Radio / 12 de julio de 2013

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Afán de objetividad

“Mala prensa”. Conductor: Juan Pablo Mansilla, Juan Ignacio Agosto y Alexis Moyano. AM 1190, Radio América, domingos de 17 a 18.

Por

Tres periodistas, cuatro o cinco reportajes por emisión (grabados o realizados en el piso), 40 minutos netos de programa y un intento de ser y parecer objetivos (en los temas sociales se puede ser neutral, pero difícilmente objetivo). Esa síntesis de esfuerzos es auspiciosa en una emisora que supo procurar la objetividad pero que, desde que fue adquirida por el oficialista Sergio Szpolski, bajó en calidad y técnica.
Dejan hablar, se expresan con énfasis, difunden audios bien cortados y, a veces, cuentan con el privilegio del editor. O sea: poder trabajar con el audio de respuestas grabadas mientras que, antes de salir al aire, las de ellos pueden ser reelaboradas.
Los temas son excelentes y los invitados bien elegidos: delegados de medios para hablar de las paritarias y periodistas adecuados para tratar el periodismo y la dictadura. Lo mismo para el tema Malvinas (centrado en la guerra, sin precisiones sobre el destino de la Antártida y del Atlántico Sur), o para “policiales” (hasta cuándo la sección llevará ese nombre, que excede al ámbito de la policía).

Señalan “las tropelías” de Kasanzew (Nicolás) en Malvinas y “el papelón televisivo” de Cynthia García, al mostrar el cuerpo desnudo de Nora Dalmasso en TV. Y algunos errores los cometen a conciencia: “Es lo único que voy a decir, porque Carlos Ares ya no está” (dicen luego de entrevistarlo).
Hay casos en los que ciertos comentarios parecen fundados a medias. Por ejemplo, al hablar de los medios públicos mencionan que miden bien en AM, pero desconocen que en FM puede suceder lo contrario (sin olvidar que su función es no medir a ultranza). Señalan, para dar otro ejemplo, que en Radio Nacional el noticioso es más plural que los programas. Y al hacerlo no indican (o no saben) que el personal de los informativos públicos suele ser más antiguo que el de los programas y que no siempre se alinean de manera intransigente.

Si el nombre de un programa aparece antes de que nazca, actuará como una brújula indicadora del rumbo. Y si es encontrado cuando ya está pensado, tendrá el carácter de un remate. En cualquiera de los casos “Mala prensa” es un título sintomático (¿Hay mala y buena? ¿Se autotitulan de alguna?). Una de las consignas del ciclo es también insinuante: “Lo que no te contaron los medios” (¿No son un medio? ¿No construyen un relato?).

Hay un problema teórico en gran parte de las radios. No se profundiza. Por ejemplo: “Mala prensa” menciona “el cerco informativo a las villas”. Y si bien ese es un padecimiento, el tema central en las villas miseria es (¡todavía!) no aclarar, desde el Estado, la diferencia entre “pertenecer” (formar parte, ser igual) y “estar incluido”: se puede estar incluido, pero en calidad de excluido.

El aire está partido y, en una época de democracias mediáticas, parece que las radios (privadas o estatales) no son mucho más que el dinero que se escucha.

 

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