Teatro / 1 de marzo de 2016

Jettatore: clásico nacional al aire libre

De Gregorio de Laferrère. Versión y dirección: Mariana Chaud. Con Damián Dreizik y elenco. Caminito, Av. Pedro de Mendoza 1929.

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Jettatore

El año pasado, la Fundación Proa, situada en pleno corazón del barrio de La Boca, reflotó “Teatro Caminito”, aquel legendario ciclo que durante la década del sesenta supo liderar con muchísimo éxito el director y régisseur Cecilio Madanes y por donde pasaron figuras como Aída y Jorge Luz o Antonio Gasalla, entre muchos otros. Al aire libre y con entrada gratuita, este verano repite la experiencia, en sociedad con el Ministerio de Cultura porteño, y con un clásico nacional: “Jettatore”.
Estrenada en 1904, considerada entre las obras maestras del político y dramaturgo argentino Gregorio De Laferrère (1867-1913), resulta el mejor ejemplo del vodevil rioplatense. La conocida trama del añoso hombre que cae en desgracia cuando unos muchachos le endilgan ser la causa de cualquier mal, destila un humor ácido y, al mismo tiempo, habla de la dignidad avasallada. La cartelera porteña aún recuerda la lograda puesta de Agustín Alezzo, en el Cervantes, con un elenco de lujo.
Esta versión de la directora Mariana Chaud opta por sumar al argumento original la idea de que entre el elenco se esparce la sensación que uno de los actores también atrae la mala suerte. De forma tal que la ruptura de la “cuarta pared”, con la consiguiente irrupción de lo que sucede entre bambalinas, acrecienta los enredos y alcanza una eficaz comicidad de alto voltaje. Pero el mecanismo termina por imponerse, al punto de quedar lejos de la profundidad intrínseca de las desventuras imaginadas por el autor. Porque la adaptación padece de una ingenuidad que transforma el reflejo de los límites del ascenso de clases, que pretendía denunciar Laferrère, en un folletín ingenuo, simplificado y bastante caótico. No es un hecho menor cuando la atención del espectador es asediada de forma constante por el ruido del entorno (hay una transitada calle justo al lado del escenario y la platea) y cierta molestia para la visión (las sillas son incómodas y no hay gradería).
Por suerte, en el sector masculino hay actores muy buenos. Se destacan Damián Dreizik, en una admirable caracterización del protagonista que recuerda al mítico Enrique Serrano; mientras Gadiel Sztryk, desdoblado en diferentes personajes y Nicolás Levin, demuestran que son verdaderamente versátiles y muy promisorios.

 

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