Cultura, Sitios Externos / 22 de Abril de 2015

JUEGO DE TRONOS

Una lectura del poder

Es la serie preferida de Cristina Kirchner y la reina Isabel. La supremacía es su tema central. Por qué es un éxito sin fronteras.

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El crítico español Alberto Rey, del diario “El mundo”, contó en una de sus notas su sorpresa cuando observó, hace dos meses, a dos madrileñas muy monas en sus siete décadas hablar sobre “Game of Thrones” o “Juego de tronos” (GOT) cual si fueran parientes. Por esos mismos días, del otro lado lado del mundo, en un colectivo en Lima, Perú, un par de músicos callejeros tocaban la canción de la apertura –compuesta por el alemán Ramin Djawadi–, un video que paseó por las redes. Eso que el marketing llama “target” ha sido pulverizado, comentaba Rey. Las fronteras, al menos por un rato, se disuelven y la universalidad parece abrazarnos si la misma pasión consume a la presidenta Cristina Kirchner, fan del personaje Daenerys Targaryen, y a Isabel II de Inglaterra que aprovechó su visita oficial del año pasado a Irlanda del Norte para conocer los estudios de la serie de HBO en Belfast.
¿Por qué una fantasía de espadas y dragones tiene la capacidad de interpelarnos a todos? Difícil predecir un éxito pero, somos libres de suponer andamiajes y asociaciones que expliquen la maravilla del consenso. Según la medidora de audiencia Nielsen, GOT alcanzó en la cuarta temporada, en 2014, un promedio de 18,4 millones de espectadores por episodio, 200.000 más que “The Sopranos” en 2002, a la que desplazó de su cetro de serie más vista de HBO. Doce horas después, ese último capítulo había sido descargado un millón y medio de veces de forma ilegal en el mundo, dato que ya no alarma a ningún empresario de medios sino todo lo contrario: el CEO del multimedios Time Warner reconoció que la piratería es mejor que un Emmy para sumar suscriptores. El fenómeno “fandom”, o conjunto de aficionados obsesivos, se ha convertido en parte indisociable del negocio, como dice el lingüista y editor español José Antonio Millán: “Los medios masivos han llegado a una especie de pacto con su público: las productoras consienten que los aficionados continúen o retuerzan sus mundos narrativos, o incluso que los consuman ilegalmente, porque con sus producciones están haciendo promoción y manteniendo la llama de las narraciones aun en ausencia de nuevas entregas”.
El domingo 12 empieza en más de 170 países la quinta temporada de la serie más exitosa del mundo, la creación para televisión de David Benioff y D. B. Weiss basada en la saga “Canción de hielo y fuego”, del escritor norteamericano George R.R. Martin (ver recuadro), que desde sus complicados primeros capítulos en 2010 no ha hecho otra cosa que crecer exponencialmente. Quienes no paguen por HBO pero sean clientes de Cablevisión HD, podrán acceder de manera gratuita a las primeras tres temporadas. ¿La cuarta y quinta? Consulte. Seguro encontrará la forma.
Medioevo sangriento. La Guerra de las Dos Rosas enfrentó a dos familias aristocráticas, los Lancaster y los York, por el trono de Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XV. La lucha dinástica se cerró con Enrique Tudor, descendiente de los Lancaster por línea materna, que vence en Bosworth a Ricardo III, el defectuoso y malvado narrado por Shakespeare, y contrae matrimonio con Isabel de York, uniendo en un símbolo, la Rosa Tudor, a las dos casas. Traiciones y muertes, bastardos y trastornados, de esta guerra bebieron desde el teatro isabelino hasta los guionistas de Hollywood, como Martin que hasta 1996 fue escritor para el cine, año en que publica el primer volumen de “Canción de hielo y fuego”.
En esta estructura histórica inspiradora de tragedias, el autor revolvió la biblioteca y tomó por aquí y allá (“saqueó”, dirían en sus novelas) mitos y arquetipos de la Europa legendaria, en especial, la recreación monumental de su admirado J. R. R. Tolkien, el creador de un universo propio, con cartografía, etnias, lenguajes y genealogías, formado por “El Silmarillion”, “El hobbit” y “El señor de los anillos”. No hace falta leer estas obras ni ver las películas de Peter Jackson para acceder al mundo GOT pero las comparaciones son inevitables. Es muy probable, pero no infalible, que compartan el mismo público. Sin embargo, la relación entre los libros y las adaptaciones al cine y a la televisión, entre el género épico-fantástico y la posibilidad técnica de plasmarlo en la pantalla, es diferente. Aunque tenía sus fans literarios, es la serie la que genera el arrastre e impulsa la lectura hasta el ansiado nivel bestseller: traducido a más de 30 idiomas, unos 25 millones de ejemplares se han vendido, por ahora, en todo el mundo. Pero no hay duda de que el fenómeno multimedia tiene una madre y esa es la serie que, otra vez comparándola con el cine, ofrece la oportunidad de contar en profundidad y de manera folletinesca el cotilleo cotidiano, la alcoba y la cocina, de estos personajes.
