Personajes / 3 de Octubre de 2015

Ricardo Celma: “Me desagrada el mercado del arte”

Pinta cuadros realistas y restituyó una obra perdida de Quinquela Martín. La desilusión de arteaBA, perfeccionismo y elites.

Hace unos meses, Ricardo Celma tuvo exposición por los motivos menos pensados. No fue alguna de sus muestras en la galería Zurbarán ni tampoco por una venta especial de sus cuadros de estilo realista. Se trató de un caso policial que involucró a Interpol y a la figura de Benito Quinquela Martín. “Para mis clases de pintura, estaba buscando una máscara mortuoria de Beethoven. Y en esa búsqueda me crucé, en Mercado Libre, con la de Quinquela. Me extrañó, porque no sabía que existía, así que llamé al museo Benito Quinquela Martín y les consulté si era de ellos. No sabían de su existencia”, relata. En pos de sacarse la duda, Celma la compró por unos meros $800 a un relojero que no sabía bien su proveniencia ni si era real. Pero en cuanto Ricardo la vio, supo que sí. “Era increíble, tenía marcados los pelos, los poros, todo detalle”. Con esa constatación, volvió a comunicarse con el museo, indicándoles que no quería lucrar con la obra sino que la vieran. Y luego de un tiempo de no tener respuesta, se encontró con una fatídica placa roja de Crónica TV que anunciaba que aquella era “la pieza más buscada por Interpol Argentina”, y que tenía pedido de captura internacional. “¡Y yo la tenía en mi mesa de luz!”, se sorprende aún hoy. Lo que siguió fue digno de una película: cuando llamó a Interpol le pidieron que se acercara con la pieza y “se entregara”.
Noticias: ¿Quedó detenido?
Ricardo Celma: No, me trataron súper bien. Llevé la pieza y estuve varias horas hablando con ellos. Al tiempo me fui enterando de ciertas cosas, como que la máscara no estaba en el inventario del museo pero pareciera que sí era parte. Supuestamente siempre estuvo en una caja cerrada en un armario.
Noticias:¿O sea que pudo haber sido un robo interno en el museo?
Celma: Es muy probable. También pueden haberla tirado por error, al no saber qué tenía la caja. También me enteré que la obra estaba trabada judicialmente y era probable que me la devolvieran, porque yo podía probar que la había comprado y el museo no. En el medio de todo este proceso hubo un cambio de personal en el museo, y asumió como director Victor Fernández, un pintor al que yo conocía y que me había llamado por su cuenta para saber cómo estaba cuando sucedió esto. Por eso cuando supe que había asumido, le dije que quería donar la pieza al museo, y nos presentamos en el juzgado y lo planteamos. Y hace unos días la máscara fue puesta en la habitación de Quinquela, debajo del retrato de sus padres. A partir de todo lo sucedido, además, el museo cambió el directorio y se organizó presupuesto para hacer bien un inventario. Si uno cree en el pensamiento místico, podría decir que Quinquela me usó para corregir ciertas cuestiones de su casa.
Por fuera de toda esta polémica con final feliz, sin embargo, hace varios años que Ricardo se une con su arte y homenajea a maestros como Quinquela Martín, Quirós y Sívori. Admirador del Barroco, el suyo no es el arte más contemporáneo o de moda, pero es un estilo que ha encontrado sus seguidores fieles, y que lo halla por estos días exponiendo por cuarta vez en la galería Zurbarán (hasta el 1 de octubre). Con temas ligados a la religión, las leyendas y el erotismo, “Mitología argentina” se explaya en cuadros sumamente realistas, pero siempre con algo extraordinario sobrevolando. “No quiero ser un historiador ni un híperrealista. Me interesa la cuestión mágica del relato, por eso mis personajes siempre están como en un clima atemporal, un poco poético”, describe.
Noticias:¿A qué tipo de público atrae este arte?
Celma: Estoy bastante afuera de lo que es el círculo del arte contemporáneo, pero le atrae a la gente a la que suelo cruzarme en la calle. Cuando estaba estudiando, un profesor me preguntó para quién pintaba. Contesté que para mí, y me dijo que estaba seguro que querría que alguien me felicite por lo que había hecho. En ese momento no le di mucha importancia, pero años después me di cuenta, y pensé que quería llegar a mis abuelos, a mi padre, personas que no tenían formación artística y sin embargo se conmovían con una pintura.
