Lunes 25 de mayo, 2020

CIENCIA | 03-03-2020 17:34

Música, un lenguaje común en todo el mundo

Sigue patrones similares aún en culturas muy diferentes, según un estudio de la universidad de Harvard. Los expertos analizaron canciones de 315 culturas en 30 regiones del planeta.

Pocas actividades son tan representativas de la diversidad cultural en la que viven los seres humanos como la música. Existe el katajjaq o canto gutural inuite, un canto difónico y lúdico que sale del fondo de la garganta de mujeres esquimales para expresar sentimientos como la alegría o la tristeza que, enfrentadas cara a cara y sostenidas por los hombros, tiene una ganadora y perdedora. Y también existe el nôgaku japonés, puntuado dramáticamente por flautas de bambú, y el samba brasileño, o la zamba argentina. 
No hay actividades culturales tan diferentes las unas de las otras como aquellas producidas por la voz humana y por los instrumentos fabricados por las personas, a lo largo de diversos momentos históricos y en ambientes sociales y naturales absolutamente divergentes. 
Sin embargo, un estudio llevado a cabo por especialistas de la Universidad de Harvard (de los Estados Unidos) muestra que, aún dentro de tal variedad, puede haber algo fascinante: puntos y rasgos en común que comparten canciones producidas en todo el mundo, sin importar entornos culturales o históricos. Algo así como un esperanto musical, un denominador común, un idioma planetario de la música.
 “Se suele asumir que la música es un acto humano universal, un emergente de una adaptación evolutiva específica para la música y o un producto de adaptación que afecta al lenguaje, el control motor y la percepción auditiva. Pero la universalidad no había sido demostrada de manera sistemática, y esa noción resulta disruptiva cuando se toma en cuenta la diversidad que la música tiene a través de las culturas”, resume Samuel Mehr, psicólogo cognitivo que dirige la investigación.


Recopilaciones etnográficas

El equipo de especialistas que trabajó con Mehr analizó la música de 315 culturas esparcidas a lo largo de 30 regiones del planeta, con el objetivo de confeccionar una historia natural de la canción, a partir de un de análisis sistemático de las características de la música vocal que pudieran hallar en diversos lugares del planeta. Las preguntas a responder que se planteó el equipo de expertos fueron varias: ¿Es la música algo universal? ¿Qué tipos de comportamientos están asociados con las canciones y cómo van variando a través de las sociedades? ¿Son las características musicales de un tema una variable indicativa del contexto de comportamientos que la rodean, como por ejemplo el cuidado infantil? ¿Los patrones de la melodía y el ritmo de las canciones varían sistemáticamente, como los patrones que hallamos en el lenguaje? ¿Cuán prevalente es la tonalidad a través de los idiomas musicales?
Para responder al menos algunos de tantos interrogantes, el primer paso que dieron los investigadores fue crear un banco de datos, bautizado como Historia Natural de la Canción (no se centraron en la música que es solamente instrumental), dentro del cual fueron catalogadas más de cinco mil pistas que cabrían en un iPhone. "Estamos acostumbrados a poder encontrar cualquier pieza de música que nos guste en Internet -comenta Mehr, investigador principal en el Laboratorio de Música de Harvard-. Pero hay miles y miles de grabaciones enterradas en archivos a los que no se puede acceder en línea. No sabíamos qué encontraríamos: le pedimos ayuda a un bibliotecario de Harvard y veinte minutos más tarde sacó un carrito de aproximadamente 20 cajas de grabaciones de música celta tradicional".
Mehr y Manvir Singh, del departamento de Biología Evolucionaria Humana, agregaron carretes, vinilos, cintas de casete, compact discs y grabaciones digitales de colecciones privadas de antropólogos y etnomusicólogos a la creciente discografía del equipo, combinándolo con un corpus de etnografía que contiene casi 5.000 descripciones.
A partir de esta inmensa musicoteca, los investigadores se dedicaron a identificar las estructuras y elementos comunes que comparte la música, a partir de tres características principales: el grado de formalidad de la partitura, la animación del intérprete y si el tema musical posee (o no) una connotación espiritual. En la secuencia, los expertos también evaluaron la interpretación que el público hace de las expresiones musicales. 
Como conclusión, los investigadores consideran que es posible deducir el contexto de una buena melodía aún cuando quien la escucha no comprende el idioma de la letra y eso sucede porque la audiencia descifra el mensaje basándose en tres atributos de la voz: el tono, el ritmo y el alcance vocal. 


