuesta concreta a la pregunta de cómo fue que esto pasó y yo fui incapaz de darme cuenta. Una respuesta cualquiera, te diría, porque lo peor que nos pueda pasar es no tener ninguna. Y eso justamente es lo que le sucede a la protagonista de esta historia. Comienza a habitar un territorio repleto de incertidumbres, una persona que solo está acostumbrada a vivir en el reino de las certezas absolutas, aun recurriendo al pensamiento mágico si es necesario.

Noticias: ¿Tienen la culpa los padres de lo que hacen los hijos?

Cukierman: ¿Quién sabe, no? Supongo que algo habrá pero también pienso en miles de casos donde están dadas las condiciones para que no suceda ninguna cosa rara, donde los padres hacen lo que se supone que hacen los buenos padres, donde los hijos tienen aparentemente una gran relación con ellos y de todas formas algo pasa, algo se rompe, algo irrumpe y nadie sabe a qué se debe. Me parece que, salvo excepciones, los padres hacen lo mejor que pueden y si no está el psicoanálisis o la infinidad de terapias actuales para reparar lo que faltó, lo que sobró, lo que no alcanzó. Como nos sucedió a casi todos en esta vida y la mayoría por suerte no se dedica a delinquir. Al igual que Sofía en la novela, yo también tengo la tendencia a pensar y querer saber cuál es el huevo de la serpiente, el origen del mal, cuando las cosas se desvían del camino deseado. Creo que siempre es más fácil encontrar culpables directos y trazar algo así como el ADN del mal, pero por desgracia todo es mucho más complejo para todos.

 

 

Noticias: ¿Cómo se imagina que reaccionaría si su hija hace algo parecido?

Cukierman: Ojalá nunca tenga que averiguarlo, pero supongo que todos los hijos hacen cosas que hacen que a los ojos de los padres se vean como unos completos desconocidos, sin necesidad de llegar a casos extremos como los del libro. Nosotros como hijos o como padres hemos escuchado mil veces decir: este chico no es mi hijo. Yo creo que cómo Sofía necesitaría encontrar una respuesta reparadora, una explicación más o menos coherente. Y como soy bastante culposa creo que la primera reacción sería sentir que hice todo mal, que todo fue culpa mía.

Noticias: ¿Entre su libro de cuentos y esta novela qué cambió en su escritura?

Cukierman: Creo que cambió el foco de interés por algunos temas pero también por la manera de entrar en el propio proceso de escritura. Permitirme explorar, probar distintos caminos que no sean solo dentro de la complejidad del cuento. Cómo en los cuentos de “Las chicas malas...” este también está protagonizado por una mujer pero no fue una decisión deliberada sino la necesidad de que fuera una madre y no un padre el que cargara con toda esta historia. No creo que la mirada hacia ella sea igual que a la de un padre. Hay algo de la sociedad que condena más rápido a una madre que a un padre. Lo vemos en general en los casos recientes de femicidios que rápidamente la mirada se corre a la madre de las chicas y en menor medida a la del padre. Cómo si una madre tuviera que saberlo todo. Creo que está novela me obligó también a sostener una voz durante más tiempo, a darle espacio para crecer, que es algo que me permitió el tiempo que pasó entre la escritura de aquellos cuentos y este libro.

 

 

Noticias: ¿Qué lugar tiene el humor en tu literatura?

Cukierman: Creo que el humor ocupa un lugar central en la vida. O debería. En realidad creo que aunque no queramos, el humor atraviesa todo. Solo hay que correr un poco la mirada y ver lo absurdo de algunas cuestiones. A mí me encanta el drama en general, en la vida, en la literatura, el cine, etc. pero siempre que haya algo de humor como una suerte de espacio donde anclarse. Claro que no es necesario que se note y menos que esté subrayado. Una mirada del mundo con humor, con ironía, con cierto absurdo por que me parece que es la única forma de atravesar la vida y toda su complejidad. Y ni hablar de las relaciones familiares y todas sus trampas. El humor siempre salva o por lo menos te hace más transitable todo.

Noticias: ¿Está trabajando en un nuevo proyecto actualmente?

Cukierman: A mí me gustan las historias, los vínculos, la complejidad de las relaciones humanas en todos sus niveles. Estoy trabajando en una suerte de historia en este sentido pero recién está asomando, así que estoy en pleno proceso de atrapar eso que aparece y darle alguna forma.

 

 

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