Blogs / 11 de Marzo de 2013

¿Democratizar la Justicia o alinear jueces?

El llamado proyecto de “democratización de la Justicia” puede terminar con la independencia del Poder Judicial.

En su discurso durante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, la Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner anunció el envío al parlamento para su tratamiento de un proyecto de ley para encarar lo que el gobierno llama “democratización de la Justicia”. Uno de los puntos sobresalientes de la iniciativa es que los miembros del Consejo de la Magistratura de la Nación sean elegidos por el voto popular.

Presentado de esta manera el proyecto ya tiene un primer escollo imposible de sortear: la Constitución Nacional. El art. 114 de la Carta Magna establece que en la elección de los miembros del Consejo de la Magistratura deberá procurarse el equilibrio entre la representación de los órganos surgidos de la elección popular, de los abogados y de los jueces de todas las instancias. Y agrega que será integrado asimismo por otras personas del ámbito académico y científico, en el número y la forma que indique la ley. Es claro, la Contitución dice representación, no dice elección directa como pretende la iniciativa anunciada por la Presidenta.

Podríamos decir que, en caso de aprobarse, esta norma nace herida de muerte. Desde varios sectores ya anticiparon que plantearán su inconstitucionalidad. La elección de los miembros del Consejo de la Magistratura a través del voto popular implicaría también una mayor politización de un organismo que debe ser estrictamente técnico.

El Consejo de la Magistratura tiene como función primordial seleccionar a los jueces federales y nacionales, ejercer facultades disciplinarias sobre los magistrados y habilitar el proceso para su remoción. Es decir, pone y saca jueces. De allí se puede comprender la importancia que tiene.

Ya sabemos que el Consejo de la Magistratura designa y remueve jueces, ahora veamos qué es lo que puede hacer un juez.

Un juez puede:

  • ordenar tu detención
  • decidir dónde vas a estar detenido
  • ordenar el traslado a otra unidad de detención
  • dejarte en libertad
  • ordenar que te vuelvan a detener
  • embargarte el sueldo
  • embargar tus cuentas bancarias
  • ordenar transferencias de tus cuentas bancarias a otra cuenta bancaria
  • ordenar que te sigan
  • abrir tu correspondencia
  • intervenir tu línea telefónica
  • ordenar que se graben tus conversaciones telefónicas
  • abrir tu correo electrónico
  • repartir todos tus bienes
  • abrir tu caja de seguridad
  • llevarse el contenido de tu caja de seguridad
  • separarte de tus hijos
  • si te separaron de tus hijos ordenar que recuperes el contacto con ellos
  • no permitir que te acerques a determinados lugares o personas
  • ordenar que se rematen tus bienes
  • autorizar que te hagan una cámara oculta y que sirva como prueba
  • autorizar que escuchen tus conversaciones telefónicas
  • entrar a tu casa
  • si no lo dejás entrar a tu casa puede ordenar que rompan la cerradura y que tiren la puerta abajo
  • llevarse de tu casa todos los elementos que considere necesarios o importantes para la investigación que esté llevando adelante
  • ordenar el secuestro de tu auto o cualquier otro bien mueble que tengas
  • no permitir que salgas del país
  • ordenar que te extraigan sangre, y si te negás que lo hagan en forma compulsiva
  • autorizar un transplante
  • si sos testigo en un juicio llevarte a declarar mediante el uso de la fuerza pública

 

La lista puede seguir casi hasta el infinito. La Justicia es el último recurso que tiene el ciudadano común frente a los abusos de un par, de un poderoso o del Estado.

Montesquieu escribió en El Espíritu de las Leyes: “No hay libertad si el poder de juzgar no está bien deslindado del poder legislativo y del poder ejecutivo.”

¿En manos de quiénes querés que esté la facultad de designar y remover a los jueces?

 

3 comentarios de “¿Democratizar la Justicia o alinear jueces?”

  1. Un juez también puede:
    * Mentirte de cómo adquirió un anillo de diamantes.
    * Decidir que su remuneración es intangible.
    * Demorar indefinidamente la resolución de una causa, que es otra forma de negar la justicia.
    * Fallar a favor del poderoso o del que le da más dinero.
    * Liberar criminales antes de cumplir la sentencia.
    * En los juicios con jurados populares, ignorar la decisión del jurado.
    Y hay mucho más.

    Pero también podríamos también notar que en el poder Legislativo hay una corriente similar que trata de obtener prebendas, trabajar lo menos posible, cobrar jubilaciones de privilegio, fijarse a si mismo los sueldos, dictar leyes que impidan su juzgamiento.

    Y el que se lleva las palmas es siempre el poder Ejecutivo, capaz de perseguirte via policial o AFIP, multarte por una infracción de tránsito que no cometiste, negarte la atención médica, negarte la educación, expropiar tus bienes, matarte con impuestos, y (no es lo menos molesto) decirte que ellos son los genios que salvarán al país cuando uno se da perfectamente cuenta que vamos de mal en peor, poniendo parches a los problemas del día, parches que mañana mismo explotarán.

    Y para peor:
    ¿En manos de quiénes está la elección de los gobernantes y legisladores?
    Es lamentable que, considerados en conjunto, seamos 40 millones de ciegos.

    1. Coincido Santiago con tu posición, ya que es real, pasa todos los días, pero aún así hay que seguir defendiendo la independencia del poder judicial, porque es uno de los principios republicanos que deben velar por nuestros derechos. Sin justicia, sin derecho, sin libertad, no hay República.

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