Metodología

Los científicos de Harvard dividieron el material recopilado en cuatro categorías: canciones de cuna, temas de amor, melodías espirituales y composiciones para bailar. De acuerdo con los especialistas, cualquier armonía de cualquier lugar puede ser clasificada y encaja en alguno de estas cuatro categorías
Las composiciones de tipo amoroso, por ejemplo, suelen ser lentas e informales, casi displicentes, ya sea que se trate de un tema de samba o de rock. Por otro lado, los temas musicales curativos son altamente formales, movidas y con un alto tono espiritual, como por ejemplo en los clásicos del gospel. 
Otra de las características que se verificó a lo largo del estudio es que el comportamiento musical varía más dentro de las sociedades que a través de ellas
“Estamos comenzando a comprender cuáles son los bloques esenciales que conforman a la música”, explica Sam Mehr, que a la sazón es también músico. Como conclusión de la investigación científica, el paper publicado en la prestigiosa revista Science destaca que “la música es un hecho universal, existe en cada sociedad, varía más dentro de las sociedades que a través de ellas, y tiene características acústicas que están sistemáticamente relacionadas con los objetivos y respuestas de los cantantes y de quienes los escuchan”.
Sin embargo, los investigadores también afirman: “Sin embargo, la música no es una respuesta fija dentro de una única función adaptativa prototípica, sino que es producida en todo el mundo en diversos contextos de comportamiento que varían en cuanto a formalidad, religiosidad y excitación”. 
Los hallazgos muestran que la música se presenta como vinculada a aspectos afectivos, cognitivos y perceptuales, incluyendo al lenguaje (todas las sociedades le ponen música a sus canciones), control motor (las personas de todas las sociedades bailan), análisis auditivo (todos los sistemas musicales tienen firmas de tonalidad) y estéticos (sus melodías y ritmos se mueven en un delicado equilibrio entre la monotonía y el caos). 


Placer y universalidad

Para el psicólogo canadiense Steven Pinker, autor de “Cómo funciona la mente”, la música no sería una adaptación evolutiva sino una especie de efecto secundario de la percepción auditiva, del control de los movimientos, del lenguaje y de otras facultades que poseen los seres humanos. Pinker compara la música con una tarta de queso, una “tecnología” que los seres humanos inventaron para estimular  los circuitos del placer. Los sonidos repetitivos, ordenados y predecibles, le hacen cosquillas en los centros del placer que sirven para indicarle a las personas que han encontrado un ambiente ordenado y seguro.
Para el psicólogo experimental, los nuevos resultados combinan con su hipótesis: “Las características universales de la psicología humana inclinan a las personas a componer y apreciar canciones con ciertos patrones rítmicos o melódicos que están naturalmente asociados a ciertos deseos y estados de ánimo”, dice.
La revelación de la existencia de una gramática musical ampliamente comprensible va de la mano con la tesis clásica del lingüista estadounidense Noam Chomsky acerca de la adquisición de las palabras. Para Chomsky, existiría una gramática universal, innata, resultado de la evolución de la especie, incorporada al cerebro desde la más tierna infancia y que serviría de base para cualquier idioma. 
En la última década, esa noción ha sido respondida por especialistas como el estadounidense Daniel Everett, para quien “el bloque fundamental del lenguaje es la comunidad”, y no la biología. ¿Y si la universalidad no estuviera en la habilidad humana de hablar y de escribir sino en el canto?

 

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Andrea Gentil

Andrea Gentil

Editora de Ciencia, Medicina y Tecnología. Docente.

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