Martes 27 de octubre, 2020

LIBROS | 13-10-2020 00:32

Trieste. Un cuento

“Trieste. Un cuento”, de Pedro B. Rey. Leteo, 164 págs. $ 630.

****Pedro B. Rey tiene una trayectoria prolongada y destacada como comentarista, crítico, ensayista y periodista cultural en las páginas del diario “La Nación”. Otro pilar importante es la traducción de autores como Salinger, Artaud, Raymond Queneau y muchos otros. Tal vez su placer mayor lo constituya el ejercicio de la literatura. Su primer libro, “Círculo vicioso” (2000), abrió la expectativa. Aunque hubo que esperar unos cuantos años para que apareciera al fin “Katsikas” (2017). Los relatos, complejos y variados, se insertaban ahora dentro de una red o un mundo propio.

Sus personajes, ciudades, paisajes y referencias se entrecruzan de un modo peculiar. Aquí Katsikas no protagoniza: escribe. El subtítulo (“Un cuento”) se concreta en las más de 160 páginas del libro mismo. No se trata exactamente de la puesta en ejercicio de una teoría, sino de la duda fértil para decidir. Controlar o soltar establecen una tensión permanente. Las cosas ocurren en 1977. Con imágenes rápidas, la dictadura está presente aunque la tensión generadora, en este caso, es de textos.

Katsikas trata de escribir “el cuento del fuego”, instalado en el departamento de un músico dodecafónico ausente. Con un ritmo cada vez más breve, recibe las cartas de un viejo conocido (“el inenarrable Lilienthal”) desde Trieste, que pasan bajo la puerta y lo interrumpen. Un tercer personaje es Giorgione, un pintor. El texto avanza sin pausas, dinamizado por el montaje del texto normal en letra redonda, y las largas cartas en bastardilla. La lectura es más lenta, pero la impulsa una masa o catarata anecdótica permanente que cruza a los tres personajes.

Hay una mezcla de audacia y discreción. No se puede decir que este sea un cuento o relato “de la dictadura”. Pero una imagen demorada (hojas de otoño que giran en remolino) vistas por Katsikas desde arriba, establecen una instantánea en cámara lenta de significación poética, melancólica.

Al lector que ya ha leído “Katsikas”, lo empezará a invadir el mundo paralelo mucho más amplio que Rey ha ido construyendo con los años. En las dos entregas ya concretadas, hay carne de cuento, carne de relato, personajes, citas o recuerdos fugaces de películas, de climas, o hasta de algún tango. La curiosidad aumenta con lo aún no conocido. El ritmo será imprevisible, tal vez no demasiado lento. Todos estaremos a la espera, sin drama, sin presiones, para recorrer ese mundo entretejido, denso y fascinante a la vez.

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Elvio E. Gandolfo

Elvio E. Gandolfo

Crítico de Libros.

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