Mundo / 10 de febrero de 2016

La carrera presidencial en Estados Unidos

Arrancaron las internas para elegir candidatos. Secretos del sistema y definición con moneda al aire. Ganadores, perdedores y polémicas. Ver fotos

Por

Hillary Clinton por los demócratas venció en Iowa.

La moneda gira en el aire, cara o cruz. Cae y al instante festejan los votantes de Hillary Clinton. Resulta extraño pensar que una elección tan fortuita y rudimentaria pueda definir parte de los próximos cuatro años en una potencia mundial como Estados Unidos, pero es real. Y la fortuna no sólo ayuda a Hillary en un recinto, sino en los seis donde se tuvo que utilizar ese método, tras empatar en votos con Bernie Sanders en la primera interna del partido Demócrata.
Es 1 de febrero, y la larga carrera hacia la Casa Blanca acaba de empezar en la despoblada zona rural de Iowa, en el centro del país. Es apenas la primera parada de las elecciones internas de los republicanos y demócratas para elegir a los delegados que en la convención de cada partido, en julio, decidirán quién es el candidato que los representa en las Nacionales de noviembre. El camino es largo y desgastante. Se requiere de un gran financiamiento y también, como demostró Hillary en Iowa, de mucha suerte.
Porque tras el empate técnico y el desempate con moneda al aire que favorece a Clinton, la mujer del ex presidente consiguió dos delegados más que Sanders, quien, sin embargo, se mostró feliz por haber logrado “tablas”, cuando los sondeos le daban varios puntos menos que la favorita entre los demócratas.
Del lado republicano Ted Cruz dio la nota, al ganarle al multimillonario mediático Donald Trump, quien era favorito en las encuestas. El tercer lugar lo consiguió el senador Marco Rubio, que obtuvo un buen porcentaje de votos y se convirtió en la gran sorpresa.
Internas. Lo que se realizó en Iowa es conocido como Caucus y es el método que eligen 16 estados para realizar sus internas. El resto lleva a cabo elecciones primarias convencionales, que pueden ser abiertas o cerradas.
Los Caucus son reuniones partidarias en las que se debate y decide a qué candidato apoyarán, a través de los delegados elegidos. Los asambleístas piden la palabra y argumentan para intentar convencer a los sufragantes sobre quién votar. La elección puede hacerse en urnas, bolsas o, inclusive, a mano alzada, de acuerdo con las reglas de cada Estado. En el caso de Iowa, si el resultado es un empate, como sucedió en algunos recintos demócratas, se lanza una moneda al aire y problema resuelto.
En los Estados donde se realizan elecciones primarias convencionales, la cuestión es más parecida a lo que se ve por estos lares. Simplemente cambian los requisitos para participar: en las abiertas, el votante puede sufragar en la interna de un partido independientemente de si está afiliado o no. En las cerradas sólo quienes están registrados pueden hacerlo. En cualesquiera de los sistemas, se vota en la primaria republicana o demócrata, nunca en las dos.
De las primarias resultan elegidos los delegados de cada partido, que serán los encargados de decidir quién es el representante para la elección nacional. En el caso de los demócratas, eligen 4.491 delegados (a ellos se suman 718 superdelegados), por lo cual el candidato que obtenga 2.246 escaños será el que represente al partido.
Por el lado de los republicanos, el número es menor. Los delegados son 2.470 (con 150 superdelegados) y para lograr la nominación, el candidato necesita tener 1.236 representantes propios.
El caso de Iowa es tan extraño como decisivo. Es una zona rural y poco habitada del centro de Estados Unidos, pero los ojos del mundo se posan en ella cada cuatro años, al inicio de la carrera por la presidencia. “Tiene una población blanca y rural que está lejos de reflejar la sociedad multiétnica y urbana en la que se ha convertido Estados Unidos”, aseguran desde la BBC. De hecho, sólo el 5% de su población es latina, contra el 17% que representa esta comunidad en el resto del país.
Tampoco es importante el caudal de gente que se interesa por la elección. Para participar en los caucus hay que estar afiliado a alguno de los dos partidos y menos del 25% de la población lo está. Por lo que en cada recinto donde se juntan (salones de colegios o estadios de clubes) son apenas un par de cientos de personas las que deciden.
Pero el efecto de ganar en Iowa es el mismo que el de pegar un primer gran golpe en el boxeo. Muchos logran que ese primer resultado se replique en el resto de los Estados. Tanto que, en el Partido Demócrata, siete de los últimos diez aspirantes que ganaron en Iowa, desde 1972, resultaron elegidos candidatos a la presidencia. Por el lado del Partido Republicano, seis de los últimos diez llegaron a la elección nacional.
Desde otro punto de vista, una derrota sustancial en Iowa puede ser la consecuencia de una rápida caída de algunos candidatos. El principal motivo es que ante el rotundo fracaso, los donantes desaparecen. Y si hay algo en claro en Estados Unidos es que, además de una importante resistencia emocional y física, hay que tener un flujo constante de dinero. Especialistas estiman que una campaña presidencial en ese país puede costar hasta 1.000 millones de dólares. “El sistema de elecciones está diseñado para que los más débiles se den de baja pronto”, aseguran.
El 9 de febrero la interna se realiza en New Hampshire y luego se muda a otros Estados. El 1 de marzo se da el “Super Martes”, donde 13 estados eligen simultáneamente a sus delegados y los favoritos terminan de encaminarse.
Ganadores y perdedores. En Iowa Ted Cruz venció del lado republicano, pero no fue el único que se fue con una sonrisa del condado rural. Y Hillary Clinton obtuvo una ajustada victoria por los demócratas y eso le suma preocupación.
Cruz, senador por Texas, llegaba al primer caucus entre 5 y 6 puntos por debajo de Donald Trump, según diferentes sondeos. Pero el polémico magnate apenas obtuvo el 24,3% de los votos, tres puntos y medio por debajo de Cruz, y apenas un punto arriba del senador Marco Rubio, quien obtuvo el 23,1%.
“Terminamos segundos. Estamos muy felices con la forma en que resultó todo”, decía Trump intentando arengar a sus seguidores. Pero tras el fervor inicial, al cierre de esta edición, a través de su cuenta oficial de Twitter denunció a Ted Cruz por “haberse robado la elección”. “Por eso todas las encuestas estuvieron tan equivocadas y logró más votos de los previstos. ¡Mal!”, sentenció en la red social.
¿De qué manera habría hecho fraude? En los siguientes tuits, Trump aseguró que “en el horario estelar del caucus, Cruz emitió un comunicado en el que aseguraba que Ben Carson abandonaba la carrera”, de esa manera los electores de Carson se habrían volcado por votar al senador de Texas. Y hasta se animó a pedir que se realizara una nueva interna en Iowa, cuestión que no tiene antecedentes en la historia de Estados Unidos.
Sin respuestas a la acusación, el senador Ted Cruz declaró: “Iowa avisó que el candidato y próximo presidente de Estados Unidos no va a ser elegido por la prensa”.
Marco Rubio también se prendió a la discusión republicana. Casi descartado por los sondeos, que lo ubicaban a más de 10 puntos de Trump, la de Iowa es una redención para el senador. “Este es el momento que dijeron que nunca ocurriría –sentenció Rubio–. Pero esta noche la gente envió un mensaje claro”.
Del lado de los demócratas hubo menos polémica, a pesar del empate técnico. Los sondeos ubicaban a Clinton casi cuatro puntos por encima del socialista Bernie Sanders, pero lo superó apenas por décimas y en muchos recintos ayudada por la suerte. “Soy una progresista que logra que las cosas se hagan”, declaró esa misma noche en Iowa. Para luego agregar: “Es raro que tengamos la oportunidad de un debate real de ideas, para pensar lo que queremos que sea el futuro del país”.
Pero Sanders también festejó. El candidato a quienes los detractores de su mismo partido lo tildan de hippie y a quien Obama calificó como “el socialista que fuma marihuana”, se prendió a la carrera presidencial de la mejor manera. “Es demasiado tarde para la política y la economía tradicional”, aseguró.
Para otros, fue el momento de la despedida: ante el mal resultado Martín O´Malley suspendió su campaña tras haber obtenido sólo el 0,57% de los votos. Rand Paul se bajó de la interna republicana, de la cual ya había declinado Mick Huckabee. Y si bien no se despide, el 3% de Jeb Bush, hijo y hermano de ex presidentes, lo coloca como uno de los máximos perdedores de esta primera etapa.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *