Economía / 22 de febrero de 2013

banqueros centrales

El top five de las finanzas

Se reúnen una vez por mes en el mayor de los secretos en Basilea, Suiza. Sus decisiones marcan la tendencia de la economía global.

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En la segunda semana de cada mes, los cinco personajes, discretos y reservados, se encuentran en Basilea, la ciudad más monótona de Suiza. Figuran entre las veinte personalidades más poderosas del mundo. Ben Shalom Bernanke -presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos-; Mario Draghi -gobernador del Banco Central Europeo-; Sir Mervyn Allister King -del Banco de Inglaterra-; Masaaki Shirakawa -del Banco de Japón- y Zhou Xiaochuan -del Banco Popular de China- representan el top five del Consejo de Administración del Banco de Pagos Internacionales, más conocido como el Banco de Basilea. Por la función reguladora, el Banco Central de los Bancos Centrales. En la práctica, aprovechan ese cónclave para medir la temperatura de los mercados monetarios y detectar las zonas de turbulencia de la economía mundial. Integran la secta más hermética e influyente del planeta. Poca gente conoce la existencia de ese club informal. Solo un puñado de personas tienen el privilegio de asistir: los gobernadores de otros 14 bancos centrales influyentes y los delegados de algunas instituciones monetarias creadas a raíz de la crisis global 2008/2009. En esa mesa, América Latina tiene un solo representante: el imponente mexicano Agustín Carstens.

Cómo funcionan. Las deliberaciones del grupo empiezan por lo general a las 9 de la mañana en la Centralbahnplatz, cuando en Tokio son las 17 y en Nueva York las 4 de la mañana. A esa altura, ya cerraron los mercados financieros asiáticos y aún no abrió Wall Street. Pero nadie confía en esa suerte de garantía horaria: los agentes del mercado operan “around the clock” (durante las 24 horas del día) de lunes a viernes, es decir que sus órdenes de comprar o vender pueden desestabilizar online el sistema monetario internacional desde las pantallas de Reuters o Bloomberg.

Los mega banqueros residen en hoteles ubicados a menos de 100 metros del BPI. “Nosotros nos alojamos en el Schweizerhof desde 1933”, responden los británicos con asombro, como si alguien pudiera cambiar tan fácilmente sus hábitos de un año para otro. Para llegar hasta el gran edificio cónico de vidrio y cemento, solo cruzan la calle. Los norteamericanos -insensibles al charme de la hotelería suiza- tienen su cuartel general en el moderno Hilton, ubicado en la acera opuesta del boulevard. Los franceses, adeptos de cierta intimidad, prefieren caminar 60 metros con tal de alojarse en el distinguido Euler, famoso por su fachada celeste. El gran atractivo del Euler es su refinado resto, “A la fine bouche”.

A pesar de su aspecto informal, cada reunión mensual de los hombres más poderosos de las finanzas mundiales es el resultado de una minuciosa preparación y se realiza según un protocolo escrupuloso aunque no escrito. Cuando suenan las nueve campanadas en la catedral, se silencian las tenues conversaciones en torno de la mesa circular y los “central bankers” dirigen su mirada hacia la cabecera de la mesa para comprobar si el presidente del BIP tiene algún anuncio importante que formular. De lo contrario, la junta se limita a dos o tres intervenciones, que nunca duran más de 15 minutos, según explicó el francés Jean-Claude Trichet cuando era presidente del BCE. Las dos horas que quedan libres entre la sesión matutina y la hora del almuerzo se emplean en contactos bilaterales que se celebran en salones privados. Las verdaderas discusiones, sin protocolo ni temario, se desarrollan en la sesión vespertina, que comienza a las 15 horas. Esas conversaciones de fondo, en las cuales circulan informaciones que valen millones de dólares, se realizan al amparo de todo oído indiscreto.

Por comodidad de trabajo, pero también para asegurar la confidencialidad de las reuniones, los encuentros se hacen en inglés. el idioma oficial. El orden del día es propuesto una semana antes por Christian Noyer, presidente de la Banque de France, que se encarga de transmitirlo en consulta por mail encriptado a sus colegas. Los debates, por regla general, se desarrollan entre los banqueros de las cinco grandes potencias; los otros asistentes solo intervienen para responder a alguna  temática precisa o extraordinaria. “No hay protocolo ni categorías, pero en esas reuniones está claro cuál es el peso de cada país y el orden de importancia que tienen en la economía mundial”, asegura Thomas Jordan, presidente del Banco Nacional de Suiza.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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