Es decir, GOT es el cine en la televisión por la grandiosidad de su técnica que permite mostrar un espectáculo épico, con batallas voraces y gigantes montando mamuts, por el cuidado en cada detalle, la terminación en la pequeña puntada.
Pero también es la telenovela con sus tironeos entre amantes, el deseo no satisfecho flotando en cada escena, los duelos sórdidos de salón, los juegos con trampa. Por lo tanto, un amplio crédito para confiar en estos personajes: los queremos y odiamos porque crean empatía o rechazo, son reales, cercanos, reconocibles aunque les toque liberar princesas en lugar de ir a la oficina. Y la apuesta contundente de Martin, seguido no con exacta pero sí con mucha fidelidad por los guionistas, es borrar de un plumazo toda certeza, haciendo lo que no estábamos acostumbrados: matar a personajes principales, dejarnos sin ellos, con la boca abierta, llamando a nuestras madres (o a nuestros hijos) para preguntarles por qué. En argot televisivo, es la apoteosis del
“chiffhanger”, del famoso “continuará” en el que quedábamos colgados esperando el próximo capítulo.
“Cuando se juega al juego de tronos sólo se puede ganar o morir. No hay puntos intermedios”, dice la reina Cersei Lannister a Eddard Stark en la primera temporada, dándole el título a toda la serie. Es que las mujeres juegan fuerte en esta saga. Si Tolkien fue cuestionado por las feministas en los ’60 (injustamente, la estadounidense Catharine Stimpson lo señaló como sexista y misógino) por el escaso peso de los roles femeninos en “El Señor de los anillos”, en GOT no hay ninguna posibilidad de sostener ese argumento. A pesar de la crueldad que atraviesa toda la trama, hay un atisbo de esperanza, un lugar no-cínico donde otro germen esté gestándose. Un germen que está presente en la actualidad, que asoma pidiendo cancha aunque en la superficie continúen ganando los mismos (como sí pasa en “House of cards”): las mujeres, las poderosas y las que no lo son ni quieren serlo; desvalidos y tullidos; gordos, enanos, bastardos; eunucos, “outsiders” y desclasados: el empoderamiento anida en sus corazones aunque la batalla todavía continúe.
Quinta temporada. Tranquilos. No hay “spoilers” en lo que sigue (aunque les comento que ya vi el primer capítulo mientras que ustedes, lectores, tienen que esperar) pero sí algunas líneas sobre lo que viene.
Los diez nuevos episodios no contarán con la presencia de Bran Stark ni de sus compañeros de viaje, Hodor y Meera (¿no tiene este grupo una reminiscencia de “Más que humano”, de Theodore Sturgeon?). No obstante esta ausencia, habrá nuevos personajes como las Serpientes de arena, las tres hijas bastardas del Príncipe Oberyn Martell que buscarán vengar la muerte de su padre, asesinado en la cuarta temporada por la Montaña. La casa Martell, en el reino de Dorne, se representa en el Real Alcázar de Sevilla, otra de las atracciones: España es el séptimo país por el que ha pasado el equipo de la serie, además de Irlanda del Norte, Croacia, Islandia, Marruecos, Malta y los Estados Unidos.
La que reaparece es Myrcella Baratheon, la hija de Cersei y Jaime Lannister, casada con el Príncipe Doran Martell, hermano de Oberyn. Por su parte, Tyrion “Gnomo” Lannister se acercará a la madre de los dragones, Daenerys, y Jon Nieve seguirá creciendo en protagonismo. Mientras que en Braavos, Arya Stark llega hasta la Casa de Blanco y Negro, el hogar de una orden de asesinos, el actor Jonathan Pryce, una de las noticias de esta temporada, será el Gorrión Supremo, un fanático religioso que llega a
Desembarco del Rey para luchar por los olvidados de la Tierra. Y va de nuevo: esa capacidad de poner a jugar personajes que vuelvan a preguntar una y otra vez si el poder es justo es lo que convierte a GOT en un éxito. El único que pierde es el que no la ve.

 

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