Personajes / 23 de Marzo de 2012

Carola Reyna (49)

“Soy intensa, pero el humor me salva”

Actúa en “Todos felices” y reflexiona sobre fobias y fracasos, los vaivenes de la pasión y la madurez. Cristina y posturas extremas.

Cambios internos. Hacer terapia la ayudó a aflojarse y ser más tolerante. Le gustaría incursionar en la música o la pintura.

Llega a la cita con un costado de la boca hinchada, producto de una visita al dentista. Está preocupada porque la inflamación no baja y debe hacer una función. No se le nota tanto, pero ella lo magnifica de una manera graciosa. “Soy intensa, pero el humor me salva”, dice Carola Reyna un rato antes de transformarse en Sara, una esposa pacata, conservadora y romántica: su personaje en “Todos felices”, la obra que dirige Oscar Martínez.

En la vida real nunca se casó, por fobia declarada al compromiso. “Necesito tener la cadena bien suelta, si no me siento ahogada, pero también necesito mucho cuidado, amor y contención. Solo me quise casar en mi juventud, con uno que era más fóbico que yo y me largó”, dice risueña. Sin embargo, su pareja de casi 20 años con Boy Olmi es una prueba contundente de amor a lo largo del tiempo. Asegura que la madurez la encuentra bien parada, que nada es demasiado importante en este momento, y que se aflojó más desde que dejó el psicoanálisis. Apolítica durante toda su vida, ahora les presta atención a los vaivenes del país y tiene una mirada positiva sobre Cristina Fernández, aunque no se embandera con el Gobierno ni compra “el relato” entero.

Noticias: ¿Tiene algo en común con su personaje, Sara?

Carola Reyna: ¡Qué horror si te dijera que soy idéntica! (risas). Quizás mi manera de estar encima del otro, como esposa y como madre, me hace acordar a ella. Aunque no soy igual. Es mi parte controladora, el querer que las cosas se hagan como uno cree que están bien, la manera de querer imponer las cosas a los otros. Esa es mi parte  “sarística”, pero yo no hago esos movimientos (chasquea los dedos) ni tengo ese matrimonio, por suerte. Ella tiene el sistema nervioso destrozado, producto de sentirse y de remarla sola, y tampoco es mi caso. Puedo tener mi neurosis, como todas las mujeres, pero me siento bastante apoyada y acompañada.

Más información en la edición impresa de la revista

 

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