Personajes / 14 de Diciembre de 2012

Mauricio Wainrot (66)

“Me aburre la queja, acá nadie proyecta”

Director artístico del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, estrena espectáculo. Pérdidas, honores y alquimia en la cocina.

"En los últimos años tuve muchas pérdidas. Sentí la necesidad de hacer la obra para homenajear a los muertos queridos; el fuego implica un renacer, me siento un Ave Fénix".

Soy perro de fuego, nacido para mandar, un líder natural. Me enteré hace un montón, por el horóscopo chino, cuando Ludovica Squirru todavía era una niña dice locuaz, con voz ronca pero potente, poniéndole énfasis al relato que retumba en el hall del Teatro San Martín. “En 1985 me fui contratado a Suecia, por la Ópera de Gotemburgo y una amiga me tiró el I Ching; me dijo un montón de cosas maravillosas y esto de ser perro de fuego. Tenía 39 años y decidí hacerme cargo del mandato chino. Y eso que no soy de seguir el horóscopo”.

Noticias: Pero el horóscopo no le falló.

Mauricio Wainrot: La verdad, no. Y siempre estuve muy sorprendido con los aciertos.

Noticias: Usted es un grosso, con el debido respeto.

Wainrot: Sin embargo soy un muchacho de Villa Crespo, nacido en Muñecas y Thames; y sigo teniendo esa esquina en mi corazón y en mi manera de actuar. Después me fui a vivir muchos años a Monserrat y al regresar del exterior, cambié de país: vivo en Palermo Chico (ríe estrepitosamente).

Noticias: Bromas aparte, vivió mucho tiempo fuera de la Argentina. Ha recorrido un largo camino.

Wainrot: Necesitaba un exilio artístico. Y justo fue que en 1984 Ulf Gadd -el director del Teatro de la Ópera de Gotemburgo- me vio bailar “Anna Karenina” y me contrató para irme y montar un programa completo. Era por tres meses y me fui 15 años. Necesitaba probarme ante otros públicos. Trabajé en 48 compañías de danza del mundo; creé unas 50 obras pero tengo más de 200 puestas en el planeta. El ballet de Bélgica estrenó 11 obras mías. Pero el amor de mi vida es esta compañía.

Wainrot es el director artístico del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín y está presentando en la Sala Martín Coronado, la nueva coreografía de “Flamma Flamma. Réquiem del fuego”, con música de Nicholas Lens. En el 2007, la compañía celebró treinta años de actividad ininterrumpida como cuerpo artístico permanente y, para muchos, es en la actualidad la formación de danza más destacada del país.

Noticias: ¿Usted dirigió el Ballet en dos oportunidades?

Wainrot: La primera vez del ’82 al ’85; y a fines del ’85 me fui con Carlos Gallardo escenógrafo, vestuarista, artista plástico y mi compañero de vida, a Gotemburgo. Luego viajamos a Wiesbaden, Montreal, Israel, Francia, Italia, México, Chile… Y mi segunda vez al frente de la compañía fue mejor, porque ya venía con experiencia internacional. Yo me había formado entre el Colón y el San Martín, no sabía cómo se trabajaba afuera. Después de Suecia, donde tuve un éxito increíble, y de montar “Fiesta” en la Ópera de Wiesbaden, me empezaron a llamar de todas partes, hasta que Kive Staiff me ofreció el cargo en 1999. Mi mamá tenía 88 años y resolví volver, también para estar a su lado; mi madre murió el año pasado con 99. A ella le alargué la vida y tuve la posibilidad de rehacer la compañía. Llevamos hechos más de 70 programas, han pasado 32 coreógrafos y yo soy el coreógrafo residente.

La compañía se inició cuando Kive Staiff, director general y artístico del Teatro San Martín por aquellos años, convocó en 1977 a la bailarina y coreógrafa Ana María Stekelman para ponerla al frente de lo que en ese momento se denominó Grupo de Danza Contemporánea del Teatro Municipal General San Martín. Posteriormente, en 1988, la compañía adoptó el nombre definitivo con el que hoy se la conoce.

Noticias: ¿A qué atribuye el éxito de la compañía?

Wainrot: Tiene que ver con una disciplina de trabajo y con el apoyo del Ministerio de Cultura, y la Dirección y la Fundación del Teatro San Martín. Sólo no hubiera podido hacer las cosas.

Noticias: Y en cuanto a los bailarines, ¿hay mucho recambio?

Wainrot: Cada tres años, la compañía se modifica. En parte se debe a que tenemos una escuela que es un semillero. El 70% de nuestros bailarines son del interior del país, lo que me da un gran orgullo, es un ballet federal. Los padres hacen tremendos sacrificios para que los chicos vengan y estudien. Los mejores entran en la compañía. Y muchos buscan otros lugares, después de un tiempo. Otros veo que se han estancado y les doy cabida a los nuevos. Es muy dinámico; vienen muchos coreógrafos, este año invitamos a cinco argentinos. Yo decido lo que pasa arriba del escenario pero tengo una variedad enorme de colaboradores.

Fotos: Marcelo Dubini y Noel Smart.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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