Opinión / 4 de diciembre de 2013

¿Que pasaría si todos los chinos saltan?

El impacto mundial de la abolición de la ley del hijo único. Superpoblación.

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MUCHÍSIMOS. La ley del hijo único (para locaciones urbanas; dos en las ubicaciones rurales) data de 1978. Mantuvo la población controlada, pero generó un desbalance.

A modo de advertencia, Mao dijo una vez que el mundo temblaría si todos los chinos saltaban al mismo tiempo. En la segunda mitad de este siglo se sabrá qué pasa en el planeta si todas las parejas chinas relajan las medidas anticonceptivas.

El mundo no se dio por aludido. Como si la decisión de permitir más de un hijo solo tuviera impacto en China. Es curioso que, a esta altura, todavía cueste tomar dimensión de hasta qué punto la vida cotidiana de todos los terrícolas tiene que ver con lo que ocurre en el gigante asiático. Y así será con una de las medidas aprobadas en el Congreso del Partido Comunista Chino.

La primera medida aprobada erradica un rasgo totalitario: la abolición de los campos de trabajos forzados. Los había engendrado el fanatismo de la “Revolución Cultural”. En la década del ‘60, las cárceles se abarrotaron con millones de personas acusadas de desviacionismo burgués. Fue para esa masa de presos políticos que se ideó el “laogai”, sistema que pretendía “reformar o reeducar” las mentes intoxicadas con las ideologías de las clases opresoras, delirio totalitario basado en creer que oponerse al Partido Comunista o cuestionar la colectivización, implicaba un desequilibrio moral y mental que se corregía con trabajo y adoctrinamiento.

Era de esperar que la abolición del “laogai” estuviese entre las consecuencias del recambio generacional en el liderazgo. El nuevo presidente, Xi Jinping, tiene una cuestión personal contra los campos de trabajo forzado, porque su propio padre los padeció. Había creado y comandado las guerrillas que lucharon contra el Kuomintang en el norte, pero cuando Xi Zhongxun cuestionó las purgas y persecuciones políticas, lo recluyeron.

El hijo, que escaló en la estructura del partido, jamás había denunciado aquella cacería de brujas y el trabajo esclavo como modalidad de represión. Pero el primer congreso partidario ocurrido bajo su liderazgo tomó la tardía decisión de abolir esa aberración. Una señal importante de que el recambio generacional puede implicar también apertura política o, al menos, el fin de los rasgos más brutales del totalitarismo. Pero sin consecuencias externas.

Lo que si tendrá consecuencias en el resto del planeta será la histórica decisión de ampliar el cupo de hijos por matrimonio. La ley de hijo único rige desde 1978 y frena notablemente el crecimiento demográfico. Bajo esta normativa, los matrimonios urbanos solo pueden tener un hijo y los rurales dos, si el primero es mujer. Pero la decisión de ampliar el permiso de reproducción no tiene motivaciones humanitarias, sino que el objetivo es evitar los cuellos de botella que está produciendo el envejecimiento poblacional.

La medida tendrá impacto en el orbe. Si el surgimiento de una masa de clase media de 1.351 millones de chinos cambió la geografía de los países productores de alimentos, es de esperar que esos cambios se agiganten debido al gran salto del número de estómagos por llenar en China.

Decenas de países han eliminado bosques y selvas para producir soja, recurriendo además al uso intensivo de agroquímicos con alto impacto ambiental. En las próximas décadas, a esas tierras exhaustas habrá que agregar millones de hectáreas más para poder sostener la creciente demanda china. Y el efecto sería más devastador que el cimbronazo que, según Mao, sacudiría al mundo si todos los chinos saltaran al mismo tiempo.

* El autor es PROFESOR y mentor de Ciencia Política, Universidad Empresarial Siglo 21.

 

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