jueves, noviembre 14, 2019

OPINIóN | 08-10-2019 15:50

Nobel de Física 2019: premios por conocer más y mejor nuestro Universo

La distinción de la Academia Sueca de Ciencias fue para dos astrofísicos suizos, Michel Mayor y Didier Queloz, y un cosmólogo canadiense, James Peebles. ¿Cuáles fueron los motivos?

Es uno de los premios Nobel más cantados y esperados. Entre los tres científicos distinguidos hoy, cambiaron el modo en el que vemos y consideramos el Universo, la posibilidad de existencia de formas de vida no terrestres y hasta acercaron las fantasías de viajes interestelares un poquito más a la realidad.

Hasta 1995 las escuelas y colegios enseñaban los nombres de nueve planetas, todos circundantes de nuestra estrella madre, el Sol. Pero aquél año las cosas comenzaron a cambiar: los astrofísicos suizos Michel Mayor y Didier Queloz detectaban un planeta muy caliente, de una masa similar a la de Júpiter, orbitando una estrella anfitriona que no era el Sol. El primer exoplaneta o planeta extrasolar era descubierto y el hallazgo hizo que científicos y neófitos tuvieran que reformular las hipótesis acerca de cómo se forman los planetas.

Ambos fueron distinguidos hoy con el Premio Nobel de Física 2019, en conjunto con un tercer integrante, el cosmólogo canadiense James Peebles, cuyas investigaciones teóricas sobre la radiación de fondo cósmica cambiaron la visión que tenemos acerca del Universo.

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Los tres científicos reciben el premio por sus “contribuciones a nuestra comprensión de la evolución del Universo y el lugar de la Tierra en el cosmos”, según el veredicto de la Real Academia de Ciencias Sueca. La primera parte se corresponde con los trabajos de Peebles, la segunda, a los realizados por Mayor y Queloz, que culminaran con “el descubrimiento de un exoplaneta orbitando una estrella de tipo solar”.

El descubrimiento del planeta gigante gaseoso, al que se llamó 51 Pegasi b después de su estrella madre, 51 Pegasi, fue una sorpresa. Los planetas gigantes gaseosos, como Júpiter, se encuentran en las partes externas del Sistema Solar. Según la teoría predominante, la formación de estos planetas requiere bloques de construcción helados que están disponibles solo en regiones frías lejos de las estrellas. Sin embargo, Mayor y Queloz comprobaron que 51 Pegasi b orbitaba a su estrell a una distancia diez veces más cercana que Mercurio del Sol. Una posible explicación es que el planeta se formó más lejos y luego migró a su ubicación actual.

En los 24 años transcurridos desde el descubrimiento de 51 Pegasi b, fueron identificado alrededor de 4.000 exoplanetas. Además, aquella detección de Mayor y Queloz de 51 Pegasi b en 1995 abrió las puertas para desarrollar un nuevo campo de la astronomía. De acuerdo con la prestigiosa revista científica Nature, las filas de investigadores de exoplanetas han crecido constantemente, y algunas estadísticas muestran que ahora representan aproximadamente una cuarta parte de la profesión de astronomía. Los subcampos incipientes incluyen el estudio de la demografía de exoplanetas y la caracterización de atmósferas exoplanetarias.

El descubrimiento de Mayor y Queloz “inició una revolución en la astronomía”, de acuerdo con la academia sueca. “Extraños nuevos mundos están siendo descubiertos con una riqueza increíble de tamaños formas y órbitas. Desafían nuestras ideas preconcebidas sobre los sistemas planetarios y obligan a los científicos a revisar sus teorías”.

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Radiación de fondo. El descubrimiento realizado por James Peebles de la radiación cósmica de fondo en 1965 fue, de acuerdo con Mats Larsson, presidente del Comité Nobel en la academia sueca, “una mina de oro para nuestra comprensión de cómo el Universo se ha desarrollado desde su primera infancia hasta la actualidad. De no haber sido por los descubrimientos teóricos de Peebles, las maravillosas mediciones de alta precisión que se han hecho de esta radiación en los últimos veinte años no nos hubieran dicho casi nada”.

La radiación de fondo cósmica, más conocida como eco del big bang, describe una radiación emitida alrededor de 400.000 años después del Big Bang (o gran explosión que habría dado origen al Universo) en el momento en que el cosmos se volvió transparente y la luz pudo viajar por primera vez a través del espacio.

Actualmente esta radiación llega a la Tierra desde todas las regiones del cielo. Imperceptible para los sentidos humanos, se puede registrar con telescopios y permite deducir cómo era el Universo y cómo ha ido evolucionado a lo largo de su historia.

Son los trabajos de James Peebles los que han permitido interpretar esta radiación y descubrir que el Universo observable sólo representa el 5% de toda la materia y energía existentes. El 95% restante está formado por materia oscura, que tiene masa pero no es visible, y por una enigmática energía oscura para la que los astrofísicos aún no tienen explicación.

Así, el científico canadiense “estableció los fundamentos para la transformación de la cosmología a lo largo de los últimos cincuenta años desde la especulación hasta la ciencia”, destaca la academia sueca. Su teoría “es la base de nuestras ideas contemporáneas sobre el Universo”.

Entre los tres, cambiaron nuestras nociones acerca de dónde vivimos y también sobre qué o quiénes pueden llegar a rodearnos: en las últimas dos décadas diferentes expertos se han dedicado a definir cómo y por qué podría ser posible hallar nuevas formas de vida fuera del planeta Tierra. Lejos, tal vez, muy lejos, de nuestro Sol.

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