Música / 20 de diciembre de 2012

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Una señora material

La gran diva del pop mostró en Buenos Aires un espectáculo deslumbrante. Cerrará el sábado 22 en Córdoba.

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Nunca sabremos si efectivamente estaba con fiebre y que por eso arrancó con 80 minutos de atraso el primer show. Tampoco sabremos de dónde surgió la versión de que su actuación del sábado no se haría. Ninguna importancia tiene. Madonna está en Argentina, hizo sus presentaciones en River, le queda una en el Estadio Kempes de Córdoba, y volvió a mostrar que sigue siendo reina, ya no del pop sino del espectáculo internacional.

Louise Veronica Ciccone se hizo Madonna hace muchísimo tiempo, y a fuerza de jugar con los escándalos, de hacer públicos muchos asuntos de su vida privada, de sobreactuar cierta actitud de enfrentamiento con la iglesia, pudo incrementar enormemente su fama. Pero, sobre todo, es quien es porque sus discos son una muestra cabal de ese subgénero al que llamamos “pop”, porque sus espectáculos se superan entre sí y logran estar permanentemente a la vanguardia, porque tiene la virtud de reírse hasta de sus propios límites, porque es seria y muy prolija a la hora de subir al escenario. El “MDNA Tour” es, en lo formal, la presentación de su último disco. Sobre su lista de canciones se estructura, entonces, mucho de lo que sucede. Independientemente de eso, hay algunos grandes hits  de su historia como “Like a Prayer” o “Celebration”.

Pero lo que verdaderamente importa es cómo está organizado el espectáculo –son cuatro partes: “Transgresión”, “Profesía”, “Masculino-Femenino” y “Celebración”–, la maravilla tecnológica que lo sostiene, la profundidad dramática con que fue concebido, la multiplicidad de elementos que juegan en las 20 canciones y dos horas de show, el destacado papel del trío vasco Kalakan, y la capacidad de Madonna para pasar por la violencia, el erotismo, la religiosidad, la fiesta, las adicciones, la locura, la alegría y la emoción íntima. Puede ser algo demagoga al hacer aquí “Don’t Cry For Me Argentina” en reemplazo de “Like a Virgin”, para lucir un tatuaje con la palabra “EVA” en su espalda y para desplegar una bandera argentina. Y puede ser tan osada como para mostrar brutalmente su trasero, algo vencido por los años, sin que nada se le desacomode.

 

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