Opinión / 11 de Julio de 2015

La democratitis

Políticos, empresarios y medios se abalanzan sobre candidatos sin relato. Se trata de manipular las herramientas y vaciar el sistema.

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Una larga semana le insumió al candidato Martín Lousteau victimizarse y acusar al PRO de instigar al voto en blanco contra su persona. La sobreactuación incluyó la amenaza de interponer un recurso extraordinario ante la Corte Suprema. Fue bien marketineada y logró distraer sobre el efectivo vaciamiento del voto. Un mérito tratándose de una novel formación política: ECO, Energía Ciudadana Organizada, cuenta con candidatos nacionales que pertenecen a la misma alianza que en el territorio porteño es denostada. O sea: el ex ministro del kirchnerismo se pelea con el PRO en el distrito pero votará a Mauricio Macri el 25 de octubre. El grupo que encabeza Lousteau, según él mismo explicó, está integrado por cinco partidos: Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica ARI, el Partido Socialista, el Partido Socialista Auténtico y Confianza Pública. Aún así, terminaron a 20 puntos del ganador PRO Horacio Rodríguez Larreta. La democratitis en auge denominó al nuevo aliancismo panradical “frente electoral”. Es una deformación que la misma democracia cura.

La ruta del voto Lousteau parece requerir una complicadísima ingeniería electoral: “Tengo que convencer a ocho de cada diez de los que no me votaron a mí ni a Larreta para ganar”. Matemáticas pura. En Santa Fe –cuarto distrito electoral del país–, el interminable escrutinio definitivo dio ganador, después de 15 días y complicadas “indiferencias”, al socialista Miguel Lifschitz por escasos 1.776 votos frente al crédito del PRO provincial Miguel Del Sel quien aparentaba quedarse con el voto peronista. El macrismo acusó el golpe: el peronista Omar Perotti, del Frente para la Victoria, peleó voto a voto y volvió. Nadie lo esperaba. Allí no se verificó ningún cambio: Lifschitz representa al Frente Cívico y Social, que integran siete partidos -básicamente la UCR y el socialismo- que gobierna la provincia desde el 2007. La democratitis, una especie de virus que infecta el sistema y lo recarga, banaliza las campañas, multiplica las fechas electorales en primarias, generales y, eventualmente, segundas vueltas.

En la mayoría de los casos, a los candidatos los mueve un básico instinto de supervivencia. ¿Un triunfo local puede potenciar los planes nacionales? ¿Debilita, por ejemplo, a Macri, que su sucesor porteño pierda unos votos a manos de Lousteau en el ballottage? La simulación de esas pequeñas decisiones tácticas en pos de una supuesta estrategia para conservar o sumar poder fue perfilando un calendario electoral estirado a lo largo de todo el año. Los primeros comicios –unas primarias municipales en dos ciudades de Mendoza– fue el 22 de febrero. Y en el caso de darse un ballottage para la presidencial, los argentinos deberán ir a las urnas hasta el 22 de noviembre. En algunos casos, siete votaciones en nueve meses. Es otra particularidad del año electoral: municipios que desdoblan sus elecciones de los comicios provincial, a su vez desdoblado del nacional.
El genuino kirchnerismo de Santa Cruz mandó finalmente su proyecto para aplicar la ley de lemas en la elección a gobernador. En el 2013, el kirchnerismo y el peronismo fueron separados, y así fue como ganó la UCR . Con la Ley de Lemas ampliada, las facciones peronistas podrían sellar un acuerdo a través de diversos candidatos cuyos votos se sumarían aun presentándose divididos.
A veces para retener el poder, otras por mero influencismo y lobismo, nadie quiere dejar de saturar los mecanismos formales de la democracia. Es como una inflamación que entretiene y no mejora la calidad de vida en sociedad.

*Editor de Economía de NOTICIAS.

 

3 comentarios de “La democratitis”

    1. edu,pasan los años y siempre las mismas pavadas,alguna vez un comentario inteligente no tenes un amigo,un pariente que te ayude,no te das cuenta que escribir siempre en mayuscula y el joja nos obliga a pensar a los que leemos que mentalmente sos una Viky.

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