Monday 27 de May, 2024

OPINIóN | 09-04-2024 09:00

Milei y sus problemas con el principio de realidad

Milei no asume la muerte de Conan, parece imposibilitado de tramitar simbólicamente su falta. Por qué necesita inmortalizarlo.

La reciente entrevista del Presidente con Andrés Oppenheimer ha arrojado aún más polémica sobre un dato que desde la asunción presidencial de Milei ha devenido a casi “cuestión de Estado”: la existencia viva de Conan, el  mastín fallecido en 2017.

El carácter de “cuestión de Estado” excede lo anecdótico que puede resultar las historias de una mascota presidencial, sino lo llamativo sobre el registro (o no) de quien actualmente preside nuestro país en relación a la pérdida de un ser querido (como sí, puede ser hasta una mascota), y todos los mecanismos que pueden dispararse psíquicamente en un individuo a la hora de una pérdida dolorosa. En síntesis, la relación -en este caso- de un Presidente con el principio de realidad.

La conducta pública de Milei ha resultado  llamativa para cualquier mirada desde lo que podríamos denominar “sentido común” (y no solamente para una perspectiva profesional o clínica) cada vez que se refiere a su difunto perro. Habla de él en tiempo presente, particularmente desde una posición discursiva intermedia entre la desmentida y la repulsa por el principio de realidad (Verleugnung y la Verwerfung respectivamente en palabras de Freud, lo cual de prevalecer más la segunda que la primera no sería un dato alentador para alguien que decide los destinos de un país). Milei no asume la muerte de Conan, parece imposibilitado de tramitar simbólicamente su falta. Necesita inmortalizarlo a través de acciones que por momentos parecen bizarras y hasta delirantes.

Primero, a los pocos meses del fallecimiento del animal, abriendo una cuenta de twitter con la cual dialogaba con Conan por la red social. Después, clonándolo. Luego, con la deificación o divinización de Conan, quien “no está muerto” sino que “desapareció físicamente” para irse “al lado del Uno” (Dios) y ser el portavoz “de las fuerzas del cielo” con él mismo. Y ahora, reencarnado de manera homónima en un “quinto perro”.

Cualquiera tiene derecho a rendir pleitesía a un ser amado que dejó este mundo. Pero el punto a tener en cuenta es que Conan (como se ve en los posteos en sus redes) no es uno más de sus “hijitos de 4 patas” sino que ocupa un lugar de “padre”, un padre muerto pero del cual se reniega su muerte. De estar imposibilitado en la tramitación simbólica de la muerte de un padre, máxime en un Presidente, algunos diríamos “Houston, tenemos problemas”.

 
*Hernán Scorofitz es psicoanalista.

por Hernán Scorofitz

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