Friday 12 de July, 2024

MUNDO | 01-05-2023 00:04

El juego a dos bandas de Lula Da Silva

El escaso apoyo económico de Biden se revirtió tras el encuentro del mandatario brasilero con Ji Xinping. El peligro del abrazo chino.

Cuando Luiz Inacio Lula da Silva partió de Washington en febrero pasado, cerrando apenas su segundo viaje al extranjero desde que asumió la presidencia de Brasil, sus compatriotas no pudieron ocultar su decepción por el deslucido apoyo de Estados Unidos a la prioridad más crítica de su presidente: juntar los US$50 millones para ayudar a detener la deforestación en la Amazonía. Joe Biden demostró poco interés por Brasil y la política latinoamericana, insisten los analistas brasileros, hasta que Lula se mostró en complicidad con el presidente Xi Jinping en Beijing, y con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, en Brasilia.

Ahora, luego del viaje a China, y de que Lula marcara nuevamente que Washington y Kiev comparten la responsabilidad de la guerra en Ucrania (algo que motivó el enojo del presidente Volodomir Zelensky, quien invitó al mandatario brasilero a visitar los territorios invadidos para ver las consecuencias del asedio ruso), la administración Biden respondió con una oferta de US$ 500 millones para el Fondo Amazonía, creado por Lula en 2008 durante su segundo mandato, para atraer apoyo internacional a su agenda ambiental.

Dólares

Hasta aquí, solo Noruega, que tiene montones de petrodólares para financiar los esfuerzos ambientales en todo el mundo, había dado más. Brasil “está agradecido por la confianza y la contribución estadounidense al fondo”, dijo la presidencia brasileña en un comunicado a Bloomberg News. Tiene mucho que agradecer. No solo consiguió una promesa de dinero en efectivo. Descubrió una estrategia geopolítica para generar apoyo para el desarrollo de Brasil: simplemente explotar el miedo ilimitado de Washington a Beijing.

Fotogaleria El presidente estadounidense Joe Biden y el presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva caminan hacia el Despacho Oval para una reunión en la Casa Blanca en Washington, DC

Biden finalmente comprende que Brasil es un socio potencialmente vital que podría ayudar a abordar las muchas de las crisis que surgen en todo el hemisferio sur, desde Venezuela y Haití hasta el río de migrantes que huyen de México a Honduras.
Y finalmente, la competencia con China es real. Durante las dos décadas en las que EE.UU. partió hacia la guerra en el Medio Oriente, giró hacia Asia y volvió a girar para ayudar a pelear otra guerra en Europa, China se convirtió en el mayor socio comercial de América del Sur, y en el principal financista. Si Estados Unidos quiere mantener su influencia, debe invertir más recursos y atención en el continente. Y Brasil no es un mal lugar para empezar. Pero Lula también debería tener cuidado de no exagerar. El abrazo de China podría fácilmente volverse demasiado apretado para su comodidad.

Economía

En tanto, los analistas políticos brasileños explican que las prioridades internas de Lula son mucho más urgentes que cualquier agenda de política exterior. Necesita crecimiento económico para apuntalar la disminución de apoyos (su popularidad cayó en 10 puntos desde que asumió), y debe sembrar lazos con la agroindustria brasilera, que en su mayoría es partidaria de su rival Jair Bolsonaro.

China, el mayor mercado de exportación para Brasil, al que vendió soja, carne de res y otras materias primas por valor de 60.000 millones de dólares en 2020, puede ayudar a cumplir con ambos. La visita de Lula a Beijing produjo 15 acuerdos comerciales, desde semiconductores hasta energía, por un valor de unos 10.000 millones de dólares. Y BYD de China está negociando para comprar una fábrica brasileña de Ford que está inactiva desde 2021 para fabricar automóviles eléctricos allí.

Haddad

Fernando Haddad, ministro de Finanzas de Brasil, señaló que la visita de Lula a China sirvió para “traer inversiones directas” y “apuntalar una política de reindustrialización”.  Sin embargo, las incursiones de China en todo el mundo durante el último cuarto de siglo se han centrado en adquirir las materias primas con las que construir una potencia industrial en casa.

La experiencia de Brasil no ha sido la excepción. De los US$ 68 mil millones que Brasil exportó a China en 2020, US$ 60 mil millones corresponden a  materias primas. Y de los US$ 66 mil millones de inversiones chinas en Brasil entre 2008 y 2022, según un estudio del American Enterprise Institute, China gastó muy poco de ese monto en desarrollar la base manufacturera de Brasil: un 75% fue a parar a proyectos de energía.

Abrazo

Jorge Arbache, economista de la Universidad de Brasilia y asesor del banco nacional de desarrollo de Brasil, argumentó que la asociación asimétrica de Brasil con China le recordaba el canto de las sirenas en la Odisea de Homero. “Beneficia a Brasil a corto plazo, pero fomenta una creciente dependencia brasileña de la economía china a largo plazo”, señaló.

Xi Jinping

Y un informe de Tatiana Rosito, ahora Secretaria de Asuntos Internacionales del Ministerio de Hacienda de Brasil, marca que “Brasil no ha podido implementar satisfactoriamente sus prioridades oficiales declaradas en las relaciones con China: diversificación y aumento de la participación de productos de alto valor agregado en las exportaciones de Brasil”.

Como sea, Lula está obligado a atraer inversiones para revertir una racha en caída de los puestos de trabajo en la industria: hoy representan el 20%, frente al 23% hace 15 años. Y el valor agregado de la industria ha disminuido al 18,9% del producto interno bruto, desde el 23,1% cuando Lula asumió el cargo por primera vez. En China, en cambio, la industria absorbe el 27% de los puestos de trabajo y representa el 39,4% del PIB. Una ecuación que no quiere alterar en lo más mínimo. 

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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