MUNDO | 21-03-2022 14:22

Un déjà vu detrás de la invasión de Putin a Ucrania

El conflicto en Ucrania recuerda la invasión soviética a Finlandia en 1939. Allí están las claves para el desenlace de esta guerra.

a historia suele parecer un espejo en el que se reflejan acontecimientos actuales. Cuando las crisis y las guerras del pasado parecen repetirse en otro tiempo, es porque  ciertos rasgos culturales y políticos se están repitiendo. Si aspectos principales de una guerra de otro momento histórico aparecen en una guerra posterior, la matriz política o ideológica que produjo el primer conflicto también está presente en el actual. En ese caso es posible encontrar en el evento anterior claves de interpretación del que está ocurriendo, para dilucidar su desenlace.

La invasión rusa a Ucrania parece un “déjà vu” de “La Guerra de Invierno”. Por eso, lo que dejó la invasión soviética a Finlandia en 1939 podría estar señalando lo que dejará la embestida militar de Rusia contra los ucranianos. En noviembre del 1939, la Unión Soviética atacó a Finlandia iniciando una invasión. El argumento que entonces dio el Kremlin parece un eco del que repite en estos días Vladimir Putin para justificar la invasión a Ucrania: resguardar la seguridad de Rusia.

Moscú había reclamado que Finlandia le canjeara territorios que necesitaba para proteger San Petersburgo, por entonces llamada Leningrado, de un posible ataque exterior. La estratégica ciudad que había creado Pedro el Grande en el siglo XVIII estaba a una treintena de kilómetros de la frontera con Finlandia y, para el Kremlin, eso la hacía vulnerable.

Pero Helsinki rechazaba la propuesta, entre otras cosas, porque las tierras que le ofrecían a cambio de que le cediera Carelia no tenían el valor del istmo que reclamaban los soviéticos. Stalin, que fue el líder soviético más parecido a un zar, perdió la paciencia y, denunciando que el gobierno finlandés ignoraba sus demandas de seguridad, lanzó la invasión para apoderarse de los territorios requeridos y convertir a Finlandia en un país satélite de la URSS. Igual que frente a la invasión rusa de Ucrania, Europa y Estados Unidos se indignaron y aplicaron sanciones a la potencia agresora, que fue expulsada de la Sociedad de Naciones, pero no enviaron tropas a defender al país agredido.

La Unión Soviética era, en realidad, Rusia con un escudo geográfico de catorce países. Y su visión sobre el vecindario circundante era la continuidad del nacionalismo expansionista de los zares. Aunque Stalin había nacido en Georgia, expresaba el nacionalismo ruso y fue de los líderes soviéticos el que mejor encarnó la concepción zarista del poder: el absolutismo.

A ese poder lo desconcertaba no ser temido. Sobre todo, que no le temiera el gobierno de un país nuevo, poco poblado y con un ejército aún en formación, como Finlandia. Por eso en Stalin estalló una furia similar a la que estalla en Putin cuando el joven presidente de Ucrania, un Estado de apenas tres décadas de existencia independiente, demuestra que no le teme.

En La Guerra de Invierno, los soviéticos se sorprendieron con la resistencia de los finlandeses y sufrieron grandes pérdidas en las primeras semanas de la invasión. Los combatientes locales lograron contener por un mes y medio su avance, pero finalmente, tres meses después de iniciado el conflicto, los soviéticos impusieron su superioridad en cantidad de tropas y armamentos, doblegando la dura resistencia.

La URSS ganó en los campos de batalla y se apoderó de Carelia, que equivalía al más del diez por ciento del territorio de Finlandia. Pero  no pudo convertir ocupar el país agredido ni poner un régimen títere en Helsinki. Finlandia debió comprometerse a la neutralidad, pero salvó su soberanía y quedó libre de injerencias soviéticas en su política interna, además de conquistar prestigio internacional por su lucha contra el poderoso invasor, mientras que a la Rusia soviética la victoria militar no impidió ver desgarrada su imagen y su credibilidad a nivel internacional, sobre todo en Occidente.

Finlandia había formado parte del Reino de Suecia hasta que, a comienzos del siglo XIX, fue ocupada por el Imperio Ruso. También en eso su caso parece un reflejo del caso ucraniano en el espejo de la historia. En ese reflejo pueden estar las calves para vislumbrar el final del conflicto. Ucrania fue parte de otros imperios hasta que la ocupó el Imperio Ruso, y a la invasión que está realizando Rusia Vladimir Putin, la justifica en razones de seguridad, como la que aludió la Unión Soviética respecto a la ciudad que está a unos treinta kilómetros de la frontera con Finlandia.

En esta oportunidad, el argumento de seguridad de Rusia es la necesidad de detener la expansión de la OTAN hacia sus confines. Como fue en 1939 la negativa del gobierno finlandés a acceder a la pretensión territorial soviética, ahora es la negativa de Estados Unidos y sus aliados europeos a firmar un compromiso de no incorporar a Ucrania en la alianza atlántica, lo que indignó al hermético gobernante de Rusia.

Vladimir Putin siente que su país es tratado por Occidente de acuerdo al tamaño de su economía. Con esta invasión, el jefe del Kremlin le grita a Occidente que Rusia debe ser tratada de acuerdo a su poderío militar y no a su vigor económico. Igual que durante la Guerra de Invierno, las potencias de Occidente no enviaron tropas a defender al país agredido, sino que repudiaron y sancionaron a la potencia agresora.

Las mantiene a raya el temor a que Putin recurra a sus armas nucleares para afrontar una guerra con la OTAN. Pero la conjunción entre la tenaz resistencia que hasta ahora han mostrado los ucranianos y las asfixiantes sanciones económicas con que las potencias occidentales buscan paralizar a Rusia, podría impedir que Putin alcance la totalidad de su objetivo: conquistar y controlar toda Ucrania. Una meta que podría alcanzar si China decidiera otorgarle el pulmotor económico y militar que le está pidiendo el presidente ruso.

Aún sin el nivel de ayuda china que necesita y sin poder lograr la totalidad de su objetivo, es posible que, como el ejército soviético en febrero de 1940 doblegó la heroica resistencia de Finlandia, el ejército ruso termine doblegando la dura resistencia de los ucranianos. También es posible que, así como Finlandia perdió Carelia y quedó obligada a la neutralidad, Ucrania termine perdiendo los territorios separatistas del Donbass además de la Península de Crimea, y deba resignar su pretensión de ingresar a la OTAN. Pero la criminal decisión de invadir un país que no la había agredido y los crueles bombardeos sobre ciudades ya desgarraron la imagen de Rusia en el mundo.

Putin criminaliza a su país mientras la imagen de Ucrania crece. Y aunque termine con su territorio amputado, si logran preservar su soberanía y su democracia, los ucranianos habrán obtenido una victoria que marcará la historia.

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Claudio Fantini

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