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SOCIEDAD | 21-03-2014 12:16

El síndrome Violetta

Estrés, vacío existencial, presiones y una adolescencia interrumpida. Cómo es la vida de una chica Disney.

Para Martina Stoessel, el desfile para presentar la nueva colección de Benito Fernández en febrero, en el BAF Week, fue una situación frenética. La protagonista de “Violetta” era la encargada de cerrar el desfile de su diseñador fetiche, quien incluso la vistió para los últimos Martín Fierro. Benito Fernández había tenido que reforzar la seguridad del evento con guardaespaldas extra, debido a la popularidad de la chica Disney argentina.

Pero poco antes de salir al ruedo, Martina comenzó a sentirse mal. La energía del momento había sido demasiada. Entre el ruido y los reflectores, en el backstage del desfile, la joven que acaba de cumplir los 17 no soportó más y cayó desplomada, sin llegar a desmayarse. “Estaba muy excitada. Y de repente, bajó. La situación era mucho para ella”, afirma alguien que presenció el episodio.

Se recompuso rápido. Minutos después, caminó la pasarela con el contoneo propio de una modelo profesional, montada sobre tacos de quince centímetros y con una sonrisa perfecta, mientras agitaba con palmas al público. Como si nada hubiera pasado. Desde la primera fila, su papá, Alejandro Stoessel, el ex productor estrella de Marcelo Tinelli; su mamá, Mariana Muzlera y su novio famoso, Peter Lanzani, un ex Casi Ángeles siete años mayor que ella, aplaudían también.

Martina no dejaba de sonreír, se abrazaba al diseñador y saltaba con él, envuelta en un top de lentejuelas tamaño extra small y un pantalón talle 22, el límite de tamaño entre lo adolescente y lo infantil. La mayor figura del imperio Disney, fuera de los Estados Unidos, y la argentina más famosa después de Messi en todo el planeta salió a escena sin flaquear, como una megaestrella.

“Nada es color de rosa, todo tiene su contraparte negativa. Desde el Gran Rex hasta ahora hicimos 200 shows en total. Me la pasé haciendo y deshaciendo valijas. A veces llego a la habitación del hotel y lloro sin saber por qué, por felicidad o por angustia, es una mezcla de sentimientos. Otras veces me siento vacía y digo: '¿Cómo te vas a sentir así con toda la gente que te quiere?' Pero se extraña mucho”.

Martina tuvo que dejar el colegio hace tres años, con la primera explosión de la serie, de la que ya se está grabando su tercera temporada para todo el mundo. Jura que estudia por internet. Ver a sus viejas amigas se volvió algo complicado. Su adolescencia quedó virtualmente suspendida, en lo que hace a las rutinas que cumplen las chicas de su edad. Su mamá, de 45 años y con un look juvenil que incluye remeras rockeras, se convirtió en su virtual jefa de agenda y en su sombra permanente.

Estrés, angustia, vacío existencial. Un cóctel de sentimientos que no puede ser acallado por la fama, que cualquier adolescente de a pie envidiaría de esta joven. Quizás porque, justamente, ese sea el precio a pagar por tanta popularidad exprés.

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por Federico Fahsbender

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