Libros / 11 de Mayo de 2012

libro

Las ideas de la sra. Smith

“Cambiar de idea”, de Zadie Smith. Salamandra, 413 págs. $ 95.

Por

A veces leer es una actividad misteriosa. Dejando de lado los gustos, y los autores o textos donde entramos con total confianza, digan lo que digan nuestros amigos y familiares, o hasta nuestros enemigos, están los disgustos inexplicables. A priori no hay nada inevitable para el disgusto en determinado autor. Es más: puede estar certificado como profundo, central, entretenido. Me ha pasado con Jonathan Franzen: desde hace años tengo “Las correcciones” (es más: la extravié y la compré de nuevo), y desde casi un año “Libertad”. Me digo “Mañana o pasado la empezaré”, con la misma convicción con que Silvina Bullrich decía “Mañana digo basta”. Algo parecido me pasa con Zadie Smith: no he leído sus novelas, aunque con demoradas y perezosas ganas de hacerlo. Pero en cambio leí y disfruté mucho las recopilaciones de ensayos de ambos autores: “Cómo estar solo” de Franzen, y ahora “Cambiar de idea” de Zadie Smith.
Una de las claves es que los dos libros mezclan con eficacia el plano personal y el cultural o social. En los dos hay retratos emocionantes del padre y las familias (reprimida y típicamente americana en Franzen, anglojamaiquina y dinámica en Smith).
Esta recopilación tiene una virtud: no recoge textos cortos (salvo la serie de críticas de cine, presentadas como una sola “tira”), sino largos. El más extenso de todos, “Entrevistas breves con hombres repulsivos: los obsequios difíciles de David Foster Wallace”, cierra el volumen con un análisis a la vez minucioso y apasionado de la obra del genial escritor norteamericano que se ahorcó en el 2008.
Zadie Smith es muy inteligente y escribe muy bien: sabe acosar una idea hasta entregarla nítida. Una comparación, por ejemplo, entre Roland Barthes y Nabokov se sigue con interés, incluye buenos chistes e ironías, y es afinada con notas al pie. Opina con originalidad sobre Kafka, “Bellisima” de Visconti, E. M. Forster o la entrega de los Oscar. Y cumple con su papel de “cronista” (ese oficio a la vez incierto y lleno de glamour) en un texto sobre Liberia. A todo lo largo, suena una voz distinguible, personal. Tendré que leer al menos una de sus novelas: “Dientes blancos”, “El cazador de autógrafos” o “Sobre la belleza”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *