Teatro / 10 de mayo de 2013

teatro

El fuego de la pasión

“Camila, nuestra historia de amor”, de Fabián Núñez. Con Natalie Pérez, Peter Lanzani y elenco. Dirección: F. Núñez. Lola Membrives, Corrientes 1280.

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La noticia es concreta, han encontrando a la sofisticada y rebelde niña de sociedad Camila O’Gorman y al sacerdote católico tucumano, Ladislao Gutiérrez, opuesto a las ideas políticas de Rosas, imperantes por entonces, fugitivos desde que decidieron asumir el vendaval del amor y la pasión que los consume, contra la opinión de todos. En agosto de 1848, aislados uno del otro en diminutas celdas, desprovistos de sus prerrogativas sociales, ella embarazada de ocho meses y condenados de antemano por la opinión pública, los jóvenes afrontan un final inexorable. Resulta imposible no emocionarse ante la indefensión de dos seres frágiles cuyo único crimen fue enamorarse.
Cuando en Buenos Aires suelen proliferar los musicales extranjeros, muchas veces verdaderos clones de las puestas del Broadway neoyorquino o el West End londinense, hay que celebrar que artistas, creativos y productores argentinos apuesten a un proyecto de raíz nacional a gran escala. Esta temporada, los responsables de esta más que interesante propuesta, comparten la loable proeza con el desparejo, aunque empeñoso “Tango feroz”. No es un dato menor. La insistencia en importar productos (nunca mejor empleado el término) europeos o norteamericanos debería encontrar el justo equilibrio para que la dramaturgia local también halle su expresión en la cartelera local.

Para toda una generación, la trágica trama se popularizó en 1984 con el magnífico film “Camila” de María Luisa Bemberg, nominado al Oscar como mejor película extranjera al año siguiente. El autor de esta versión se aleja de aquel estupendo guión y opta por un camino propio. Quizás aquí encontremos un primer tramo demasiado expositivo y luego cierta precipitación en el desenlace. No obstante, la partitura es de un lirismo infrecuente, que sabe fluctuar entre los distintos climas que reclaman las situaciones.

Pero donde se encuentran los mayores hallazgos del espectáculo es en las interpretaciones: Julia Zenko –una de las voces más bellas de la canción popular– resulta admirable en la caracterización de la abuela, Madame Perichona, mientras Miguel Habud y Laura Silva, como los padres de Camila, imponen su habitual autoridad escénica y una eficaz sobriedad interpretativa, respectivamente. Debora Dixon, la nana de la niña, logra merecidos aplausos por su simpática y aceitada creación. Por su parte, Magalí Sánchez Alleno aporta su reconocido talento en la piel de Manuela Rosas, la hija del legendario Caudillo, y Nelson Rueda como el obispo de la ciudad, compone inteligentemente un villano lejos del estereotipo y pleno de sutilezas.
Finalmente, la pareja protagónica resulta ideal. Natalie Pérez, (quien ya se había destacado en “El diluvio que viene”) reitera con creces sus aptitudes y Peter Lanzani, contribuye con carisma y compromiso.

 

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