Restaurante / 6 de enero de 2016

El surreal encanto de una pulpería

Pulpería Quilapán. Defensa 1344. 4307-6288. Cocina criolla. Martes a domingo, de 8 a 2. Principales tarjetas. Menú obrero (mediodía): $ 85. Menú ejecutivo: $ 150.

Por

Allá en San Telmo al fondo, cuando Defensa se encuentra con Garay, hay una pulpería de la que se oye hablar mucho. El boliche es de Grégoire Fabre, un francés joven, verborrágico y evasivo a las preguntas clásicas de un reportaje, pero una fuente de sabiduría a la hora de, por ejemplo, describir las múltiples etimologías de la palabra pulpería. La más simpática es que el pulpero, como el pulpo, debía tener varios brazos para vender, servir y atender a los clientes. Estos almacenes-bares extinguidos fascinaron a Grégoire quien, con mirada fresca y curiosidad de extranjero, creó Quilapán: más que una pulpería, una fábula viviente donde todo puede pasar.
Cualquier definición de Quilapán se queda corta. Se puede comer y beber, por supuesto. Grégoire y su novia suiza recorrieron el país durante tres años en busca de los 650 productos que venden online y en el almacén, pero que también ofrecen a los parroquianos. La propuesta va de lo popular a lo elitista sin escalas. Hay desde vinos de la casa servidos en pingüino, vinos de bodegas selectas y joyas, como los vinos de 1960 –supuestamente en perfecto estado– guardados en una bodega que pertenecía a Juan Duarte, el hermano de Evita.
La carta de comidas tiene espíritu criollo pero con un énfasis en el producto que lo acerca a lo sibarita. Hay escabeches varios –de ciervo y jabalí, de La Pampa, de vizcacha y chivo de San Luis–, provoleta de queso de cabra montesa de Mar del Plata con tomates asados, brochette de morcilla bombón y chorizo con manzana, tablas de quesos y fiambres artesanales, parrilla y lomo Quilapán –saltado con cebollas, una receta con reminiscencias de antaño– entre otros. Del gran horno de barro que conecta el patio trasero con la cocina sale, según disponibilidad del mercado, cordero, bondiola de jabalí –cocida 4 horas con sidra y anís estrellado–, liebre pampeana y demás bichos. Entre los postres, imperdible la natilla servida con una galletita Lincoln encima, para recordar la infancia. La selección de música acompaña: “La vie en rose” de Edit Piaf convive con “La marcha de la bronca” de Baglietto y algún preludio de Bach.
Quilapán ofrece una gran cantidad de actividades. Los martes abre el club de jazz El Morocco –reducto parisino famoso en los años 30–, escondido en las bambalinas de la pulpería. Los fines de semana de verano hay Pelopincho en el patio, con proyección de videoclips nacionales. Los domingos a las 15 son las visitas guiadas, donde podrá ver expuestas reliquias como el inodoro personal del presidente Urquiza, el muro más viejo de la ciudad (de 1720) y una moneda falsa con Carlos IV, encontrada en el aljibe de la casa. Nada es comprobable, pero es lindo dejarse llevar por el encanto de los mitos.

Cocina ★★★★
Servicio ★★★
Ambiente ★★★★★

 

Comentarios de “El surreal encanto de una pulpería”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *