Política / 12 de octubre de 2014

La guerra por la sucesión en la Corte Suprema

La reciente muerte de Enrique Petracchi encendió la alarma en la Casa Rosada. El factor Zaffaroni y los candidatos de Cristina.

Por

Otros tiempos: Rául Zaffaroni y Enrique Petracchi.

“Vamos viendo en el transcurso del año”, repite Eugenio Raúl Zaffaroni cada vez que uno de sus empleados le pregunta sobre su retiro. Algunos tienen preocupación por su futuro. La de Zaffaroni es la vocalía con más empleados en el Tribunal Supremo.

Tras la reforma de la Constitución de 1994, los magistrados deben retirarse a los 75 años. Zaffaroni los cumplirá el 7 de enero del 2015. El magistrado, que fue investigado por los prostíbulos que funcionaba en sus departamentos, prepara su salida, aunque no hay una fecha cierta. Una interpretación amplia de la ley le extendería ese plazo hasta que cumpla los 76. “La ley dice que deben jubilarse a los 75, él podría quedarse hasta el 6 de enero del 2016”, explican. También podría pedir un acuerdo del Senado y conseguir otros cinco años.

Sin embargo, el propio magistrado ya descartó el último escenario. Se imagina un futuro ligado a la academia y a la investigación.

VACANTES. Tras las muertes de Carmen Argibay y Enrique Petracchi, y con la jubilación de Zaffaroni, la Corte quedará con cuatro integrantes. El cupo que establece una ley votada en el 2006 es de cinco integrantes. La reciente muerte de Petracchi encendió una alarma en la Casa Rosada que ya estaba latente por la avanzada edad de Carlos Fayt.

Sobre el escritorio de la Presidenta hay dos candidatos para reemplazar una eventual vacante. Una es la procuradora general, Alejandra Gils Carbó, quien llegó al cargo después de la renuncia de Esteban Righi. Gils Carbó es integrante de Justicia Legítima, una agrupación de jueces y fiscales muy ligados al Gobierno, y no goza de la simpatía de la tradicional familia judicial. El otro nombre que está en carpeta, por sugerencia de Zaffaroni, es el juez Alejandro Slokar. Es profesor titular de Derecho Penal en la UBA y escribió un manual de Derecho Penal junto a Zaffaroni, su amigo y tutor. Al igual que Gils Carbó, es un activo militante de Justicia Legítima.

Más allá de los proyectos de Cristina Fernández, ninguno de ellos parece tener el visto bueno en el Congreso. Sucede que para designar a un integrante de la Corte se necesita una propuesta del Poder Ejecutivo y dos tercios de los senadores presentes. Hoy, ninguna fuerza, ni siquiera el Gobierno, reúne esa cantidad de legisladores.

CONSULTAS. La preocupación sobre el futuro de la Corte Suprema ya empieza a inquietar a los presidenciables. Ricardo Lorenzetti, titular del tribunal, recibió las consultas de primera mano. Daniel Scioli, Mauricio Macri, Sergio Massa –Daniel Hadad hizo de nexo– y Florencio Randazzo se entrevistaron con Lorenzetti en el último año.
“Esto a veces parece el mini Vaticano, salvando las distancias”, explican en la Corte, a raíz del desfile de dirigentes.

En el último tiempo se sumó el nerviosismo de los empresarios por la Ley de Abastecimiento. En los pasillos del palacio de Tribunales anticipan que para diciembre esperan el primer caso judicializado por la nueva normativa. Esa podría ser la última aventura de Zaffaroni.