Política / 2 de Septiembre de 2015

La mala salud de los agentes de la ex SIDE

Pocino con problemas cardíacos y Parrilli aquejado por una apendicitis. La “dieta Mena”.

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side inteligencia servicios
PACIENTES. Fernando Pocino (izq), de “la Casa” al Otamendi. Su jefe Parrilli (der) hizo el mismo camino. La AFI los estresa.

El miércoles 26 de agosto por la tarde, Fernando Pocino, el espía que más poder ganó en los últimos meses en la ex SIDE, ingresó al Sanatorio Otamendi para controlarse el corazón. Sí, al parecer los espías también tienen corazón. Hace alrededor de dos años le colocaron un stent por un episodio cardíaco que preocupó a sus médicos. Tiene que cuidarse en las comidas, con las situaciones estresantes y una vez al año hacerse un chequeo. En un principio, la información que había trascendido era que había tenido un preinfarto, pero desde su entorno lo desmintieron. ¿Mintieron? No sería la primera vez. De todos modos, tras el chequeo se recluyó en su departamento para hacer reposo, algo llamativo si sólo se trató de un simple chequeo.
La intriga y el misterio son una constante en torno a la Secretaría de Inteligencia, hoy rebautizada AFI (Agencia Federal de Inteligencia) tras el escándalo que se desató en diciembre de 2014, cuando la Presidenta decidió descabezar el organismo y mandar a la casa a Héctor Icazuriaga, entonces secretario de Inteligencia junto a su segundo Francisco Larcher. Ese cimbronazo en el submundo de los espías permitió que Pocino fuese el que quedó mejor parado: de un día para el otro multiplicó su poder dentro de “la Casa” y además jubilaron a su peor enemigo, Antonio “Jaime” Stiuso, quien hoy pasa sus días entre Brasil y el complejo Portofino Island Resort, en una localidad al noroeste de la Florida llamada Pensacola. Allí, mientras espera que se complete el trámite de su jubilación y poder cobrar, sigue las novedades que le llegan desde la Argentina, lee los diarios y se comunica con su abogado Santiago Blanco Bermúdez, quien le pasa el parte de las causas que tiene en Comodoro Py y también algunos “radiopasillos”, los cuales son y serán la materia prima de todo agente de Inteligencia.
Otro que visitó al médico en los últimos días fue Oscar Parrilli. El director de la AFI tuvo que ser operado de urgencia por un cuadro de apendicitis también en el Sanatorio Otamendi, hasta ahora el preferido por la plana mayor del Gobierno. Además de los espías, allí se atiende la Presidenta y el domingo pasado Florencia Kirchner dio a luz a su primogénita Helena Vaca Narvaja.
Los síntomas de Parrilli comenzaron el miércoles 19 de este mes por la tarde con fuertes dolores abdominales. Al ver que no se calmaban y tras comentarlo con varios agentes de la casa, todos coincidieron en que vaya a ver a un médico. Esa decisión a tiempo evitó que la apendicitis se convirtiera en una peritonitis y causara un daño mayor en la salud del “Señor 5”. Los menos benévolos con la nueva conducción de la AFI bromean con que fue lo primero que previno la Agencia desde que se implementó la nueva doctrina de Inteligencia. Tras la operación, Parrilli pasó dos días internado y el viernes 21 regresó a su casa, donde continuó el reposo.
Nombramientos. El miércoles 27, al mismo tiempo que Pocino ingresaba al Otamendi, en el Senado, Parrilli y su segundo, Juan Martín Mena, fueron confirmados como director y subdirector de la AFI. La votación terminó con 38 votos a favor y 18 en contra y con discursos críticos de los senadores Ernesto Sanz y “Pino” Solanas. Sanz aclaró que el rechazo de su bloque a los nombramientos no tenía nada que ver con “las personas” elegidas para el cargo, sino que en su momento el radicalismo no había acompañado “el diseño institucional” de la reforma de la ley de Inteligencia. Solanas fue más duro y recordó que el Gobierno en este final de mandato pretendía cambiar un sistema del que se había servido durante más de diez años. “La dirigencia política no puede decir que ignoraba en manos de quién estaba el sistema de Inteligencia argentino y los enjuagues y las operaciones que realizaba. Esto es una vergüenza”, se indignó el ex cineasta. Al final de tanta retórica, se votó, se aprobó y se pasó a otro tema.
Ya de vuelta en sus despachos, Parrilli y Mena intentan contener las filtraciones de la causa Dark Star, el expediente que engordó en el juzgado de Sergio Torres a fuerza de escuchas telefónicas impulsadas por Stiuso para vigilar al grupo de Pocino. Allí se revelan otros detalles de la salud de los agentes. En un diálogo entre Fernando Pocino, en ese momento director de Reunión Interior, y Alejandro Motta, jefe de las delegaciones del interior, hubo un pase de factura fuerte. La relación entre ellos venía tensa desde hacía meses y una tarde, tras una discusión, Pocino le enrostró a Motta supuestos problemas con la bebida: “¿Estás tomando alcohol?”, lo chicaneó. La respuesta del agente Motta duplicó la cizaña que intentó sembrar su jefe. “¿Y vos estás tomando droga?”, preguntó. Pocino, enfurecido por la pregunta retórica de Motta, le respondió que si lo agarraba le rompía todos los dientes. Cuando los espías se enojan, pierden todos los códigos.
Al comenzar la semana, Parrilli recibió una noticia que ayudó a su salud: el fiscal Juan Pedro Zoni pidió archivar la denuncia que había hecho el diputado del GEN, Omar Duclos, por el nombramiento de los 138 espías militantes que reveló NOTICIAS. Zoni determinó que no había delito en el proceso de selección más allá de cuestiones éticas. Esta semana también se conoció que la AFI hizo pública, a través de la Universidad Nacional del Centro, la convocatoria para seleccionar espías. Aprendieron a manejarse con mayor transparencia. Felicitaciones.

 

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