Deportes / 25 de Enero de 2013

Cómo colgarse de las nubes

El deporte acuático que gana más adeptos en la costa ya está cerca del rango olímpico.

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Llega el verano y los deportes extremos arrasan en la costa. El surf y el windsurf son los deportes por excelencia. Pero desde hace unos años, el kitesurf se instaló como un competidor que les pelea palmo a palmo la supremacía en las aguas. Este fenómeno invade los principales lugares de veraneo, entre ellos Mar del Plata, Pinamar y Punta del Este. Incluso hay quienes se animan y lo practican en lugares más fríos, como en algunos lagos del sur del país. La moda entre los simples aficionados acompaña el avance de una disciplina acuática que ya casi logra el estatus olímpico.

En los Juegos Olímpicos de Río 2016, el kitesurf iba a tener su bautismo de fuego en reemplazo del windsurf. “Estos anuncios marcan una nueva era para la navegación”, destacó en un discurso el sueco Göran Petersson, el presidente de la Federación Internacional de Vela (ISAF), quien fue el encargado de confirmar la incorporación de esta disciplina para los Juegos de Río de Janeiro 2016. “El kiteboarding nos ha demostrado que está listo para ser incluido en la lista de prestigiosos eventos de la ISAF y es una fantástica incorporación al programa de vela para los Juegos del 2016”, detalló la máxima autoridad de la Federación Internacional. Pero tras varias reuniones, donde distintas federaciones presionaron para rever la moción, se decidió declinar lo confirmado en mayo último y, por ello, el kitesurf deberá esperar un ciclo olímpico más. Mientras tanto, los argentinos tienen tiempo para entrenar, con el objetivo de sumarse al pelotón líder de las competencias internacionales.

El kitesurf puede practicarse en ríos, lagos o en el mar, aunque navegar en olas exige un dominio mucho mayor de la disciplina. Dicen los entendidos que este deporte acuático tiene una mecánica muy sencilla. Quien lo practica va parado sobre una tabla similar a las usadas para el surf, a la vez que mediante un arnés está sujeto al kite que embolsa viento y se desliza sobre el agua. Si bien se basa en el deslizamiento en el agua, no es necesario saber surf para practicarlo.

Durante el año puede verse la costa de San Isidro colmada de adeptos que utilizan las aguas del Río de la Plata para despuntar el vicio. Allí se inician. Allí reciben las primeras instrucciones en las escuelas diseminadas, pero rápidamente pasan a una segunda etapa. Practicarlo en el mar.

No tan fácil. Si bien muchos se animan a decir que es la nueva sensación y que el kitesurf es un camino de ida, no es tan sencilla su práctica. No es cuestión de comprarse los implementos y lanzarse al agua. “Eso no sería otra cosa que una locura, un riesgo absoluto más allá de que uno sepa nadar y que lo haga con las medias de seguridad básicas”, explica Diego Duverges, director de la escuela Buenos Aires Kitesurf, que funciona en el club El Ombú, en Elcano 994, Acasusso. En su visión, este deporte tuvo un gran impulso en los últimos siete años. “Cada vez se ve una colonia más grande de adeptos. El crecimiento es innegable. Este año se ve un 20 por ciento más de kites en el agua que el año pasado. Algo que va de la mano con el aumento de las personas que quieren tomar clases”, dice el instructor. Los clubes se van multiplicando. Por caso, además de El Ombú, otros clubes ubicados sobre la calle Elcano, desde Alvear hasta Perú, como Puerto Tablas y El Molino, sirven de imán para los aficionados a este deporte.
Si bien es considerado como un deporte extremo, los requerimientos básicos para iniciarse no son tantos como podría pensarse. “Por mi experiencia, diría que es más maña que fuerza. La clave es aprender a manejar bien el viento, dominar el kite y, como tenés un arnés, no se necesita mucha fuerza para poder navegar.

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