Cultura / 20 de febrero de 2016

Éxitos y miserias de la paleontología en la Patagonia

Supervivencia y política alrededor de los fósiles. Crónica de dinosaurios en guerra.

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LA ZONA. Ingreso al Centro Paleontológico Lago Barreales.

El año de 1993 podría bautizarse como “el año de los dinosaurios”. La película de Steven Spielberg, “Jurassic Park”, encendió la imaginación de millones de chicos al recrear el tiempo en que estos gigantes eran amos y señores de la Tierra.
En la Argentina, ese mismo año, el mecánico Rubén Carolini, deambulando por el desierto que rodea a su ciudad, El Chocón, descubrió la tibia del dinosaurio carnívoro más grande del que se tuviera conocimiento en la paleontología, el Giganotosaurus carolinii.
La película abonó el terreno para que al descubrimiento tuviera el impacto que merecía. El gran público supo, así, que la Argentina era un país excepcional por la riqueza de los fósiles que conservaba su suelo. Aquí se han encontrado toda clase de dinosaurios, pero especialmente, los ejemplares de mayor tamaño de los que se tenga registro. Esos hallazgos han alimentado la fama y la gloria de la paleontología nacional.
Pero no todas son rosas y éxitos en la ruta de los dinosaurios argentinos. Un periodista, Miguel Prenz, se dedicó a contar los entretelones de los principales descubrimientos en “Gigantes. La guerra de los dinosaurios en la Patagonia”. La crónica fue publicada en “Mirada crónica” de Editorial Tusquets, una colección que dirige Leila Guerriero y que reúne a los mejores autores del género en nuestro país.
Historia de la historia. “Empecé a investigar el tema en 2008, pero en el medio se cruzaron otros trabajos. En 2013 retomé la cuestión. Mientras tanto había leído mucho material, por ejemplo, sobre la historia de la paleontología en el mundo”, dice Prenz.
Sus investigaciones se centraron en el llamado “Triángulo de los dinosaurios”, la zona en la provincia de Neuquén comprendida entre El Chocón, Plaza Huincul y Lago Barreales, donde hoy se trabaja en uno de los yacimientos fósiles más importantes del mundo.
Tanto El Chocón –donde se encontró el Giganotosaurus– como Plaza Huincul –tierra del Argentinosaurus huinculensis, el que fuera el herbívoro más grande encontrado– cruzaban la historia de sus fósiles con el destino de los pueblos, empobrecidos tras el proceso de privatizaciones de los ’90. En El Chocón, la venta de Hidronor, dejaba sin trabajo y sin futuro a toda una ciudad que había vivido de la represa, mientras esta era propiedad del Estado. Lo mismo sucedía en Plaza Huincul con la empresa YPF.
Ambas localidades encontraron en los dinosaurios una esperanza: la del turismo transformado en recurso económico capaz de devolver la prosperidad a dos pueblos en decadencia.
Esta es la otra historia que Prenz cuenta en “Gigantes”, un texto en el que las diferentes tramas se entrecruzan y superponen.
La cuestión del tamaño por ejemplo, es vital en esta historia. No sólo porque en la Argentina se han encontrado ejemplares de proporciones inéditas, sino porque las medidas son un argumento central para atraer al turismo.
La última noticia en este campo la dio la aparición en Chubut del Titanosaurio, un herbívoro que le gana en tamaño al Argentinosaurus de Plaza Huincul y cuya réplica está siendo exhibida desde enero en Nueva York.
Las guerras. Como si fuera una consecuencia de la lucha por el tamaño, el ego de los paleontólogos profesionales y amateurs también entra en juego a la hora de repartir méritos y medallas por los descubrimientos.
“Leyendo la historia de la paleontogía descubrí que siempre la disciplina tuvo este nivel de competitividad”, explica Prenz recordando a los ingleses Richard Owen y Guideon Mantell. El primero, allá por el 1850, se dedicó a difamar al segundo, envidioso porque había descubierto el Iguanodon.
Un capítulo importante de esta ciencia en la Argentina se escribe 1958. Un norteamericano, Alfred Romer, llega al Valle de la Luna a investigar el suelo y la posibilidad de encontrar allí dinosaurios. Los argentinos José Bonaparte, Osvaldo Reig y Rodolfo Casamiquela alertados por la visita, continúan en el lugar el trabajo de Romer y hacen varios descubrimientos. Por supuesto, se apresuran a escribir el “paper” y ganarle de mano al “yanqui” ante la comunidad internacional.
La historia de los dinosaurios en Neuquén está rodeada de conflictos, atribuciones falsas y competencias desleales. El mayor mérito de Miguel Prenz es entretejerlas con las grandes problemáticas nacionales y transformar al dinosaurio en un animal político.

 

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