Música / 20 de enero de 2012

música

Las canciones del inglés

James Blunt vino por segunda vez a nuestro país, aunque
ahora como figura central. Llenó el Luna Park en el marco
de su gira “Some Kind of Trouble”.

Por

Inglés de Tidworth, en pocos días cumplirá 38 años. Su primera relación con la música llegó en la infancia y con la clásica, con el teclado del piano y las cuerdas del violín. Hijo de padre militar, ya desde adolescente tuvo su licencia para pilotear aviones, y en algún momento fantaseó con ser ingeniero aeronáutico espacial. Finalmente, se recibió de sociólogo en la Universidad de Bristol. Pero, como su educación había sido apoyada en buena medida por el ejército, hizo un extenso servicio militar, que se prolongó en un alistamiento que terminó llevándolo al cargo de capitán. Como tal, fue comandante de un grupo de 30.000 hombres en una fuerza de paz en Kosovo, y vivió en consecuencia la dura experiencia de la guerra. Después de seis años de pertenecer al ejército, consideró que era el momento de volver a su guitarra eléctrica y al pop de su juventud y dejó esas filas para dedicarse íntegramente a la música.

Evidentemente, la decisión le resultó muy buena. En el 2004 editó su primer álbum, “Back to Bedlam”, y las ventas fueron explosivas. Y la cosa terminó de consolidarse con su aun más exitoso “All the Lost Souls” de 2007. Su tercer y hasta ahora último disco se llama “Some Kind of Trouble”, que en la Argentina lleva vendidas ya más de 25.000 copias. Fue editado en el 2010 y ese es, simultáneamente, el nombre de la gira que lo acaba de traer por segunda vez a nuestro país para tocar frente a un Luna Park repleto; antes, había llegado como telonero del concierto de Elton John en la cancha de Boca en enero del 2009.
Nadie recuerda –o a nadie le importa– que haya cambiado su original apellido Blount. Todos lo identifican con su seudónimo artístico y así lo aceptan. Con sus canciones bien construidas, con su cara bonita y sonriente, con sus ojos claros –no casualmente, la mayoría de sus fans son mujeres–, con su simpatía, con sus palabras en español castizo –vive en Ibiza y allí aprendió nuestro idioma–, con un estilo vocal prolijamente ajado, con sus descolocados saltos hacia el agudo –por momentos evoca a la colombiana Shakira–, con un repertorio que mezcla títulos de toda su breve pero muy fructífera carrera.
James Blunt hace un poco de rock, otro poco de pop y mucho de folk. Por eso, en su exhibición de guitarras –tanto que hasta tiene un señor encargado de afinarlas sobre el mismo escenario– varias son de caja y suenan a la vieja usanza. El respaldo es una banda clásica, con una o dos guitarras extra, un bajo, uno o dos teclados, batería y los coros de esos mismos compañeros. Por el desfile de hits –Blunt es un especialista en concebir canciones pegadizas– pasan temas como “Wisemen”, “High”, “You’re Beautiful”, “I’ll Be Your Man”, “Stay the Night”, “1973”, etc. Y aunque en el contexto de cierto convencionalismo propio de su lenguaje mantuvo un clima parejo y profesional, se hizo verdaderamente importante cuando cantó, acompañándose solo con el piano, su excelente balada “Goodbye My Lover”.

 

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