Libros / 21 de febrero de 2014

Libros

“Cortázar de la A a la Z”, casi todo Cortázar

Ed. de Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga. Alfaguara, 315 págs. $ 250.

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★★★★★ Hay libros únicos, que crean su propio formato irrepetible. Guardo desde hace años uno de ellos, “Kiki de Montparnasse”, un espléndido álbum editado por Tusquets. Extravié otro, “Eddie”, una red de testimonios sobre uno de los ídolos míticos de la “era Warhol”, sin intervención del ‘autor’, George Plimpton.

Esta espléndida recopilación de objetos, fotos y textos de Julio Cortázar pasará a integrar ese grupo selecto en mi biblioteca. Como pasó con los dos anteriores, deberé tener cuidado al prestarlo (un impulso irreprimible): debo anotar a manos de quién va a parar.

La selección, muy abundante, dependió de Aurora Bernárdez (que sabe combinar la sensatez y el impulso), y del fiel Carles Álvarez Garriga, quien ya intervino en libros póstumos recientes de Cortázar. Tiene el entusiasmo permanente y cada vez más organizado del “fan” pleno, completista. En la esencial “puesta en página” trabajó Sergio Kern, un nombre respetado en la literatura para niños y el cómic “under”.

Como corresponde, están todas las tapas de las primeras ediciones de todos los libros. Pero también la reproducción completa (y legible) de una conferencia sobre literatura fantástica que Cortázar nunca dio. O el cuento “Axolotl” también completo, ya editado, con correcciones de Cortázar que se incorporaron en las ediciones siguientes. O su pipa, o su reposera multicolor, o una foto mágica (por el gesto de las manos de Cortázar) con Lezama Lima.

Sin embargo esa descripción podría dar la imagen de un libro común de recopilación. Pero basta recorrerlo en orden, o a los saltos, para descubrir que se logró el milagro de la acumulación y la variedad, gracias al cambio permanente de formato de textos e ilustraciones, de la inclusión de inéditos geniales (como el referente al agua), y sobre todo de decisiones físicas. En las manos, el libro es flexible, no rígido.

Tiene un índice de letras a la derecha, como los diccionarios, y piensa en el lector. Hasta en la inclusión de chistes como este: “No sé por qué me acuerdo de que cuando era niño había carteles en las paredes que decían: ‘Mate una mosca, se lo pide el Club de Madres’, y naturalmente nosotros escribíamos debajo: ‘Mate una madre, se lo pide el Club de Moscas’. Nunca sabré qué resultado dieron las dos campañas”.

 

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