Opinión / 20 de julio de 2012

Casa de muñequitas

Chas chas. El castigo financiero de la Presidenta a la provincia de Buenos Aires pretende doblegar a Scioli.

Ilustración: Pablo Temes.

La presidenta Cristina Kirchner ya tiene una muñeca con su figura. Confeccionada en tela y de unos 30 centímetros de alto, fue presentada por la propia jefa de Estado durante un acto en Casa Rosada y según contó, se vende como souvenir en el Museo del Bicentenario. También está a la venta en internet… La Presidenta contó que también hay muñecos con las figuras de su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, y de los mandatarios de Uruguay, José Mujica, y de Venezuela, Hugo Chávez, entre otras figuras argentinas y sudamericanas”. (Clarín, el diario maldito).

A Cristina le encantan las muñequitas. Son tan buenas. Una puede hacer cualquier cosa con ellas: abrazarlas, insultarlas, pisotearlas, romperlas, sin que reaccionen. Sus favoritas, las que más ama, saben batir palmas, sonreír, mover los ojos y decirle cosas lindas, aunque hay que darles cuerda antes, lo que no es fácil porque tiene tantas desde que, hace poco más de cinco años, su marido Néstor le regaló un país lleno de muñequitas de trapo y plástico de todos los tamaños y una caja enorme en que ponerlas. Claro, Néstor, pobre, era un santo pero por ser un hombre incluyó algunas que en verdad son muy feas, como la que lleva el nombre de un camionero llamado Hugo Moyano y otra de un motonauta, o algo por el estilo, de apellido Scioli. Con dolor, Cristina, una mujer muy bondadosa que irradia amor, decidió despedazarlas.

Pero entonces, para asombro de Cristina y sus amigos, no solo las muñequitas condenadas a pudrirse en el basurero sino también otras, acaso muchas otras, empezaron a dar señales de vida, como si se creyeran personas auténticas. ¡Qué pesadilla! Fuera de ciertos relatos maliciosos, nunca había ocurrido nada igual. Las muñequitas, sobre todo las suyas, no tienen derecho a rebelarse contra su dueña. Tendrá que castigar a las díscolas para que todas aprendan a obedecerle como corresponde.