Domingo 22 de mayo, 2022

MUNDO | 09-04-2022 11:24

Donal Trump jugó nuevamente para Vladimir Putin

En medio de una guerra en la que EE.UU. juega un rol clave, el ex presidente le dio públicamente al líder ruso elementos para atacar a Joe Biden.

Cuando Donald Trump elogió por primera vez a Vladimir Putin fue una señal preocupante porque mientras él era sólo un millonario que buscaba una candidatura presidencial en las primarias del Partido Republicano, el líder ruso ya estaba sospechado de una larga lista de envenenamientos y acribillamientos.

Las siguientes actitudes favorables a Putin, como pedir en los años 2018 y 2019 que el jefe del Kremlin vuelva a participar de las cumbres del G-7, de donde Rusia había sido excluida por la anexión de Crimea, sumaron gravedad porque a esa altura ya empezaba a revelarse la actuación de hackers rusos contra la campaña electoral de Hillary Clinton, con el objetivo de que Trump se convierta en presidente de Estados Unidos.

Pero más grave aún es el último favor que el magnate neoyorquino le hizo al autócrata ruso: entregarle públicamente munición para que dispare contra la imagen de Joe Biden a nivel mundial.

Tanto la administración demócrata como buena parte de la prensa norteamericana perdieron la oportunidad de explicarle a la sociedad estadounidense el significado de lo que hizo Trump y su gravedad en medio de la guerra que desató el presidente de Rusia con la invasión de Ucrania. Sólo describieron lo acontecido, en lugar de interpretarlo y explicar su significación. 

Frente a las cámaras del programa Just The News, Trump “pidió” a Putin que revele información que él supone perjudicial para el actual presidente norteamericano. Según el magnate inmobiliario, el jefe del Kremlin tiene información de inteligencia sobre negocios turbios entre el hijo de Joe Biden y oligarcas rusos.

También insinuó que el déspota ruso posee información sobre las actividades de Hunter Biden en Ucrania. Tanto la administración demócrata como la prensa liberal cuestionaron la actitud de Trump, pero sólo juzgándola como “inoportuna” por darse en medio de la invasión a Ucrania y la catástrofe humanitaria que está causando.

El mensaje público de Trump a Putin es mucho más grave que una actitud inoportuna. Tiene la forma de un pedido, pero en realidad lo que hizo el líder republicano fue darle a Putin elementos para que utilice contra el presidente demócrata de Estados Unidos. Pedir al líder ruso a través de la televisión norteamericana que revele información que destruiría la imagen de Biden, no es pedir sino avisarle a Putin con qué armas puede responder al jefe de la Casa Blanca sus acusaciones de autócrata criminal.

En síntesis, el empresario ultraconservador que lidera al Partido Republicano entregó al jefe del Kremlin munición de grueso calibre para que la dispare contra Biden. Y en estas circunstancias, semejante acto merodea la categoría de alta traición a su país.
Si el actual enfrentamiento indirecto de Estados Unidos con el régimen ruso fuese una guerra declarada y directa, el acto de Trump encuadraría de lleno en el delito de traición. Que no haya guerra directa y declarada, no cambia el espíritu del acto, sino su imputabilidad.

El actual presidente norteamericano está jugando un rol protagónico en el conflicto que se desarrolla en Europa. Es impulsor y líder del frente euro-norteamericano que ayuda económica y militarmente a Ucrania. También es el principal impulsor de responder a la invasión con una guerra económica contra Rusia.

Estados Unidos es la potencia que, junto a sus aliados europeos, lucha contra Putin abasteciendo con armamento a Ucrania y aplicando sanciones económicas a Rusia. Y esta guerra no se está librando solamente en los terrenos militar y económico. Las potencias de Occidente y Ucrania también están combatiendo al jefe del régimen ruso en la dimensión de la opinión pública mundial.

Allí, Putin está siendo derrotado. La imagen del presidente ucraniano brilla en el firmamento internacional. También está bien posicionada la del presidente norteamericano en una pulseada que no tiene que ver con el ego de los líderes, sino que es un arma más en la contienda.

Ese es un punto clave: la lucha entre el frente Zelensky-Biden y Vladimir Putin por mejorar la imagen propia y dañar la del enemigo, es parte de esta guerra.
Aunque haya actuado por rencor a Biden, lo que hizo Trump fue jugar a favor de quien, en este momento, es enemigo de Estados Unidos. Que haya actuado por negligencia o ignorancia no atenúa la gravedad de lo que hizo. Le avisó a Putin que sus servicios de inteligencia o sus allegados oligarcas pueden darle información para atacar públicamente a Biden.

El jefe del Kremlin proviene de los aparatos de inteligencia y sabe que, si no consiguen la información que necesitan para atacar al ocasional enemigo, la inventan o construyen.  Probablemente, en el Kremlin ya empezaron a pergeñar historias sobre Hunter Biden para construir pruebas de que, a través del hijo del entonces vicepresidente, Estados Unidos buscaba impulsar en Ucrania la producción de armas químicas y biológicas.

No obstante, aunque esas historias fueran ciertas, lo cual también es posible, usarlas en este momento y en esta circunstancia es convertirla en munición para disparar en esta guerra. Cuando en la antesala de las elecciones Trump presionó por teléfono a Zelensky diciéndole que lo llamaría Rudolph Giuliani para recabar información sobre Hunter Biden que permitiera dañar la campaña electoral de su padre, que era el candidato demócrata, el entonces presidente cometió una indecencia política y un estropicio diplomático. Como había una ayuda económica a Ucrania que la Casa Blanca estaba demorando, el “pedido” a Zelensky puede considerarse un chantaje.

Sin elementos extorsivos, Trump hizo lo mismo con el presidente ruso. Pero en este caso no le estaba pidiendo los datos que mencionaba, le estaba avisando a Putin que los tiene a mano o que puede inventarlos, y que los debe utilizar contra el principal líder del frente euro-norteamericano que ayuda a Ucrania y ataca la economía de Rusia: Joe Biden.

En el momento en que Trump envió públicamente su mensaje a Putin, ya eran visibles las atrocidades que comete el ejército ruso, como someter a Mariupol a bombardeos de saturación que devastan esa ciudad sobre el Mar de Azov, para reducirla a escombros como hizo con Alepo en el noreste de Siria. Días más tarde llegaron las imágenes de los civiles masacrados en Bucha.

Cuando a Vladimir Putin sólo cabe reclamarle que detenga el asesinato en masa de ucranianos, el líder republicano lo trató como a un aliado en su lucha contra Biden. Para Trump, el enemigo de su enemigo es su amigo. Pero este amigo es un enemigo de Estados Unidos. Ergo, ayudarlo en su lucha contra Biden en medio de una guerra merodea la traición al país del cual fue presidente, aunque ni el gobierno demócrata ni la prensa sepan explicarlo. 

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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