Deportes / 1 de Agosto de 2015

Luz Clara Vázquez tras su doping positivo en los Panamericanos

La luchadora habló con NOTICIAS. El esfuerzo por llegar a la élite y el miedo de caer. Jugando bajo presión.

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toronto panamericanos
GANAR Y PERDER. Vázquez había obtenido la medalla de bronce en Toronto, pero se la quitaron al no pasar el análisis de dopaje.

Seguramente usted, lector, no había escuchado mencionar a Luz Vázquez en toda su vida. Pero la semana pasada, cuando esta atleta de Lucha Olímpica falló un test de dopaje en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, su nombre apareció en todos los medios. ¿No resulta contradictorio que publicaciones que ni siquiera la nombraron cuando obtuvo una medalla, se acuerden de ella cuando la pierde?
Luz Clara Vázquez nació en Villa Gesell, provincia de Buenos Aires, el 2 de septiembre de 1988 y a la edad en que otras nenas juegan con muñecas, ella ya estaba aprendiendo a pelear. A los cinco años empezó Kick Boxing, a los nueve Sipalki, a los once Tae Kwon Do (donde obtuvo el cinturón negro) y a los quince subió por primera vez al ring. Pero fue en el 2005 cuando conoció su verdadero amor: la lucha olímpica. “Ahí pasé de la clandestinidad del deporte no olímpico a la aparente gloria y laureles que promete el deporte olímpico”. le cuenta a NOTICIAS. Seis meses después, tuvo su primer choque con la realidad: quería participar del Torneo Panamericano de Cadetes (menores de 17) en Chile, pero no le pagaban el pasaje.
Entonces su familia, su entrenador y un grupo de vecinos, juntaron el dinero para que viaje, y Luz salió campeona. Así empezó su carrera olímpica, y con ella, los sacrificios: tuvo que dejar el colegio para viajar todos los días de su casa (en Lanús) al CENARD (Núñez) porque no le daban el alojamiento allí.
Pero nada de eso no la detuvo: “Mi papá me acompañaba todos los días resignando trabajo y dinero” cuenta. Y agrega: “Mi mamá, en cambio, siempre me apoyó desde casa”.
Pelear desde abajo. A pesar de los resultados internacionales, no tenía apoyo del país, entonces probó suerte en España, donde hizo carrera en Muay Thai y en Colombia, donde compitió en lucha, MMA y boxeo, con resultados extraordinarios (2-0 en MMA, 9-0 en boxeo amateur). Pero ella quería llevar la bandera argentina y en 2010 decidió volver a la patria. Y justo a tiempo, porque en 2011, con la creación del ENARD, empezó a aparecer el apoyo. “Me recibieron con los brazos abiertos y comencé a viajar mucho” asegura. Pero ese año, la desgracia la golpeó de lleno cuando su madre falleció sorpresivamente producto de un aneurisma de aorta. “Fue un golpe muy fuerte, pero yo seguí, y a la semana estaba viajando de nuevo.” recuerda. Ese año ganó la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, varios oros en torneos internacionales y el Olimpia de Plata.
Pero el verdadero problema llego dos años después: En 2013 sufrió una lesión en el hombro que debió haberla parado, pero –según cuenta– la Federación de Lucha necesitaba medallas para seguir obteniendo apoyo económico, así que en vez de tratarse, siguió compitiendo. “Yo siempre fui la que entrenaba más, la que ponía todo, la que no faltaba nunca”, explica. “Y seguí matándome porque hacían falta mis resultados”, dijo. Lesionada y todo, obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Sudamericanos de 2014 y recién entonces se tomó un respiro para ocuparse de su salud: tenía roto el labrum (parte de la articulación que une el brazo al torso), y se le salía el hombro en cada entrenamiento. El dolor era insoportable. Se sometió a una intervención quirúrgica, que le impidió competir durante un año, por lo que la Secretaría de Deportes bajó el monto de su beca. “Nadie preguntó por qué Luz Vázquez no luchaba, sólo vieron que no estaba y bajaron mi beca.”, confiesa. Y agrega: “Te vivís sacrificando por los demás, y si no traes resultados te dejan en banda.”
Doping. Tras la dolorosa recuperación vino el regreso al circuito internacional. Luz se preparó con todo y ganó un lugar en el Panamericano de Toronto. Tras tres durísimas luchas obtuvo la medalla de bronce. Todo era gloria para ella hasta que trascendió el error que la estigmatizará de por vida: la Organización Deportiva Panamericana (Odepa-PASO) le retiró la medalla por obtener un resultado no negativo en el análisis de dopaje. La sustancia encontrada, GW501516, es una droga altamente cancerígena, que incrementa la resistencia al ejercicio, por lo que fue prohibida por la agencia mundial de dopaje en 2009. Este fármaco, prácticamente desconocido, no se detecta en los análisis anti-doping de Argentina, y ni la propia atleta era demasiado consciente de sus efectos. “Muy poco sé de la sustancia en cuestión, solo caí en la recomendación de gente equivocada”, explica en su descargo oficial. Y completa: “Fue cuando atravesaba uno de los peores momentos de mi carrera y un futuro muy poco certero, fue un acto de desesperación, fue un acto de ignorancia”. Ante la pregunta de NOTICIAS, cuenta: “No me dopé porque quise, y sé que no es excusa. Está mal, pero luchamos no sólo contra atletas de otros países, luchamos contra metodología y seguimiento que nosotros no tenemos. Una estructura que en este país no existe. Somos cuatro luchadores que tenemos que mantener el status de la lucha para que el ENARD apoye a los demás chicos. Porque sin las ´figuras´ no hay viajes para ellos.”
En otros países, los atletas tienen equipos médicos que les administran las sustancias correctas y los protegen de las prohibidas. En Argentina, si bien se valora el apoyo del ENARD, apenas consiguen los medicamentos básicos para tratar las lesiones. Hoy en día, la luchadora enfrenta una sanción que puede ir de dos a cuatro años de suspensión. Adiós a Río 2016, adiós al sueño olímpico. Toda una vida de esfuerzo, desprestigiada por un error.

 

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