Noticias:¿Elegir un público no deja a otro afuera?
Celma: Sí. Por caso, a mí me empezaron a rechazar de arteBA, aunque me había ido muy bien. Desde 2002 en adelante nunca más pude entrar ni ahí ni a otros lugares. En algún momento me dolió un poco más, pero después te das cuenta de que lo importante es llegar al que querías. Porque me parece que hay una cuestión de emisión-recepción que es real donde yo lo hago, y si tuviera que adaptarme a otro espacio, no lo sería.
Noticias: ¿Cuándo encontró este estilo realista?
Celma: Empecé muy chiquito, a los cinco años. Al lado de casa vivía Antonio Berni. Y a mi papá le encantaba el arte, así que cuando Berni ponía cuadros a secarse, nos hacía salir a los siete hermanos y saludar al maestro. Pareciera que fue muy fuerte, porque empecé a dibujar todo el día. Así que me mandaron a un taller, y a los seis años conocí a José Alberto Marchi, un hiperrealista muy técnico que me vio condiciones y me empezó a ayudar. Conocí todos los estilos, porque hice 20 años de talleres, pero siempre volví a la necesidad de contar una historia.
Noticias: ¿En qué momento decidió que era lo suficientemente bueno como para vivir de eso?
Celma: Nunca me planteé que pudiera pasar otra cosa, y ahora me parece una inconsciencia. Pero empecé muy chico a dar clases, para poder comprarme materiales. Y a los 19, vino un galerista de Cuba y me preguntó si quería pintar para él. Eran cuadros que ni firmaba, decorativos, pero con eso podía pagar los estudios en Bellas Artes y no trabajar de otra cosa. Lo hice hasta que terminé de estudiar, cuando me fui a Europa, a tocarle el timbre a pintores y museos. Ahí lo conocí a Antonio López García, para mí el mejor pintor del mundo, que me habló de la sacralidad del arte. Me dijo que iba a tener mil presiones en la vida, pero que el bastidor en blanco tenía que ser como rezar, el único lugar donde iba a ser 100% libre, así que no lo tenía que tomar solo como un trabajo. Y volví y me enfoqué de esa forma. Lo que hice le gustó a una galerista y me llevó a arteBA. Siempre con este estilo, que antes no me animaba a mostrar tanto, porque además es un formato que no está de moda y recibe muchas críticas. Aunque seguí dando clases, porque nunca le quise poner a la obra el karma de tener que mantenerme.
Noticias:Y cuando efectivamente vende, ¿cómo se lleva con el proceso?
Celma: No me cuesta desprenderme de la obra, pero no me gusta hablar de dinero ni ponerle precio a lo que hago. Prefiero que una galería se encargue, porque me pone mal. Pero que una obra se vaya no me molesta, y me pasa que cuando la vuelvo a ver, la veo mejor de lo que esperaba, porque suelo recordar los errores de lo que pinté…
Noticias: ¿Le gustaría volver a arteBA?
Celma: Así como está, no. Tiene una tendencia muy marcada y se convirtió, como las vanguardias en general, en esa academia represora a la que querían destruir. Cuando se hablaba de liberación, de salir de los museos y las galerías, era una cosa hermosa y me encantaba. Pero cuando si no sos como quieren no vas a exponer en tal lugar ni ganar un premio o ni siquiera mostrar tu obra pagando un espacio, no me interesa. Ojalá hubiese un espacio plural. Siempre soñé con una feria en la que cada casa de la cultura de cada provincia le cediera espacio a sus artistas y entonces el tipo que está creando con toda dificultad en Chaco pudiera mostrar su obra al lado del que le va bien en una galería acá. ¿Por qué siempre tiene que haber alguien que te diga qué es bueno?
Noticias: ¿Le desagrada el mercado del arte?
Celma: Sí, porque me parece que tiene mucho más que ver con el mercado que con el arte. Una empresa tiene una cotización por ciertos parámetros sobre lo que hace y produce. Un cuadro vale lo que vos quieras que valga. Entonces para el inversor es muy lindo el mercado del arte porque no tiene parámetros, y puede crear dinero de la nada. Y esa para mí es la parte fea, porque hay cuadros que cotizan y a nadie le interesa sacar ese cuadro de la caja. Van a pasar 200 años y tal vez nadie lo saque y lo vea. ¡Y tal vez no haya nada en esa caja! Somos artistas, deberíamos sensibilizarnos más.

 

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