Opinión / 6 de Junio de 2015

CASO OSVALDO-BARÓN

Efecto Onur

Cuidado con los príncipes azules que terminan anulando a sus princesas.

Por

Osvaldo Barón

Las mujeres nativas suspiran por Onur, el protagonista en la ficción turca televisiva de Las mil y una noches. Es más: hubo quien lo describió almorzando con Mirtha Legrand así: “A mí me puede. Es un príncipe azul”. A mí, en cambio, me puede… provocar un profundo rechazo. Sospecho de ese romanticismo naif. De esa pasión desmesurada. A la pobre Scherezade no la deja ejercer su profesión de arquitecta. Ni ser. Nada que implique competencia para su rol exclusivo de macho proveedor omnímodo. De la ficción -sabemos- saltamos a la realidad en un suspiro. El caso de Jimena Barón y Daniel Osvaldo nos recuerda que todo va bien cuando la chica se enamora, corre detrás del futbolista, hace su rol de esposa y madre  y se convierte en la sombra del ídolo. Ni bien se corre de ese lugar y toma el rol de actriz y cantante de su propia banda de rock es humillada, defenestrada. Pasa a ser “gato h.d.p”. Ningún astro de la pelota pesada -con perdón de la palabra- soporta una famosa no portante de balón alguno, salvo el de su propio éxito. Ganado a fuerza de trabajo y talento. Ninguno: ni el rey del rating de las pampas. Dicen los que saben, que la separación temporaria de Guillermina  tuvo bastante que ver con la actuación teatral de la blonda y dulce actriz. Que fue ella quien dijo “si no te gusta, chau”. Hablamos de chicas emprendedoras y laburantes a full. Del estilo Wanda no nos hacemos cargo. Vergüenza ajena es poco. Los botines -que los hay de todas clases- parecen tener un no se qué desquiciante. Pero -bien lo dijo el Papa Francisco- hay quienes aspiramos a hacer lío y marcar un poquitín la cancha.

*Periodista.

 

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