Clásica / 21 de Septiembre de 2012

clásica

Violín virtuoso

Concierto del violinista Maxim Vengerov y el pianista Roustem Saitkoulov. Obras de Bach, Schubert y Beethoven. Teatro Colón. Abono Bicentenario.

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Hacía dieciséis años que Maxim Vengerov, uno de los violinistas más extraordinarios de las últimas décadas, no se presentaba en Buenos Aires. En aquel momento, el joven virtuoso estaba en la cresta de la ola, y era tan natural como previsible que deslumbrara al público argentino.

Las circunstancias de este regreso de Vengerov al Colón parecían muy distintas. En el  2007, una lesión lo alejó de los escenarios y, desde entonces, se volcó hacia la dirección orquestal. Recién en el 2011 retomó su actividad como violinista. Era compresible que esta visita generara expectativas y dudas respecto de su rendimiento. Pero bastó que Vengerov tomara su instrumento y comenzara a interpretar la Partita N°2, de Bach, para despejar cualquier incertidumbre. A los 38 años, este músico es más que un virtuoso excepcional. Es un artista íntegro, expresivo y comunicativo. Desde el comienzo de la “Alemanda”, se apreció su sonido aterciopelado, su afinación impecable, su absoluto dominio técnico y, sobre todo, una profunda sensibilidad.

En el Dúo, op.162, de Schubert, y en la célebre Sonata “Kreutzer”, de Beethoven, se sumó Roustem Saitkoulov, un pianista que, a pesar de sus indudables cualidades, no logró establecer un diálogo musical fluido con Vengerov. La comunión se hizo presente solo ocasionalmente, cuando el pianista lograba imprimir matices en su discurso. Pero nada pudo opacar el descomunal talento de Vengerov, que derrochó un constante virtuosismo.
Ante las entusiastas ovaciones, se mostró generoso y regaló cuatro piezas fuera de programa, dejando al público en éxtasis con la exquisita “Meditación” de Thaïs, de Massenet.

 

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