Sociedad / 9 de Enero de 2016

Triple fuga: la comunidad al servicio de la policía

Con todo el poderío de las fuerzas de seguridad federales y provinciales, las autoridades no habrían dado con Lanatta si no hubiera sido por la colaboración de los vecinos.

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Juan Carlos, ganadero local de 66 años, prestó los caballos que fueron determinantes para capturar a los prófugos.

Un hombre que prestó tres caballos para que la policía pudiera avanzar por los campos, un ingeniero agrónomo a quien tuvieron de rehen en pleno microcentro de la ciudad de Santa Fe y lo dejaron maniatado luego de robarle la camioneta, un sujeto que les convidó agua en el camino, y un hombre a quien amenazaron de muerte, le vaciaron la heladera y le robaron el vehículo.

El rol de la sociedad civil en la increíble historia de la fuga de los hermanos Martín y Cristian Lanatta, y de Víctor Schillaci fue vital para que comience el desenlace que derivó en la captura de Martín. Mientras las fuerzas de seguridad federales y provinciales continúan en la búsqueda de los dos prófugos restantes, quedó explícito el papel jugado por ciudadanos comunes que, a pesar del miedo, llevaron a cabo acciones para colaborar con las autoridades.

Como si se tratara de una inversión en lo que se espera de cada parte, esta vez fue la comunidad la que se puso al servicio de la Policía. Si cada uno de los que se cruzaron con los Lanatta-Schillaci no hubieran hecho la denuncia, las fuerzas de seguridad difícilmente habrían podido achicar el cerco, ni mucho menos recapturar a uno de ellos.

Gendarmes y policías llegaron con patrulleros, helicópteros, camionetas de última generación y los mejores equipamientos. Sin embargo, en medio del campo, la realidad demostró que, a veces, es conveniente volver a las raíces: Juan Carlos, un ganadero de 66 años de Cayastá, Santa Fe, le prestó a la policía tres caballos, ya que la zona de arrozales se encuentra afectada por inundaciones.

“Pidieron colaboración, y esto es algo que hay que hacer entre todos”, contó Juan Carlos en declaraciones televisivas, para luego asegurar que “es una zona difícil”.

Igual de importante, aunque mucho menos grata, fue la denuncia de José Valdés, un ingeniero agrónomo de 31 años, a quien los prófugos secuestraron el jueves, cuando eran buscados en San Carlos, y se lo llevaron de rehen a su propio departamento en pleno centro de la capital provincial. De allí  se llevaron una camioneta Volkskwagen Amarok blanca. Valdés fue hallado por sus vecinos, maniatado y tirado en el balcón, luego de que éste los alertara mediante gritos.

Luego de volcar la camioneta, los prófugos a la propiedad de Héctor Ferreyra en Campo del Medio. Según contó Ferreyra, los prófugos ingresaron armados en su casa a primeras horas de la madrugada. “Salí para tirarles con una escopeta, pero vi que eran más”, contó la víctima a los medios, y sostuvo que cambió de actitud luego de que uno de los delincuentes dijera “si le tirás a uno, te matan los otros”.

Ferreyra no la pasó bien: le sacaron el celular, le robaron la camioneta, le vaciaron la heladera, lo quisieron llevar de rehen para que los guíe por los camino, amenazaron con matarlo para que no hable y, finalmente, lo dejaron maniatado junto con una mujer que se encontraba dentro de la finca.

La víctima logró desatarse y dar aviso a la policía.  Luego, en declaraciones a la prensa, contó que no lo mataron “gracias a Martín Lanatta”, quien se opuso a la voluntad de sus compañeros de quitarle la vida.  Su negativa a acompañar a los prófugos como guía terminó siendo vital para el final de la fuga de Martín Lanatta: al no conocer el camino, la camioneta robada quedó empantanada en una ruta afectada por las inundaciones. Como dato anecdótico quedará que a Ferreyra, sus vecinos lo apodan Bairoletto, como el famoso bandido rural de principios del siglo XX, el “Robin Hood argentino”.

Finalmente, la última noticia que tuvieron las autoridades antes sobre Martín Lanatta antes de apresarlo, fue gracias a un hombre que reside en una casilla en Cayastá. Lanatta se acercó en soledad para pedir “agua para tomar unas pastillas”. Golpeado, con un tajo en el ojo y sediento, Lanatta fue reconocido inmediatamente. Lejos de alterarse, el hombre decidió actuar “con normalidad” y, mientras sacaba a su esposa por una ventana del fondo de la vivienda, le brindó agua a Lanatta. Luego de que se retirara, el hombre dio aviso a la Policía. Horas después, la Policía ponía punto final a los 13 días de evasión de Martín Lanatta.

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