Empresas / 9 de febrero de 2016

LATAM FARMS

Invertir en Paraguay

Desarrolladores argentinos compran monte y lo venden preparado para la explotación ganadera.

Por

No quedan demasiadas tierras improductivas en el mundo. Con el crecimiento de la población, cada vez se requieren más alimentos, y el valor de la tierra vuelve a subir. En ese contexto, los ojos de inversores de todo el mundo se vuelven hacia América latina, que -a diferencia de África- es por ahora un territorio pacífico. A medida que el desarrollo avanza, nuevas regiones se incorporan a la producción. En los últimos años, los ojos de las grandes compañías agrícolas del mundo se fijaron en el Chaco paraguayo, una región de unos 200.000 kilómetros cuadrados que representa el 61% del territorio del país y aloja a solo el 2% de la población.

Paraguay es hoy una de las economías con mayor crecimiento en la región, a un ritmo del 4,3% anual desde 2003, inflación de menos del 4%, superávit comercial y políticas fiscales estables. Y, quizás lo más importante, la tasa impositiva más baja de América latina, del 10%, que combinada con pocas restricciones a las exportaciones y el egreso de capitales, atraen inversiones de todo el mundo. Un ejemplo son las más de 40 empresas brasileñas que instalaron filiales del otro lado de la frontera. Lo hacen estimuladas por la Ley de Maquila, creada hace más de 15 años, que prevé la exención de impuestos para las empresas extranjeras que importen maquinaria y materias primas, siempre que el producto final se exporte; también por el bajo costo de la mano de obra y de la energía eléctrica.

Pero el sector que más inversiones atrae es el agroindustrial, especialmente porque la ley de tierras paraguaya, a diferencia de la argentina, casi no restringe la compra a extranjeros. Se calcula que más del 30% de las tierras productivas paraguayas están en manos de extranjeros. La producción de soja y cereales ocupa las tierras más fértiles, en la mitad oriental del país; Paraguay es hoy el cuarto productor mundial de soja. También es el octavo productor mundial de carne, superando a Argentina; la explotación ganadera aprovecha el vasto sector occidental, más árido, casi sin población ni infraestructura. Esa es hoy literalmente tierra de oportunidades para los desarrolladores. Además, con la baja del precio de los granos, la ganadería se ve como un refugio más seguro para la inversión.

De oferta. En el norte, ya cerca de la triple frontera amazónica con Bolivia y Brasil, la hectárea de tierra virgen se vende por valores que rondan los 250 a 300 dólares, un precio muy atractivo para inversores de todo el mundo. El precio se debe a que son terrenos sin ninguna preparación para la explotación, y muy difíciles de acceder: en todo el Chaco hay una sola ruta, y es de tierra. Hay muy poca red eléctrica, y ni hablar de señal de celular; el aeropuerto más cercano está en Asunción. El negocio es invertir en las tierras, agregarles valor para volverlas productivas, y venderlas luego a valores de mercado. Esto es lo que hace LatamFarms, una desarrolladora agropecuaria argentina liderada por Fernando García Koch y Juan Manuel Sánchez Córdova, con experiencia en finanzas y negocios agrícolas desde la banca privada. Como los desarrolladores inmobiliarios, detectan las oportunidades y buscan a los inversores necesarios para concretar el proyecto, que promete duplicar la inversión al momento de la venta de las tierras, en un lapso de cuatro o cinco años.

“Primero encontramos los terrenos; es clave hallar una buena fuente de agua, porque es la principal limitante para la hacienda. Después hacemos un buen estudio de títulos, con el mejor estudio de abogados de Paraguay”, detalla García Koch. “El año pasado nos compraron 4000 hectáreas en ese punto; las compramos por 250 dólares y las vendimos por 400. Pero ese no es nuestro negocio central: lo que hacemos es agregar valor”, explica. “Alambramos, desmontamos el 50% del área -lo permitido por ley-, abrimos picadas, construimos corrales y bebederos, sembramos pasturas. Finalmente compramos hacienda y la ponemos a producir, para mostrar que el campo funciona y de paso ir generando un retorno operativo. Todo eso requiere una inversión de unos 500 dólares por hectárea. Después de tres o cuatro ciclos de producción ganadera, vendemos el campo funcionando por 1800 dólares la hectárea. Nuestra ganancia es el 35% de la ganancia de los inversores”.
Se puede entrar en el negocio con aportes desde 50.000 dólares. “Nuestra idea es generar inversores por 15 o 20 millones de dólares por año para trabajar unas 12 o 15 mil hectáreas, en dos o tres proyectos. Esperamos, una vez que los proyectos empiecen a madurar, facturar unos 5 millones de dólares al año”, proyecta García Koch.

LatamFarms es una compañía del grupo LatamAgro, que reúne también a Agrifund y LatamAgro, dedicadas a la siembra en campos propios y arrendados en Argentina, Paraguay y Uruguay. “Hasta noviembre, el inversor prefería ir a Paraguay o Uruguay que a Argentina” asegura el desarrollador. “Ahora estamos esperando a ver qué pasa aquí con el tema de compra de campos, sin encaje ni tipo de cambio. La tierra argentina es mejor que la paraguaya pero es más cara, y hay Ley de Tierra que regula la venta a extranjeros, eso no es menor”.

Menonitas. Estas tierras casi amazónicas sin explotar fueron tierras fiscales, y después se entregaron a colonos. Hoy son propiedad de paraguayos que viven en la capital, o incluso en Europa. Los que conocen bien el terreno son los colonos menonitas que viven en prolijos pueblos agrícolas; llegaron a la región invitados por Stroessner y fundaron allí pequeños centros urbanos, como la colonia Filadelfia. Ellos son los que se encargan de los trabajos sobre el terreno, como desmonte o alambrado. Las mismas colonias tienen instalados tambos y frigoríficos que facilitan la comercialización de la hacienda.

“Hay muchos brasileros del sur, muchos uruguayos y muchos europeos comprando tierras en el Chaco paraguayo”, cuenta García Koch. “Mucha gente que se refugia en este tipo de activos cuando hay problemas en los mercados finacieros; en este momento no hay una correlación entre la situación financiera y el precio de la tierra. Y en cuanto Paraguay se desarrolle un poco más, ponga asfalto y teléfono, los precios se van a disparar”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *