Mundo, Sitios Externos / 21 de Marzo de 2015

Netanyahu contra todos

Tras la reelección del primer ministro, la conflictiva política exterior de Israel. Boicot al plan nuclear iraní, demagogia y miedo.

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Su vozarrón retumbó en el Capitolio. Como si fuera todavía un miembro del Seyeret Markal, grupo de elite del ejército israelí, Benjamin Netanyahu se adentró en terreno político norteamericano como un comando en una operación de sabotaje en territorio enemigo.
El objetivo que quería sabotear era la negociación con Irán que encabeza Barak Obama, sobre el plan nuclear del Estado persa. Sin decirlo expresamente, lo que hace el primer ministro israelí es describir tal iniciativa como si fuera el Pacto de Münich de 1938.
En esa descripción, el jefe de la Casa Blanca y los europeos que lo secundan –David Cameron, François Hollande y Angela Merkel– vendrían a ser el equivalente actual de los ingenuos Neville Chamberlain y Eduard Daladier, quienes en la capital de Baviera mordieron el anzuelo de Hitler.
Aquellos gobernantes de Gran Bretaña y Francia habían creído que concediendo los Sudetes a Alemania, el führer se conformaría y se salvaría la paz en Europa. Pero poco después, el Reich deglutía el resto de Chequia y la Wehrmacht iniciaba su “blitzkrieg” en el corredor polaco de Danzig, haciendo detonar la Segunda Guerra Mundial.
Aún cuando Netanyahu no se ciñe al ejemplo, en su razonamiento Obama está actuando con la ingenuidad de Chamberlain y Daladier, mientras que el presidente iraní planea hacer con el acuerdo nuclear lo que hizo Hitler con el Pacto de Münich.
Dice el premier judío que Hasan Rohani incumplirá el compromiso de no producir bombas atómicas y, en rincones secretos del país, las fabricará para montarlas en misiles de mediano alcance, como el Shahab-3 y el Shejjil-2 y arrojarlas contra el Estado judío al que Ahmadinejad quería “borrar del mapa”. Obama, Cameron, Hollande y Merkel quedarán como Daladier y Chamberlain cuando las divisiones Pánzer avanzaron aplastando lo que se había firmado en Münich.
En este cuadro patético, según el razonamiento de Netanyahu, el rol de Vladimir Putin y Xi Jinping en las negociaciones sobre el plan nuclear iraní será como el que cumplieron Musolini y Galeazzo Ciano en Baviera: cómplices de la estafa diplomática que planea su aliado centroasiático.
¿Ese es el plan del presidente iraní? ¿Repetirían las potencias un error como el de 1938? ¿Impedir el acuerdo salvaría a Israel de una devastación nuclear?

Por cierto, en Oriente Medio jamás puede haber certezas, pero el argumento de Netanyahu contra el plan de Obama tiene una falla que el premier israelí seguramente no ignora. A esta altura de la historia, para que un país pueda lanzar un ataque atómico no necesita producir armas nucleares: las puede adquirir.
Décadas atrás no se podía tener bombas atómicas si no se las producía. Pero posiblemente ya no es así. Irán podría, por ejemplo, comprar ojivas nucleares a Corea del Norte. La teocracia chiíta ha desarrollado una sofisticada tecnología misilística; por tanto, no resulta inverosímil que pueda montar sobre proyectiles propios las ojivas que los norcoreanos podrían producir especialmente para la cohetería persa.
Al fin de cuentas, en la década del ’60, Estados Unidos pudo sufrir un ataque nuclear lanzado desde Cuba, país que no producía esos armamentos pero los recibiría de la Unión Soviética.
¿Puede Netanyahu afirmar con certeza que la realidad actual no está más cerca de esta posibilidad, que de la anacrónica situación que él describe? Porque si, en la actualidad, un país puede lanzar bombas atómicas sin necesidad de haberlas fabricado, entonces el plan de Obama tiene más que ver con la seguridad de Israel que el plan del primer ministro que procura aislar a Irán e impedirle generar energía nuclear.
El aislamiento y el bloqueo hacen fuerte el ala más fanática de la teocracia iraní. Los moderados, en cambio, podrían fortalecerse si el país se abre a inversiones y negocios con Occidente, para superar su marginalidad y su debilidad económica. También ayudaría a los moderados un rediseño estratégico del Oriente Medio, con equilibrio pactado entre Jerusalén, Teherán, Riad y Ankara.
¿Se puede tener seguridad de tales cosas? No, del mismo modo que es imposible tener seguridad de que Irán no lanzará misiles atómicos a Israel si fracasa el plan de Obama.
No obstante, está claro que para Irán lanzar misiles nucleares a Israel sería un suicidio, porque de inmediato lloverían sobre su mapa proyectiles atómicos israelíes y norteamericanos que sepultarían la teocracia chiíta y devastarían el país.
Tal vez el ala fanática jomeinista sería capaz de tamaño acto suicida; el lunatismo podría conducirla a la idea de martirio colectivo. Pero no lo haría un gobierno de moderados o reformistas, por la sencilla razón de que son más racionales.
Y a moderados y reformistas se los fortalece no con el aislamiento y la hostilidad, sino metiendo a Irán en la economía mundial.

En el tablero del Oriente Medio no hay jugada que no implique riesgos, pero está claro que la de Obama apunta a un nuevo equilibrio que, por cierto, contendría un compromiso iraní de no agresión a Israel.
Es falso que el Estado judío esté más seguro en el actual desequilibrio, del mismo modo que es falsa la certeza de que, sin bombas atómicas fabricadas por Irán, Israel está a salvo de un ataque nuclear. Seguramente lo sabe Netanyahu, el robusto hombretón con voz atronadora y mirada de halcón que luce un sobrenombre infantil y tierno: Bibi.
Y si lo sabe ¿por qué dinamita puentes que podrían sacar a Israel de este monstruoso statu-quo? ¿Acaso no ve la degradación de la imagen de su país en el orden actual? ¿No es consciente del peligro que esa mala imagen implica para los israelíes y para el judaísmo de la diáspora?
Posiblemente, la extrema dureza con que “Bibi” impulsa una operación de ataques quirúrgicos contra los puntos de la geografía iraní donde se desarrolla el plan nuclear persa tiene que ver con una herida familiar que aún sangra y duele: su hermano Yonatan fue un comando de elite del Sayeret Matkal, la fuerza de operaciones especiales que ejecutó el heroico rescate de los pasajeros del vuelo de Aire France secuestrado por el grupo Septiembre Negro. “Yoni” Netanyahu murió en aquella acción realizada en el aeropuerto ugandés de Entebe, luchando no solo contra los terroristas que perpetraron el secuestro, sino también contra los soldados del sanguinario Idi Amín.
Pero también es posible que la intransigencia del premier israelí no tenga que ver con la muerte de su hermano héroe, sino con la sed de mantener el poder.
Azuzar el miedo valiéndose de enemigos, es una de las cartas típicas de los demagogos cuando sienten que su poder peligra. Al poder de Netanyahu lo está amenazando la alianza de centro-izquierda que lideran Isaac Herzog y Tzipi Livni.
Quizá la bomba a la que tanto teme no está en Irán, sino en las urnas de su propio país.

 

2 comentarios de “Netanyahu contra todos”

  1. La extrema derecha Israeli justifica su presencia, con el sostenimiento de un permanente estado de beligerancia. La paz no es un buen negocio para el señor Natanyahu. Por esa razón fue asesinado Isaac Rabin.

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