Costumbres, Sitios Externos / 16 de Marzo de 2015

ESTILO DE TV

Barbas en remojo

Los periodistas del canal América apuestan por el look de moda. ¿Es un símbolo de las disputas por el poder y el protagonismo?

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“Todos querían hacer este programa y ninguno pudo”, me dijo Santiago del Moro, lampiño si los hay, hablando en voz baja sobre “Intratables”, el programa político que conduce, máquina de facturar en un año electoral. “Todos” son Luis Majul, Jorge Rial y en especial Alejandro Fantino, con quien mantiene una sorda disputa por el segundo puesto en América, canal que arrancó el año con una profusa dotación de barbados, algunos de los cuales ya tiraron la toalla. “No me aguantan un round”, diría Santiaguito mientras reza para que el rating se mantenga en cuatro puntos, piso que le exige Liliana Parodi, gerente de Programación, que no tendrá pelos en la cara pero se comporta igual que oso macho en celo.
Desde 2013, y como reacción frente a la cultura metrosexual, la barba comenzó a ponerse de moda. George Clooney, Robert Downey Jr., Felipe de España, Guillermo de Inglaterra y más acá Marcelo Tinelli, decidieron interrumpir sus alardes de depilaciones varias para recordarnos que a pesar de los pantalones chupines son hombres de pelos llevar.
Las modas son un mensaje con varios niveles de lectura, todos relacionados al contexto donde florecen. En la Edad Media los barbados desafiaban el orden establecido. Con tantas pestes dando vuelta había que ser muy valiente para llevar en la cara un criadero de bacterias. Durante la Segunda Guerra Mundial desaparecieron porque dificultaban la colocación de las mascaras anti gas, y en los sesenta, cuando los seres humanos derrochábamos ondas de amor y paz, se convirtieron en símbolo de convivencia con la madre natura. Claro que, dentro de esa perspectiva global, el microclima también pesa. Por ejemplo, yo abracé la tendencia con el ilusorio objetivo de ocultar mi prominente papada.
Salvo Rial, quien en caso de ser necesario devora a Del Moro de una dentellada (por ahora), las demás figuras de América no entienden cómo ese “baby face” que hasta hace poco se especializaba en recomendarle siliconas a sus panelistas de “Infama”, se convirtió en uno de los periodistas políticos más conocidos del país. Quizá porque vive escondido bajo el ala de Parodi, creció sin que nadie advirtiera que su piel tersa esconde un papel de lija interesante, capaz de arañar el millón de seguidores en su cuenta de Twitter sin contestar mensajes ni seguir a un solo ser viviente.
Dispuesto a no dejarse robar las chances de ser un referente para los políticos criollos, Fantino “peló” mesa intimista y una barba que además de agregarle quince años, provocó revuelo en las redes sociales. El look peludo duró poco y no convenció a nadie, ni siquiera a la gerente de programación que lo sigue usando a manera de ansiolítico para que la gente se vaya a dormir contenta.
Majul, quien también cela a Santiaguito y su capacidad de construir un espacio clave para los jefes de campaña, se subió a la movida estrenando un poco convincente look intelectual. Luis Novaresio, el que mejor aprovechó la moda, largó la afeitadora para diferenciarse dentro de un medio que si tiene un hueco no duda en mandarte de panelista a lo de Rodrigo Lussich.
Al menos en América, los pelos en la cara hablan de las mechas que esos divos en pugna desearían arrancarse.

* Filósofo y publicista.

 

Comentarios de “Barbas en remojo”

  1. Hay una naturalidad manifiesta acompañada por una firmeza determinante en Santiago.
    Los barbados o ex, son figuritas cansadoras y reiterativas.

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