Showbiz / 27 de noviembre de 2014

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Reinventar al doctor tiempo

Tras más de medio siglo, la serie inglesa “Doctor Who” tiene nuevo protagonista.

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El tiempo vuela. Realmente vuela. El escocés Peter Capaldi tenía 5 años cuando se estrenó en la red BBC una serie de ciencia ficción concebida para atraer jóvenes y niños en el horario de transmisión entre los partidos de fútbol y las novelas de la televisión británica de los años 60. El personaje de la serie “Doctor Who” era un viajante del tiempo con la misión de proteger la Tierra contra monstruos de otras eras y galaxias. La imagen más sobresaliente que Capaldi guardó fue la de los más grandes enemigos del personaje: los Daleks, robots extraterrestres que parecían electrodomésticos retro-futuristas y una voz que simulaba el rechinar de un pato ronco. “Mis recuerdos son fugaces. Pero me acuerdo como si fuera hoy de un clásico episodio con los Daleks”, dice.
Medio siglo después, Capaldi es un hombre canoso, delgadísimo como un perro de caza. Pero quién diría que los Daleks continúan siendo los mismos. A los 56 años, el actor finalmente tiene la oportunidad de enfrentar a los monstruos que lo acechaban en su infancia. Es el nuevo protagonista -el número doce, desde que comenzó la serie- de “Doctor Who”, la serie de ciencia ficción más antigua de la televisión.
Historia de un fenómeno. Aunque su producción regular fuera interrumpida por dieciséis años (la serie se interrumpió en 1989), el valiente viajero del tiempo, su caseta telefónica (el Tardis, la máquina-nave con la que viaja) y su destornillador sónico volvieron a la pantalla en el 2005. Tras esta resurrección, el programa, que consistía en una curiosidad arqueológica, tuvo un toque de modernidad capaz de convertirlo en un fenómeno planetario. Una prueba de ello es la gira que marca el lanzamiento de la nueva temporada. La caravana de actores y productores ya viajó de Corea del Sur a los Estados Unidos. En Brasil -lo más cerca que llegaron de Argentina-, como en tantos lugares del mundo, los eventos relacionados con Doctor Who reúnen multitudes de adolescentes, en la compañía de sus padres, seguidores de la antigua versión. Capaldi es, obviamente, la estrella principal de la gira. “Siempre fui fan de la serie. Pero juro que nunca, ni en la más grande fantasía, imaginé que un día sería elegido para el papel”, afirma el actor.
El propio Capaldi admite no saber cuál es la misteriosa razón de la perdurabilidad de “Doctor Who”. Pero vale la pena suponer que esa capacidad de resistir al tiempo pasa por una idea original de los primeros guionistas frente a un imprevisto. Tres años después de su estreno, el éxito del programa se vio amenazado por la salud debilitada del primer protagonista, William Hartnell. Para reemplazarlo sin ofender al público, se creó la piedra fundamental de la extraordinaria mitología de la serie: el héroe, perteneciente a una raza alienígena, tendría el poder de regenerarse y asumir una identidad diferente al final de cada ciclo de vida. Lo que hace que el programa sea tan versátil son los inagotables momentos poéticos proporcionados por un formato que une la ciencia ficción con un bocado de humor británico. En un contexto en el cual lo absurdo y la exquisitez son la regla, provoca más placer que incredulidad ver un Doctor joven como el actor Matt Smith ser cambiado por un veterano como Capaldi. Es un placer, no una grotesca ridiculez, que enemigos con apariencia de robots como los Cybermen sean, en realidad, humanoides. O que la Tardis, la nave abarrotada con los equipos que permiten los viajes en el tiempo, quepan milagrosamente dentro de una cabina de la policía inglesa de los años 60. A propósito, el concepto de viaje en el tiempo desde el inicio dio libertad a los guionistas para volar la imaginación de una forma increíble: ya viajaron desde la Edad de Piedra al umbral del fin del mundo, que sería de aquí a 5 mil millones de años.
Cultura pop. Tal como mencionó la revista estadounidense Entertainment Weekly, “Doctor Who” encaja en la definición de fenómeno cultural al más puro estilo británico: así como la familia real, el pastel de riñones o el rockero Keith Richards, la serie también es algo antiguo y excéntrico. La mística de Londres se reafirma siempre que la nave del Doctor aparece sobrevolando el Támesis o algún símbolo de la ciudad. En sus inicios, “Doctor Who” cargaba también un componente político. No era una alegoría a la Guerra Fría, como tanto se ha visto en la ciencia ficción de los años 50 y 60. El autoritarismo de los villanos como los Daleks representaba más la pesadilla del fascismo, amenaza que Inglaterra contribuyó de forma decisiva para barrer del mapa en la Segunda Guerra.
Nótese el absurdo de la existencia y la soledad que aflige al Doctor y a sus asistentes, entre las cuales, a veces, se sugiere alguna tensión amorosa. Doctor Who tuvo guionistas de la calidad de Douglas Adams, de la saga “La Guía del Viajero Galáctico”, y Neil Gaiman, de la historieta “Sandman”. Su densidad creció mucho en la actual encarnación, con Matt Smith en el papel central y bajo el comando de Steven Moffat, el productor de televisión inglesa más brillante, de la excelente “Sherlock”. Peter Capaldi tendrá que cargar esa antorcha y demostrar que la ciencia ficción de la buena no pasó de moda.

 

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