Domingo 7 de agosto, 2022

SOCIEDAD | 21-11-2013 17:18

El norte argentino rendido ante los narcos

Jueces amenazados, justicia desbordada, y cárteles transnacionales operando en la región.

Una lluviosa mañana de primavera, Carlos Olivera Pastor vivió una escena de terror a plena luz del día: al salir del Juzgado Nº 2 de Jujuy, a su cargo, encontró una cabeza de humano decapitado que había sido dejada al pie de su auto. “En la tapa de la caja había un numero con cinco dígitos, como el de un expediente judicial –contó–, y en su interior, la cabeza de una persona, con pelo, piel, dientes y ojos”. Era septiembre del 2011 y los jueces federales de Jujuy y Salta comenzaban a alarmarse por la presencia de cárteles de narcotráfico operando en el norte del país.

La región cuenta con cinco juzgados federales que tienen más de 50.000 causas de contrabando sin resolver, y cubren una extensión de 1.200 kilómetros de frontera a máximas alturas con tres pasos legales –Salvador Mazza, Aguas Blancas y La Quiaca– y un sinfín de pasos clandestinos en una geografía de montañas, y en la actualidad con solo 350 efectivos de Gendarmería para cubrirla. El magistrado no pudo desterrar la imagen de su mente. Lo consideró “un claro mensaje extorsivo y mafioso del narcotráfico”, y meses después pidió licencia y dejó su cargo. Hoy conduce el tribunal Fernando Poviña y las causas por drogas se duplicaron en el último año.

narcotrafico en el norte del país

Aprietes. A la escalofriante amenaza se le sumaron otros cuatro aprietes a jueces y fiscales federales en la región. El secretario penal de su juzgado recibió una golpiza, y dos jueces federales y un fiscal de Salta fueron amenazados de muerte. El caso del secretario penal Federico Zurueta fue el que destapó el escándalo de las amenazas. En octubre de 2011, cuando salía de su departamento en el centro de San Salvador de Jujuy, dos desconocidos lo sorprendieron en la puerta y lo golpearon brutalmente. Zurueta estaba a dos días de asumir como Juez de Control provincial jujeño. Lo dejaron tirado en el piso y con un mensaje claro: "No asumas como juez". El funcionario quedó internado bajo observación durante varios días. Hoy, cuando pasaron ya dos años, todavía no asumió su cargo, al que fue elegido por concurso en la legislatura provincial.

Cuando la tragedia de Zurueta cobró relevancia pública, salieron a la luz los casos de otros magistrados que también habían recibido supuestas amenazas graves. Leonardo Bavio, a cargo del Juzgado Federal N° 1 de Salta, fue amenazado por teléfono en el mismo momento en que, por orden suya, se demolía en el bajo salteño una casa que un grupo de narcotraficantes utilizaba de aguantadero para acopiar y distribuir droga. El fiscal federal José Villalba recibió un susto cuando un hombre bajó de un colectivo con un machete en la mano e intentó entrar a su oficina. El policía que estaba en la puerta lo impidió.

Alarmados. Los jueces de la Cámara de Apelaciones pegaron el grito en el cielo advirtiendo sobre el rol de país estratégico que comenzaba a ocupar la Argentina en la ruta del narcotráfico internacional, que ocupa el tercer puesto de los países de los que más sale cocaína del mundo -después de Brasil y Colombia-, según La ONU. Pasaron dos años desde las amenazas y esa misma Cámara pidió reunirse con el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, y el secretario de Seguridad, Sergio Berni, para reconocer una “parálisis del sistema judicial” y suplicar la “intervención necesaria” ante una situación “inmanejable”, según aseguraron en un documento.

Como consecuencia, el martes pasado la Corte Suprema de Justicia reclamó a la administración central acciones "urgentes" contra el narcotráfico tras la alerta de la Iglesia Católica sobre "el drama de la droga". Un día después, los magistrados del norte del país volvieron a denunciar la "falta de infraestructura de la Justicia" para afrontar el aumento de casos de lucha contra grupos narcóticos.

Pasos permeables. La desolada ruta 34 conecta a las ciudades fronterizas más picantes con el resto de la Argentina.Pasos permeables. La desolada ruta 34 conecta a las ciudades fronterizas más picantes con el resto de la Argentina.

El rol del Gobierno en las fronteras nunca fue consecuente con lo prometido. Ya en el 2009 el entonces ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, había admitido que “los esfuerzos de Argentina contra las drogas han sido un fracaso”. Lo confesó en una conversación privada con el embajador norteamericano Anthony Wayne, y fue filtrado por WikiLeaks. La administración de Cristina Fernández de Kirchner lanzó luego una prometedora ofensiva: el Plan Escudo Norte, una puesta en marcha de los ministerios de Defensa y Seguridad junto a las Fuerzas Armadas para radarizar y controlar las fronteras del norte argentino. Diversas fuentes consultadas coinciden en que no logró ser efectivo.

En el Congreso argentino recién se presentó un proyecto de ley de lucha contra el narcotrafico importante en junio de este año. Lo hizo el radical Mario Fiad, y asegura conocer "de cerca la situación de las fronteras y su descontrol”, por ser un diputado jujeño. Cree que el proyecto va a ser tratado en 2014, puesto que el año parlamentario ya está terminando, y a la vez tiene que mantener la presidencia de la comisión de narcotráfico, que depende de las negociaciones que realicen los distintos bloques.

“Pedimos acciones concretas porque aunque no quieran aceptarlo no han hecho nada. Necesitamos crear nuevas cárceles, nuevos órganos de justicia y de aduana, designar los jueces vacantes, mejorar el equipamiento, volver a tener los gendarmes que se llevaron a Buenos Aires, y poner escáneres y radares en las fronteras; el Plan Escudo Norte tiene que ser algo más que una presentación con bombos y platillos de la Presidenta”, se quejó ante NOTICIAS Jorge Villada, presidente de la Cámara. “Por más perdidos y colapsados que estemos no podemos dar la imagen de un Estado rendido ante el narcotráfico internacional”, concluyó.

por usuario

Galería de imágenes

Comentarios