Economía / 6 de Junio de 2015

Un leve repunte

Tras cuatro años de estancamiento, la actividad despega por el complejo sojero.

PENDIENTES. Las paritarias con tope o demoradas.

Independientemente de los ligeros movimientos vislumbrados a corto plazo, se observa en el mediano un cambio estructural en la evolución de los indicadores del nivel de actividad y del mercado de trabajo, tras la aplicación del cepo cambiario a fines del 2011. Hasta entonces, y luego de la fuerte contracción del 2002, con altos excedentes de capacidad instalada y un contexto externo muy favorable, la economía argentina llegó a expandirse a un ritmo del 6,6% promedio por año, con salarios que crecían un 3,4% anual en términos reales y un incremento de 2 puntos porcentuales por año de la tasa de empleo. Sin embargo, como consecuencia del agravamiento de los desequilibrios y distorsiones que produjeron las restricciones cambiarias, la economía apenas pudo expandirse un 0,2% promedio a partir del 2011, con salarios deteriorándose a un ritmo acumulativo del 0,2% y una tasa de ocupación contrayéndose 0,8 puntos porcentuales. Pero, a pesar de los problemas ya presentes de política económica, la Argentina pasó de casi duplicar el crecimiento de 4,2% de la región entre 2003 y 2011, a mantenerse virtualmente estancada, mientras que los países de Latinoamérica también exhibieron un crecimiento menor al de años previos, pero todavía cercano al 2%. Esto habla de los límites que empieza a presentar la principal fuente del crecimiento argentino de la última década, asociada a un mayor uso del factor trabajo.
A partir de ahora, la expansión debería pasar por la acumulación de capital (inversión) y mejoras en la productividad, para lo cual tanto las distorsiones macro y microeconómicas, como las restricciones cambiarias impuestas, han pasado a ser un lastre para el crecimiento económico. Reflejo de ello son las estadísticas del Balance Cambiario del primer trimestre divulgadas recientemente: en los primeros tres meses del 2015, se redujeron drásticamente las autorizaciones para el pago de importaciones y virtualmente no se permitió el giro de utilidades y dividendos al exterior, como forma de compensar la caída de las exportaciones y la fuga de capitales privados asociada a la operatoria de dólar ahorro y turista, logrando mantenerse estables las reservas solo por el endeudamiento de corto plazo del Banco Central vía el swap con China.
Mejoras. Igual, se consolidan los signos de estabilización del nivel de actividad agregada, con un leve crecimiento en términos interanuales en el mes de abril según lo que registran estimaciones privadas. El Índice General de Actividad de Orlando J. Ferreres (IGA-OJF) arrojó para el cuarto mes del año una suba de 0,2% con respecto a un año atrás, tras presentar en marzo un incremento del 1,3% interanual, el primero en 12 meses. Este movimiento responde a que a partir del segundo trimestre comienza a ejercer influencia sobre la medición de la actividad económica la producción del sector sojero, que en 2015 sería récord, ocultando la caída en otras actividades productivas, como la industria. A su vez, el resultado de abril también se vio favorecido por la baja base de comparación vinculada a la fuerte contracción de la actividad del segundo trimestre del 2014, tras la devaluación. En la medición sin estacionalidad, el IGA aumentó un 0,3% con respecto a marzo, alcanzando un nivel que, de mantenerse, podría dar lugar a la tercera suba trimestral consecutiva de la actividad agregada. Aún así, la economía acumula una contracción de 0,7% anual en los primeros cuatro meses del 2015.

 

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