OPINIóN | 09-11-2013 20:08

Justin al horno

Burlarse de la histeria colectiva es fácil, entender a Justin no.

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Si los 27 años son una edad crítica en el rock, para los cantantes populares (en especial los masculinos) la decadencia suele ser más ondulante aunque igual de dramática. Frank Sinatra, el más grande de todos, metió la cabeza en el horno después de ver cómo sus admiradoras seguían a Eddie Fisher, músico hoy olvidado que también tuvo su cuarto de hora y por supuesto terminó según la regla: mal. De no ser por Ava Gardner, considerada la mujer más bella del mundo (era actriz) y en esa época esposa de Frank, el mayor intérprete del siglo veinte se suicidaba. ¿Qué hizo ella? Arrodillarse a los pies del dueño de los estudios donde trabajaba para que le diera impulso a la carrera  cinematográfica de su marido; obvio que una vez en el piso no se dedicó a rezar…

Justin Bieber tiene un gran problema: Es talentoso, y esa característica, igual que en el caso de Sinatra, no le augura nada bueno en el mediano plazo. Si sobrevive puede ser que gane en el largo, pero las chances son bajas. Sin banda que lo contenga el chico hace lo que puede, y por ahora eso se limita a abandonar su imagen de niño eterno. Claro que en un par de años ni siquiera 24 hs. de gimnasio podrán salvarlo de la debacle que, seguro, deberá afrontar hasta subir un escalón; ascenso artístico reservado a uno en un millón, uno que para más datos tiene que tener ayuda. Frank encontró una diva que en el momento más alto de su carrera (la de ella) entregó su cuerpo por él. Hoy el sacrificio no es un fenómeno muy popular que digamos.

Parece mentira hablar de la fragilidad de un chico que tiene en vilo al planeta. Sin embargo, eso es lo que exuda el bueno de Justin: Aún transitando la cumbre se ve que está en el horno, inestabilidad que los buenos observadores deberían contemplar con pena a pesar de la gloria.

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