Sociedad / 2 de julio de 2013

La noticia deseada y los casos policiales

Cómo influyen los prejuicios y deseos del público en los temas que más atraen a la sociedad.

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El caso Ángeles nos ha mostrado con brutalidad como la opinión pública toma partido por su “asesino favorito” ante un homicidio de alto impacto. El fenómeno ha sido descrito con mucho detalle por Miguel Wiñazki en su libro “La Noticia Deseada”. Basándose en imágenes, sensaciones y prejuicios, ante un caso policial el público se auto convence de la culpabilidad de alguno de los involucrados. Una vez elegido el autor del homicidio, las pruebas en su contra, reales o inventadas, no tardarán en aparecer. No habrá prueba, indicio o pista que complique a otra persona que haga cambiar el veredicto. El espíritu deportivo se adueña del análisis, ¿quién en su sano juicio quiere cambiarse de River a Boca?

La noticia deseada es peligrosa y destructiva, una de sus primeras víctimas es el periodismo. Cuando los periodistas en vez de investigar y formarse su propia convicción fundada en elementos concretos de la causa, eligen acompañar a la opinión pública alimentando el veredicto popular, el periodismo desvirtúa su esencia. Claro que, al mismo tiempo, se venden más diarios y revistas y crece el rating.

Los casos policiales son los escenarios perfectos, aunque no los únicos, para su desarrollo. En los últimos diez años, cuatro de ellos acapararon en distinta medida el interés del público. Los asesinatos de María Marta García Belsunce, Nora Dalmasso, Solange Grabbenheimer y Angeles Rawson fueron los casos más resonantes y en donde se desarrolló con mucha fuerza la noticia deseada. Analizando estos casos notamos que la elección del culpable por parte del público es fácilmente predecible. En todos los casos se volcó al entorno familiar y de amigos íntimos. La gente eligió las hipótesis más escabrosas, escandalosas y antinaturales, ¿casualidad?

En el asesinato de Nora Dalmasso, aún impune, la noticia deseada alcanzo su paroxismo y demostró que la lógica y el sentido común no se le pueden oponer. La gente y el fiscal interviniente creyeron en la posibilidad de que el hijo de la víctima hubiera violado y asesinado a su madre, más allá de que en la causa no había ninguna prueba o indicio, y mucho menos móvil, para creer semejante aberración. Esa hipótesis fue abandonada tiempo después y la gente se olvidó del caso.

El asesinato de Solange Grabbeheimer tuvo en Lucila Frend, con quien la víctima convivía, la asesina perfecta para el público. Lucila es tímida, tiene poca capacidad de empatía con el interlocutor y demuestra nerviosismo al hablar. Fue señalada por la opinión pública como la culpable. El fiscal la llevó a juicio sin pruebas y fracasó. En segunda instancia fue ratificada su inocencia. La gente olvidó el caso, Lucila no, aún vive fuera del país. Una periodista, intérprete perversa de la noticia deseada, escribió un libro de ficción utilizando su caso pero cambiando el final, en el cual la protagonista admite su culpabilidad. Fue un éxito de ventas. El asesino nunca fue encontrado.

El caso García Belsunce es donde la noticia deseada podría haber tenido su efecto más devastador. No por casualidad fue el que más impacto generó en la opinión pública, el que tuvo más cobertura mediática y el que más perduró en las páginas de los diarios. Es innecesario expresarlo, todos creen que fue asesinada por su marido y que su familia encubrió el crimen. Surge una pregunta que estremece, ¿Pudo la noticia deseada haber enviado a la cárcel a un inocente? Carlos Carrascosa fue absuelto del homicidio de su mujer por el tribunal que lo juzgó, pero no tuvo suerte en cuanto al encubrimiento, fue condenado y retirado de la sala esposado, el público lo celebró. En poco tiempo quedó libre, pero no tardaría en llegar una curiosa sentencia de la Cámara de Casación Penal, culpable del homicidio y a la cárcel de por vida. En el caso nunca hubo una sola prueba directa de su culpabilidad y así lo reconoció el tribunal que lo absolvió, pero un fiscal, acompañado por la opinión pública y el periodismo, estuvieron convencidos siempre de que era el asesino. ¿Pudo la noticia deseada influir sobre jueces?, ¿Acaso ellos no tienen familiares y amigos que les preguntan y opinan sobre estos casos de alto impacto?, ¿Es fácil para ellos absolver a quién su propia pareja, hijos y amigos consideran el perfecto asesino?

En un caso de alto impacto público la noticia deseada se lleva por delante la lógica, el sentido común, la falta de pruebas y hasta la justicia. Es capaz de arruinar familias enteras, condenar inocentes, absolver culpables y ensuciar la reputación de las víctimas. Siempre es acompañada por malos periodistas y ávidos editores y productores, fabuladores que no dudan en inventar historias escabrosas donde el sexo es siempre protagonista, chismosos aburridos que quieren entretener a sus amigos y delirantes varios que pululan en las redes sociales.

Enfrentarse a ella es asegurarse una derrota segura. La noticia deseada es tan poderosa que quien que la desafía es tildado de “vendido” o “comprado” por el culpable, es cuestionado e insultado por oyentes/televidentes que saben poco y nada de un caso, salvo repetir el mantra sagrado de la noticia deseada: “Yo sé quien es el culpable”. Pero lo más importante, y que no debemos olvidar, es que la noticia deseada siempre se equivoca. ¿Cómo podría no hacerlo? Nunca se basa en pruebas, tan solo en imágenes, sensaciones y prejuicios. Se equivocó en los cuatro casos antes mencionados, generando impunidad en al menos tres. El caso Ángeles parece bien encaminado a condenar con sólidas pruebas a quien la noticia deseada calificó, como ya hizo otra vez, de “perejil”.

(*) Periodista. Especial para noticias.perfil.com

 

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