Teatro / 7 de Marzo de 2014

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“El comité de Dios”, decisiones trascendentes

De Mark Saint Germain. Con Gustavo Garzón, Alejandra Flechner y elenco. Dirección: Daniel Veronese. Teatro del Picadero, Pasaje Discépolo 1857.

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★★★1/2 El trasplante de órganos es un procedimiento relativamente nuevo dentro de la historia de la medicina, y por su misma definición está cargado de un fuerte dramatismo: involucra siempre elementos emocionales y en algunos casos, si se quiere, hasta un toque mágico.

El autor, el estadounidense Mark Saint Germain, suele inclinarse por los debates éticos: en “La última sesión de Freud”, que conocimos en Buenos Aires unas temporadas atrás, enfrentaba al creador del psicoanálisis con el apólogo cristiano C.S. Lewis para deliberar sobre la existencia de Dios.

En otras piezas ha hecho discutir a Ernest Hemingway con Francis Scott Fitzgerald, a un líder del Ku Klux Klan con una referente de los derechos humanos de los afroamericanos, etc. “El comité de Dios” plantea también un debate ético, que por la misma naturaleza del tratamiento incluye elementos no solo médicos, sino también personales, religiosos, sociales, y con especial potencia, económicos.

En este hospital de los Estados Unidos se reúne un staff de cirujanos para debatir quién recibirá el corazón que recientemente se ha presentado disponible.

El comité está integrado por el cínico doctor Goldman (Gonzalo Urtizberea), solo preocupado por su propio prestigio, el doctor Klee (Gustavo Garzón), más humanista y secretamente vulnerado él mismo por una enfermedad terminal, la doctora Ross (Alejandra Flechner), que no se recupera de una tragedia personal reciente, una médica nueva (Julieta Vallina) a quien le cuesta incorporarse a la crudeza de la discusión, un trabajador social (Héctor Díaz) que tal vez por su misma condición –está en silla de ruedas– trata de aportar humor y sensibilidad al debate, una enfermera (Ana Garibaldi) de particular severidad, y también una novedad en este comité, por primera vez la presencia de un cura (Roberto Castro), quien juega con la ironía y un aparente candor.

En el debate se evalúan las variables que van a definir la elección entre los posibles candidatos: se consideran la edad y condición física del paciente, su entorno familiar y las circunstancias sociales que pueden influir o no en una eficaz recuperación. En este caso en particular aparece una variable que amenaza seriamente la entereza moral de la decisión: la posibilidad de obtener en cierto caso discutible una enorme cantidad de dinero.

Es una obra interesante y reveladora, al tratarse de un tema tan complejo del que tanto se ignora. Está muy bien actuada y dirigida con destreza por Daniel Veronese. La escenografía de Alberto Negrín es fría y eficaz como algunos de los procedimientos e incluso, tal vez, la filosofía misma de la medicina.

 

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