Personajes / 21 de marzo de 2013

Eugenio Cuttica (56)

“Quiero pintar el vacío, lo intangible”

Fue el artista que más vendió en ArteBA. Tiene talleres en Barracas y en los Hamptons. Autos de colección, Spielberg y Mc Cartney, vecinos.

El edificio de Central Park, en Barracas, parece una escenografía de una película neoyorquina. Un edificio industrial que ocupa toda la manzana, pintado por Pérez Celis. En sus anchos corredores se leen algunos nombres ilustres como el de Yuyo Noé y otros nueve artistas, entre ellos Eugenio Cuttica, que tiene allí dos enormes talleres. Una docena de lámparas iluminan las nueve obras en las que trabaja simultáneamente. Contra las paredes se acumulan más cuadros y todo el espacio parece vigilado por una multitud de cabezas de resina poliéster cristal, montadas sobre pedestales que en su interior guardan caracoles, cadenas, fotos antiguas, llaves, pedazos de jarrones chinos, clavos, pedazos de muñecas.

Cuttica trata de usted a sus siete asistentes, todos jovencísimos: tres carpinteros que arman los bastidores, estiran y clavan las telas, y otros cuatro que ayudan con la preparación de colores, fondos y diseño digital. En ese gran espacio armó un rincón para meditar: un living con sillones, una alfombra y una mesa con un cuenco de cuarzo que emite un fuerte zumbido. “Suena en `la´ –explica–. Antes de empezar a trabajar me siento aquí con los asistentes. Meditamos para dejar afuera la cultura de la competencia destructiva y el antagonismo, y así nos conectamos con los principios de la frecuencia del creador”. Estudió Arquitectura en la UBA, se radicó en los Estados Unidos en los `90, se casó con Ruth y es padre de Lautaro y Franco, que viven en Nueva York.

Noticias: Ahora tiene asistentes, ¿usted tuvo un comienzo similar?

Eugenio Cuttica: Sí, empecé a los 20 años como asistente de Antonio Berni, le preparaba la paleta y pintaba fondos. Lo ayudé a restaurar los murales de Galerías Pacífico. Al año siguiente fui a un conventillo en La Boca donde había varios artistas uruguayos y argentinos, todos andaban por los 50. Yo estaba apadrinado por Freddy Martínez Howard, gran pintor y dibujante. Allí teníamos nuestras jornadas de bohemia y tertulia donde aprendí a pintar, sin pintar. Desde muy joven, creí que la cercanía con los grandes maestros causa un efecto contagioso.

Noticias: ¿Se ve reflejado en alguno de sus asistentes?

Cuttica: Hoy todo es muy diferente. Aprenden mirando lo que hace un artista por internet más que en una conversación, pero yo creo que el verdadero aprendizaje se da por proximidad. Platón decía que un artista es como una antena: atrae el magnetismo del Universo y tiene la propiedad de magnetizar a otros.

Noticias: ¿Cómo pasó del conventillo al Central Park?

Cuttica: Este edificio era la imprenta más grande de América Latina. Lo compró Bernardo Fernández a fines de los `90, un filántropo que hace décadas da soporte a los artistas. Me lo presentó Pérez Celis en el 2000. Él fue el primero en tener un taller acá, y ahora somos diez. De no ser por Bernardo Fernández y su hijo Gustavo, no podría hacer lo que hago.

Noticias: ¿En qué está trabajando ahora?

Cuttica: Hago distintos tipo de obra. Una experimental, “La mirada interior”, una instalación de cabezas de poliéster transparente. Cuando el espectador se acerca ve lo que la cabeza tiene en su interior y desaparece el límite entre el adentro y el afuera, una división que no existe. Otro tipo de obra está más dirigida hacia una propuesta menos conceptual y más estética. Gracias al apoyo de galeristas y “art dealers”, todo lo que hago se logra vehiculizar, acá, en Miami y en Nueva York. La mayoría de la gente trabaja en algo que no le gusta, gana poco dinero, para ir a lugares desagradables, con gente que odia. Yo vivo de lo que me gusta y eso me da una libertad en el sentido griego de la palabra, la “aletheia”. Soy un artista independiente. Mi problema es enfrentarme al deseo cada mañana, el exceso de libertad puede producir una forma de vértigo paralizante, eso exige un gran autocontrol.

Sus asistentes acomodan obras y queda visible la serie vertical “Familiares de un segundo”, cuadros de 2 metros por 1 donde se ven distintos personajes de Nueva York que lo atrajeron, y a quienes Cuttica sacó una foto previamente. Están parados mirando de frente y su silueta es transparente, se ve el fondo a través. También aparecen algunos cuadros de la serie “La sagrada familia”, con el mismo efecto del fondo transparente.

Fotos: Juan Ferrari. Agradecemos al Palacio Duhau Park Hyatt.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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