Música / 30 de Enero de 2014

MÚSICA

Tango para jazzeros

Adrián Iaies y Horacio Fumero vuelven a trenzarse en las noches del Café Vinilo en jugosos dúos, con la música argentina como punto de partida.

Por

★ ★ ★ ★ Horacio Fumero es santafesino. Eligió el jazz y terminó instalándose en Europa, primero en Suiza y luego en Barcelona, donde vive hace ya 30 años. Fue músico del recordado pianista catalán Tete Montoliú, es un importante docente y un contrabajista requerido en todas partes. El pianista Adrián Iaies es porteño. Ha hecho una importante carrera en el ámbito del jazz argentino, desde el que también pudo proyectarse al mundo. Es parte de una generación que dio un aire renovado al género. También es docente y, desde hace varios años, el director del festival de jazz que organiza el Gobierno de la ciudad.

Cada uno tiene sus propios proyectos musicales. Iaies suele presentarse en trío o solo. Fumero publicó hace unos meses su “Vuelos”, un álbum registrado en trío en Buenos Aires, con músicos de aquí y con composiciones propias.

Cada vez que Fumero anda por Buenos Aires, se junta con su amigo-socio Iaies. No hace tanto grabaron un álbum doble juntos, “Conversaciones desde el arrabal amargo”, con un CD en estudio y otro en vivo. Y con cada viaje del contrabajista para aquí o en escenarios del otro lado del Atlántico, se dan el gusto de tocar juntos.

Esto está sucediendo otra vez por estos días. El plan inicial es sencillo: tomar tangos clásicos y deconstruirlos, “romperlos”, descomponerlos en sus partes, permitirse juegos creativos en lo melódico y lo armónico y apelar a la memoria del oyente para completar el discurso. No como hacen clásicamente los jazzeros con los standards pero sí aceptando que es necesario que sus oyentes conozcan los temas sobre los que trabajan. Y eso es posible porque ambos son técnicamente muy buenos, comparten el gusto por el modo de improvisar y tienen con qué hacerlo. El resultado, entonces, es excelente. Y sus conciertos alcanzan picos muy altos en las versiones –raras, deformes, a lo mejor insoportables para un tanguero ortodoxo- de piezas como “Boedo”, “Pedacito de cielo” o “Gricel”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *