Sunday 6 de September, 2026

MUNDO | Hoy 09:27

El mundo en la cubierta del Titanic

Arde Europa y un glaciar colapsa en el Himalaya. Mensajes catastróficos del cambio climático a un orbe en manos de negacionistas.

Como un mensaje milenario, quedó a la vista el pons neronianus. Los restos del puente que en el primer siglo de la era cristiana hizo construir Nerón para unir el Campo de Marte con la zona donde hoy se encuentra el Vaticano, llevaban siglos bajo las aguas del Tíber, hoy reducido a un escuálido arroyo que atraviesa Roma.

En el Danubio y el Rin asoman esqueletos de embarcaciones hundidas durante las dos guerras mundiales. Los ríos languidecen y las centrales nucleares quedan al borde del cierre por falta de agua para la moderación de neutrones y la refrigeración del reactor, mientras el fuego arrasa buena parte de Europa como nunca antes  ocurrió.

Pocos meses después de esos causes hoy languidecientes provocaran catastróficas inundaciones y las postales mostraran gente subida a los techos y autos flotando como corchos en calles convertidas en ríos, la peor sequía alimenta los mayores incendios en territorios donde las temperaturas nunca fueron tan altas como en este infernal verano europeo. Por la mezcla de calor y sequía, arden bosques en países poco acostumbrados a tener incendios forestales, como Inglaterra y Bélgica.

Uno de los incendios forestales más extendidos fue el que arrasó el sur de España, donde a renglón seguido se desataron lluvias torrenciales con inundaciones que dejaron muertos, heridos y desplazados. En los bosques belgas así como en los de Francia y Alemania, los incendios hicieron estallar bombas y minas que yacían enterradas desde las dos guerras mundiales.

Entre los fenómenos insólitos causados por el clima está el adelanto de la vendimia en Champaña y otras regiones vitivinícolas francesas. Paralelamente, una cantidad sin precedente de lluvia provocó miles de muertes y devastación por los deslizamientos de tierra entre Nepal y el Tíbet, produciendo imágenes que parecen del cine catástrofe. También fue un mensaje milenario el colapso del glaciar del Himalaya, que generó la avalancha de agua y sedimentos que arrasó las aldeas de los valles y laderas. La suma de cataclismos en un puñado de meses da como resultado la señal del cambio climático. Una señal que ya ha comenzado a tomar formar forma de última advertencia.

El mensaje le dice al mundo que sólo hay una prioridad: salvar la biósfera. O intentar salvarla, porque es posible que nada pueda hacerse; que el calentamiento tenga que ver con un cambio de era y no con todo lo que hace la humanidad para contaminar la atmósfera, la tierra y el agua. Pueda o no revertirse o al menos atenuarse el cambio climático, a la especie humana no le queda otra alternativa que intentarlo. Debiera ser una actitud instintiva, como nadar aún estando en el medio del océano y sin chances de alcanzar alguna costa.

El cambio climático está alterando la biósfera, que es el hábitat de la especia humana. Sólo de eso debieran hablar los gobernantes del mundo. Esa debiera ser la prioridad con que se programe la IA. Sin embargo, en el mundo hay líderes negacionistas del cambio climático, como Donald Trump, Vladimir Putin, Jair Bolsonaro y sus hijos, incluido Flavio, el que podría convertirse en presidente de Brasil. También Javier Milei y otros ultraconservadores  creen en lo que afirma el actual jefe de la Casa Blanca: “el calentamiento global es la mayor estafa de la historia”.

Sería bueno que Trump tenga razón y que el cambio climático sea una gran patraña a favor de vaya a saber qué intereses. Pero es obvio que no es así. Como en muchos otros temas, el magnate neoyorquino divaga diciendo cualquier cosa con tal que sea funcional a sus intereses o rimen con sus delirios.

El problema es que al negacionismo “humanicida” de gobernantes, se suma el obstruccionismo que estos gobernantes y otros que, cómo los líderes árabes de potencias petroleras, no son explícitamente negacionistas pero por conveniencia económica hacen obstruccionismo de los acuerdos y medidas que resultan urgentes.

Frente a delirio humanicida, cada vez hay más silencio. En la propia Europa, la única voz que se escuchó relacionando el calor, los incendios y la sequía con el cambio climático fue la de Jean-Luc Melenchon, el líder del partido izquierdista La Francia Insumisa. Los demás líderes hablaron de la inmigración a la que describen como invasión, de la guerra entre Rusia y Ucrania y del conflicto que golpea la economía global desde el Golfo Pérsico.

Mientras el calor y las lluvias causaban estragos, hubo terremotos casi simultáneos en Venezuela, Colombia, Costa Rica y Perú, mientras el suelo temblaba también en Indonesia, en Japón y en España.

Como si recibiera castigos bíblicos, poco después de ser devastada por dos terremotos al mismo tiempo, lluvias desmesuradas inundaron Caracas y otras ciudades y aldeas, arrastrando escombros y automóviles.

Aunque sin sustento científico visible, parece inevitable preguntarse si el calentamiento global que ha provoca devastaciones en la superficie, produce en la corteza del planeta, por las dilataciones y contracciones causadas por los climas extremos, algún efecto en las placas tectónicas. Lo que se sabe es que, sólo en Europa, las inéditas olas de calor y sequía causaron 32 mil muertes.

De eso debiera estar hablando el mundo entero. Son las consecuencias cada vez más trágicas y seguidas del cambio climático. Lo intentó en estos años el portugués Antonio Guterres desde la Secretaría General de Naciones Unidas. Muchos líderes le prestaron atención y trataron de coordinar acciones contra el calentamiento global. Pero muchos otros siguieron actuando como si el cambio climático no existiera, mientras que quien dirige la mayor potencia del planeta es, directamente, un negacionista de ese proceso y se ha dedicado durante su primer mandato y lo que va de éste a deshacer lo que sus antecesores habían hecho para intentar atenuar el fenómeno que está alterando aceleradamente la biósfera.

Se trata de Donald Trump, quien considera al cambio climático una patraña tramada por la izquierda marxista y la cultura woke para gobernar el orbe. Sin embargo, en el tablero geopolítico mueve las fichas para apoderarse del ártico canadiense y de Groenlandia, sabiendo que los glaciares están retrocediendo y esa retirada de los hielos deja al alcance de las manos “tierras raras” y otras riquezas minerales.

Como fuere, lo que está viendo el mundo son postales apocalípticas que prueban el avance de la mayor amenaza a la vida humana. Paralelamente, avanza también a gran velocidad la Inteligencia Artificial, pero no hacia las respuestas que la inteligencia humana no está dando, sino en dirección peligrosa para la libertad y la autodeterminación de la humanidad.

Mientras estas acechanzas avanzan, los principales líderes del mundo mueven sus fichas bélicas en el tablero internacional, jugando un juego que ya no tiene ningún sentido.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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